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La prensa opina

El peligroso autogolpe de Musharraf

Gran preocupación por el establecimiento del estado de excepción en Pakistán expresan los editoriales de la prensa europea, que reprocha a Occidente su respaldo al régimen de Musharraf.

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Ola de arrestos de políticos opositores en Pakistán.

El País, de Madrid: “El estado de excepción decretado en Pakistán por el presidente Pervez Musharraf y la suspensión de las garantías constitucionales liquida las expectativas de apertura en el crucial país asiático. La decisión del dictador, anticipándose a un fallo del Tribunal Supremo en contra de su elección por el Parlamento el mes pasado para un nuevo mandato presidencial, se acompaña de las medidas del manual del golpe de Estado: el Ejército en las calles, control de televisiones, radios y comunicaciones y detenciones masivas de opositores y defensores de los derechos civiles. (...) El nuevo salto en el vacío de Musharraf coloca al presidente Bush ante una nueva pesadilla exterior y de calado: un dictador, apoyado por Estados Unidos y abandonado por casi todos, que acrecienta en progresión geométrica la inestabilidad de un país descoyuntado, situado en una región crítica y dotado de armas nucleares”.

Terremoto internacional

Tages-Anzeiger, de Ginebra: “Si la potencia nuclear que es Pakistán se tambalea, el mundo se tambalea también con ella. Y, en estos momentos, Pakistán se tambalea peligrosamente, con más fuerza que en muchos años. Algunos ya describen al país como “un Estado fracasado”. No falta mucho para eso. El caos político no tiene remedio. El país se desmigaja. Extremistas islámicos tienen el control de regiones completas. (...) Terrorismo islámico en un estado nuclear tambaleante: esa combinación asusta al mundo. Y con razón. Por eso, la política pakistaní es también política mundial. (...) La mano autocrática de Musharraf sólo azuzará aún más a los fundamentalistas. Ya nadie cree en prontas elecciones. Menos que nadie el general”.

Responsabilidad occidental

The Independent, de Londres: “El golpe de Estado de Pervez Musharraf –porque eso es en realidad- puso en evidencia la debilidad de los cálculos de Occidente y el error de haberlo encajado en el papel de ayudante del sheriff estadounidense. (...) Si en el futuro se pierde a Pakistán como Estado de actitud amistosa, Musharraf es sólo parcialmente responsable. Gran parte de la culpa recae sobre Occidente, obstinado en sostener que los estados de ánimo estratégicos occidentales constituyen la única prioridad de quienes detentan el poder en Pakistán. En lugar de eso, deberíamos haber ejercido más presión para que se restableciera la democracia”.

Moral o pragmatismo

Süddeutsche Zeitung, de Múnich: „El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ya había prestado servicios a Occidente en el otoño de 2001 y, como jefe de un ejército fuerte, el general se convirtió en el dictador predilecto de Occidente. No sorprende que ahora, al dictar el estado de excepción, intente remitirse a ese papel. Él sabe que Estados Unidos habla mucho de moral y de valores, pero antes respalda a un déspota que barre con los islamistas que a un demócrata forzado a capitular ante ellos. Por eso, Musharraf justifica su nuevo golpe contra la democracia remitiéndose una vez más a los imperativos de la lucha contra el terrorismo. Sólo que hay un problema: ya nadie le puede creer”.