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Política

El mundo debe actuar

Si la comunidad internacional es capaz de mandar tropas a Somalia, debe propiciar también una salida que evite mayores catástrofes en Palestina, opina Peter Philipp.

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Ningún país del mundo puede permitirse el ser bombardeado de manera regular con cohetes sin hacer algo al respecto. Con este argumento, Israel apela a la comprensión de la comunidad internacional y utiliza los recientes ataques sobre su territorio con misiles tipo Kassam provenientes de la Franja de Gaza, reiterados tras el fin del cese al fuego que se anunció la semana pasada, para justificar una operación militar masiva contra Hamas, grupo que domina en esa zona.

Escenario de violencia

La facción, como otras activas en Gaza, cobra revancha con más cohetes dirigidos hacia el sur de Israel. De no ocurrir un milagro, se conforma así el escenario perfecto para una escalación mayor de consecuencias imprevisibles. También sirve como evidencia acaso totalmente superficial, y sin embargo definitiva, de que las promesas de Annapolis en noviembre de 2007 -conseguir un acuerdo para la paz antes de que finalizara el presente año- no fueron más que palabras vacías.

Si 2008 acaba con una guerra abierta en la región, será más por ello que por los mencionados cohetes. A falta de conceptos concretos y prudentes, Israel y Hamas se pliegan a la violencia pese a que se ha comprobado que ésta sólo genera más violencia y conduce a un auténtico círculo vicioso prácticamente imposible de romper.

Errores capitales

Israel comete el error capital de asumir que puede neutralizar a Hamas a través de medios militares. Así lo intento hace dos años y medio contra el Hizbollah libanés. Pero el resultado fue que esta milicia terminó en el gobierno de Líbano y lo mismo puede suceder en Palestina con Hamas. Ésta ganó las elecciones en 2006 y un ataque mayor puede arrojar a la población palestina a los brazos de esta organización.

El error capital de los frustrados palestinos, saqueados en todos sentidos, es el mismo de Hamas: esperar que las posiciones inflexibles traigan una solución o una resolución. El vehemente rechazo de Hamas a reconocer la existencia del Estado de Israel no puede ser fundamento para la paz. Tal fue la experiencia del jefe de la entonces Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat, tras su lucha armada de décadas.

El mundo debe actuar

Las consecuencias fueron el Acuerdo de Oslo y la autonomía palestina. Israel dejó pasar la oportunidad. Hizo naufragar el contenido del acuerdo noruego; por ejemplo, al construir un asentamiento tras otro en los territorios ocupados. Así destruyó la esperanza que los palestinos habían depositado en el documento.

Ello nada cambió con el retiro de Israel de Gaza. De territorio "ocupado", ésta pasó a ser "territorio sitiado" bajo un estricto bloqueo. Y más aún cuando Hamas se hizo del control. Como siempre, sufrieron los que no debían: no los ideólogos ni los que lanzaban los cohetes, sino la población civil, mujeres, niños, ancianos. Ellos serán de nuevo las víctimas principales, pues las bombas no harán diferencia alguna.

Peter Philipp

Peter Philipp es experto de Deutsche Welle en asuntos de política internacional.

El mundo no puede permanecer como pasivo observador. Si la comunidad internacional es capaz de movilizar tropas para combatir a terroristas y piratas, debe estar en posición de dispensar algo más que palabras en lo que respecta a Palestina. Por lo menos para evitar una catástrofe mayor, a falta de soluciones que conduzcan a la paz.

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