El miedo paraliza al analfabeta | Así es Alemania | DW | 08.09.2008
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Así es Alemania

El miedo paraliza al analfabeta

A 770 millones ascienden en el mundo las personas que no saben leer ni escribir. En Alemania son unos 4 millones. En un país industrializado, ser analfabeta es uno de los tabúes más pesados y más difíciles de romper.

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Aunque asistieron a una escuela, existen muchos analfabetos funcionales: han olvidado cómo hacerlo

El 8 de septiembre es el día internacional de la alfabetización. Según estimaciones de la UNESCO actualmente existen unos 770 millones de personas que, sobre todo en los países en desarrollo, no saben leer ni escribir. En Alemania tampoco faltan: según la comisión alemana de la UNESCO ascienden a 4 millones.

Casi cada sede de la Universidad Popular –institución estatal de instrucción y perfeccionamiento de adultos- en Alemania ofrece, entretanto, cursos en lectura y escritura. Pocos son los asistentes. Y es que un analfabeta adulto requiere de muchísimo coraje para asumir esta carencia; el miedo a ser discriminados e incomprendidos los sume en el anonimato.

Diversos puntos de partida

En la Universidad Popular de Krefeld en el curso de alfabetización se encuentran personas comunes y corrientes. Tienen familia y trabajo; sólo que saben escribir poco o nada. Tampoco saben leer.

Symbolbild Legasthenie

Entrar a un curso de alfabetización es un gran paso

La base de que la parte cada alumno varía mucho individualmente. Mientras que la una sabe leer fluidamente –pero no escribir- , el otro reconoce sólo algunas letras. Escribir frases simples puede alguno que otro; muchos logran sólo su nombre. La docente Beatrix Konnen tiene que tratar, entonces, cada caso por separado. Aparte de adquirir las destrezas en lectura y escritura, se trata de que los alumnos ganen en autoestima.

“Al principio, la gente que inicia el curso tiene muchas dudas respecto a sí mismo, su autoconfianza es escasa. Llevan sobre sus hombros demasiado tiempo ya la carga de no saber escribir; se sienten por ello muy mal y representa el mayor problema en su vida”, cuenta Konnen.

Un mercado laboral exigente

Para algunos, el problema se ha agudizado en los últimos tiempos, después de haber perdido su puesto de trabajo. A más tardar en ese momento se han percatado de que la probabilidad de conseguir otro es muy limitada.

El alfabetizando Peter narra: “Antes nunca lo necesité, pero me he quedado sin trabajo y me veo obligado a tomar el curso. Trabajé 25 años para una empresa como albañil poniendo azulejos. Ganaba buen dinero. Ahora no; ahí empieza todo el abatimiento: ¿qué hago ahora? Mi futuro se ha roto. Lo noto tan pronto tengo que rellenar los formularios de solicitud de trabajo temporal”. Por supuesto que también hay otras motivaciones. A Ursula le gusta hacer poesía; lo básico de leer y escribir se lo enseñó ella misma.

Una vergüenza a callar

A muchos analfabetas les resulta difícil reconocerlo y llamar su problema por su nombre. Ser analfabeta es motivo de burla, y en país altamente industrializado como Alemania es un tabú.

“En algunas oficinas estatales me han tratado muy mal porque no sé leer ni escribir. Hace poco, en una oficina de ésas, me dijeron que leyera en voz alta, que no podía entender mis papeles. Cuando le dije, bajito, que no sabía leer, comenzó a gritar: `¿En qué tiempos cree que vivimos?´ Me sentí tan mal que no dije nada y me fui”, se queja otra participante.

Esto no es inusual; precisamente por eso la mayoría desarrolla técnicas para esconder esta incapacidad. Se trata de sobrevivir, la estrategia es no llamar la atención. Y lo hacen tan bien, que los parientes, los amigos e incluso la pareja no se dan cuenta. “Para hacer un trámite, me he puesto vendas en la mano o me he tapado un ojo. O digo que estoy enferma o que me he olvidado las gafas en casa. A uno se le ocurren un montón de excusas”, confiesa Úrsula.

Todos los analfabetas sienten el deseo de saber leer y escribir, pero el paso que lleva a conseguirlo es muy difícil de dar. Konnen puntualiza: “El que lleguen a un curso de estos es un paso inmenso; no hay que subestimarlo. Porque tampoco saben lo que les espera. Toda asociación con escuela es negativa para ellos y el miedo los paraliza”.

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