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América Latina

“El México de hoy no es la Colombia de ayer”

En entrevista con DW, Karl-Dieter Hoffmann niega que los carteles del narcotráfico puedan responder al acuerdo de extradición entre México y EE. UU. de la misma manera en que lo hicieron en la Colombia de los noventa.

La decisión tomada por el Gobierno mexicano de entregar a criminales de alta peligrosidad a Estados Unidos –incluyendo a narcotraficantes sobresalientes como Edgar Valdez Villareal, conocido como “La Barbie”– atiza el temor a que los carteles de la droga pongan en vilo a la población de este país latinoamericano con actos de violencia aún más brutales que los habituales, con miras a obligar al Estado a suspender las extradiciones. Un escenario como ese ya se vio en Colombia hace un cuarto de siglo.

Deutsche Welle habló al respecto con el Dr. Karl-Dieter Hoffmann, profesor emérito de la Universidad Católica Eichstätt-Ingolstadt especializado en el estudio del narcotráfico en los Andes y en México, y director ejecutivo, hasta marzo de 2015, del Instituto Central de Estudios Latinoamericanos (ZILAS). La Fundación Heinrich Böll, cercana al partido Los Verdes, está por publicar un artículo en el que Hoffmann diserta sobre las implicaciones de la fuga de “El Chapo Guzmán”, líder del Cartel de Sinaloa (11.7.2015), una de las cuales es, precisamente, el golpe de timón dado por el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, en materia de extradiciones.

Deutsche Welle: ¿Cree usted que los capos del narcotráfico mexicano respondan a este nuevo pacto de extradiciones de la misma manera en que lo hicieron en Colombia, en la década de los noventa?

El capo del narcotráfico Edgar Valdez Villareal, conocido como “la Barbie”, uno de los criminales de alta peligrosidad extraditados por México a EE. UU.

El capo del narcotráfico Edgar Valdez Villareal, conocido como “la Barbie”, uno de los criminales de alta peligrosidad extraditados por México a EE. UU.

Karl-Dieter Hoffmann: Yo no lo creo. Peña Nieto lo que está haciendo es retomar una política ya practicada por su predecesor, Felipe Calderón (2006-2012), quien entregó a Estados Unidos a muchos narcotraficantes, incluyendo a figuras prominentes como Osiel Cárdenas, exjefe del cártel del Golfo. Y eso no intensificó la violencia exhibida por estos grupos criminales.

¿Acaso no se redujeron los índices de violencia asociada al narcotráfico cuando Peña Nieto asumió a la presidencia?

Es difícil decirlo. Puede que la tasa anual de homicidios –uno de los indicadores tomados en cuenta para medir el grado de violencia en el mundo– haya bajado en México desde 2012, pero eso se debe a otros factores. El Gobierno de Peña Nieto no debería presentar esa estadística como un éxito de su gestión de cara al narcotráfico. Lo que ocurrió fue que los enfrentamientos entre carteles amainaron en los puntos más candentes de la geografía mexicana. En Ciudad Juárez, por ejemplo, se registraron tantos asesinatos relacionados con el tráfico de drogas en 2010 como en el resto de México cuatro años antes; el conflicto se resolvió a favor del cartel de Sinaloa porque el de Juárez quedó notablemente debilitado y eso redujo considerablemente los combates.

¿Qué medidas puede implementar el Gobierno mexicano para prevenir que tenga lugar un repunte de la violencia asociada al narcotráfico y que la sociedad civil local termine exigiendo la interrupción de las extradiciones?

En Colombia, en la década de los noventa, se fortaleció poco a poco a los departamentos de policía y eso contribuyó a que en ese país dejaran de verse situaciones como las que se vieron en México más tarde. Debo aclarar, sin embargo, que, a pesar de todo, el México de hoy no es la Colombia de ayer. Hubo un tiempo en que había carteles muy fuertes en México, pero esas organizaciones se han fragmentado mucho y por razones muy diversas. Hoy día sólo queda el cartel de Sinaloa, liderado por ‘El Chapo Guzmán’, y el nuevo cartel de Jalisco, que solía formar parte del cartel de Sinaloa y ahora es su rival debido a sus ambiciones expansionistas.

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