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Sociedad

El escote de Merkel

“¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?” La pregunta la formula el diario alemán Die Welt, en referencia al escote con que Angela Merkel causó revuelo en Oslo. Las respuestas a la interrogante difieren.

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La canciller alemana y el primer ministro noruego, en la inauguración de la Ópera de Oslo.

La canciller Angela Merkel fue la más sorprendida por el revuelo que provocó el escote que lució en la gala con que se inauguró el domingo la Ópera de Oslo. "No era su intención que el vestido provocara ese furor", dijo en Berlín el portavoz gubernamental Thomas Steg. "Si el mundo no tiene nada más importante que hacer que hablar de un vestido de noche (...), no hay nada que hacer”, filosofó el vocero, evidentemente no muy a gusto con el tema.

Discusión en marcha

La prensa, en todo caso, se ha lanzado de cabeza al abismo de ese escote, que sin lugar a dudas resulta por lo menos adecuado para polemizar: ¿está bien que una jefa de gobierno luzca de ese modo sus encantos femeninos? ¿Puede Angela Merkel, a sus años, permitirse un vestido así? Más allá de las consideraciones estéticas, la pregunta de fondo parece ser: ¿cuánto recato exige la política?

Un poco curiosa parece la duda en la muy liberal Europa occidental del siglo XXI. Pero, por lo visto, las cosas no están tan claras en la materia y el debate se desarrolla con mayor o menor altura de miras, según sea el foro. Merkel no fue, desde luego, quien detonó la discusión, sino la bella primera dama francesa.

De Bruni a Bachelet

El elegante y recatado atuendo que lució Carla Bruni en su encuentro con la Reina Isabel II no bastó para borrar de las retinas la imagen de su desnudo juvenil, publicado profusamente por los días en que visitó Londres junto a su marido. Evidente fue el alivio en el rostro de la monarca británica cuando unos días después le tocó recibir a la mandataria chilena: Michelle Bachelet no sólo hizo gala de sobriedad, sino que se esmeró en mimetizarse con su anfitriona. Pero tampoco así logró impedir que la prensa comentara su atuendo, haciendo hincapié en que tanto la reina como la presidenta llevaban incluso un similar collar de perlas de tres vueltas.

Está visto que ni siquiera las mujeres que han llegado a la cúpula del poder político consiguen evitar que se las evalúe también por lo que llevan puesto (o no). Cristina Fernández de Kirchner tendrá que resignarse a que se comente cuánto mostraba su falda, y Merkel a que llame la atención su osadía de lucir un traje tan escotado en una gala. Pero es probable que les importe poco. Su piel, por femenina que sea, está lo suficientemente curtida.

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