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América Latina

El desgarro institucional en Venezuela

Más allá de la huelga nacional convocada por la oposición, arrecia la batalla política en Venezuela: la Asamblea Nacional ha resuelto nombrar nuevos magistrados para el Supremo, al que está enfrentada en abierta pugna.

La oposición venezolana, que se siente fortalecida tras la consulta en que una amplia mayoría de los participantes se pronunció contra la convocatoria a una Asamblea Constituyente, ya ha presentado un "acuerdo de gobernabilidad" y las líneas gruesas de un "gobierno de unión nacional". Son planes para el futuro, para una transición que se iniciaría cuando el presidente Nicolás Maduro deje el poder. Más inmediato es otro desafío: el nombramiento de magistrados para el Tribunal Supremo que se ha propuesto llevar adelante la Asamblea Nacional, desautorizada por el actual gobierno. Los jueces en cuestión reemplazarían a aquellos designados a última hora, antes de que la mayoría opositora asumiera sus escaños en el Parlamento. Desde el gobierno se ha denunciado que la oposición intenta establecer "órganos paralelos a las estructuras del Estado". Consultamos su opinión al respecto a Georg Dick, diplomático alemán que se desempeñó como embajador en Venezuela hasta 2012.

DW: ¿Se está erigiendo en efecto una institucionalidad paralela?

Georg Dick: Naturalmente, la oposición intenta utilizar los medios que le quedan, porque ocurre que el presidente Maduro no solo no respeta progresivamente los derechos democráticos del Parlamento, sino que también los combate. Una oposición confrontada con un gobierno que simplemente no toma en cuenta y niega las mayorías democráticas, tiene que encontrar vías para intentar hacer patente la voluntad de esa mayoría de la población. En este sentido, pueden surgir estructuras paralelas.

¿Surtirían algún efecto concreto?

No hay que engañarse, el poder seguirá estando por lo pronto en manos de este presidente y de la estructura estatal que lo respalda. Pero surgirá un espacio en el que se estará desafiando  el poder del gobierno. En la medida en que esto ocurra, la confrontación entre el poder del Estado y la voluntad del pueblo se volverá cada vez más fuerte y evidente. Pero el aparto de poder está en manos del gobierno. En Venezuela tenemos la situación de que las mayorías democráticas se muestran con claridad, pero la oposición solo ha podido hacer patente su voluntad y su derecho en las calles.

¿Entonces, puede el establecimiento de instituciones paralelas ser algo más que un mero acto formal?

Reduce en todo caso la legitimidad aparente y formal a la que se remiten Maduro y su gobierno. Y pondría más en evidencia la división y el peligro de una guerra civil, aunque no es esa expresión adecuada. Lo correcto sería hablar del peligro de guerra de un gobierno contra su población.  

Venezuela Caracas Parlament Asamblea Nacional (Getty Images/AFP/L. Robayo)

La Asamblea Nacional se muestra desafiante.

¿Ve alguna salida?

Creo que mientras no aumenten las fisuras dentro del aparato militar y mientras no haya miembros de las cúpulas militares que se pronuncien abiertamente por las instituciones democráticas, seguirá siendo una situación relativamente sin salida.

¿Y qué tan probable es que se manifiesten esas fisuras?

Eso sería especular. Lo determinante es que detrás de todo esto hay intereses materiales, prebendas que se han asegurado. Durante décadas, militares y ex militares han entrado en las instituciones y empresas estatales. De ahí que hay fuertes intereses materiales que se verían afectados si se produjera un vuelco democrático. Pero también en este caso la esperanza es lo último que se pierde. La esperanza es que dentro del ejército pudiera haber gente que viera la falta de perspectivas a futuro de un presidente que gobierna en forma cada vez más autoritaria y dictatorial; un presidente que, además, ya está perdiendo progresivamente incluso el apoyo de aquellos seguidores que antes mantenía de su lado mediante prestaciones y regalos, y que ni siquiera dentro de su propio partido puede contar con un respaldo unánime. Yo estuve en Venezuela durante el tiempo del presidente Chávez, una figura carismática que tenía sin duda la inteligencia de unificar el aparato del partido, y desde allí aseguraba el poder. Una capacidad que Maduro no tiene.

Lo decisivo sigue siendo si el aparato militar hará posible una transformación.

¿No resulta peligroso cifrar las esperanzas en los militares? Eso fue lo que hizo la oposición a Allende en Chile, en 1973.

Yo no cifro esperanzas en los militares. Ese es un modelo de ayer; en Latinoamérica con frecuencia se cultivaba la idea de que los militares eran una entidad supraestatal, que garantizaría el principio del orden. Yo no creo eso, y menos de los militares venezolanos. Lo que digo es solamente que, mientras  se mantenga el respaldo tan homogéneo de los militares a Maduro, será difícil para la oposición ganar terreno. Aunque ahora ya han logrado en forma óptima -y con gran valor- captar la atención internacional.

Si surge una institucionalidad paralela, ¿contará con apoyo del extranjero?

No puedo decirlo, pero creo que con el avance del proceso se vuelve cada vez más evidente que el gobierno de Maduro es un factor de inseguridad en la región. Pero, como sabemos, el derecho internacional está ligado a muchos límites. Sinceramente no puedo responder cuántos gobiernos europeos o de otros lugares lo reconocerían. La oposición cuenta con fuertes simpatías en el exterior, por lo menos en nuestras latitudes, pero la simpatía no alcanza a ser en la política un factor que provoque cambios directos; solo da aliento para seguir por determinado camino.

Autora: Emilia Rojas Sasse (VT)

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