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Alemania

Despedida de Kohl: escándalo, en lugar de luto nacional

Un icono muerto de la política alemana, una joven viuda que dispone, hijos y nietos a quienes no se les permite despedirse del padre y abuelo, un amigo autoritario y la consabida pelea por la herencia. Una tragicomedia.

¿Ensayo para el sepelio? Nadie sabe este era o no el ataúd de Kohl, sacado de su casa.

¿Ensayo para el sepelio? Nadie sabe este era o no el ataúd de Kohl, sacado de su casa.

Merkel y Kohl tuvieron una relación compleja. El antiguo canciller la llamó, alguna vez, "mi chica”. Una galáctica subestimación de la persona y las capacidades de Angela Merkel, su sucesora. Según la revista Der Spiegel, su viuda habría dicho que Kohl no quería que Merkel hablara en su funeral.

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La relación entre Merkel y el excanciller se había enfriado considerablemente después del 2002, cuando estalló el escándalo de las donaciones ilegales al Partido Cristianodemócrata (CDU). Si bien Kohl lo reconoció ante un juzgado, se rehusó a delatar a los donantes. Poco después Merkel fue elegida jefa de su partido y, luego llegó a la cancillería. Merkel criticó la conducta de Kohl y éste nunca se lo perdonó. 

La viuda Maike Kohl-Richter, administradora de su herencia

La pareja se había casado en 2008, pocos años después de la muerte de su primera esposa Hannelore, quien se suicidó por razones aún no del todo esclarecidas. La pareja excluyó a la familia Kohl de su boda, de la fueron padrinos el controvertido y millonario empresario Leo Kirch y el jefe de Bild, el mayor periódico amarillista der Europa. En vista de que Kohl no podía hablar bien desde hace años, la viuda asumió el papel de su vocera e intérprete de sus palabras e ideas, pero también el de ejecutora de sus intereses.

Pero Kohl-Richter parece haber perdido una de sus primeras batallas, tras la muerte su marido: Merkel tomará la palabra en el "sepelio de Estado”, que tendrá lugar en Estrasburgo, y en el que también hablarán el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

Kohl-Richter habría  también dispuesto que el presidente de Hungría, Víctor Orban, pronunciara un discurso en el sepelio. Justamente Orban, un político de dudosa convicción democrática y enemigo de la Unión Europea, está en absoluta contraposición al legado europeísta y unificador de Helmut Kohl. Orban no hablará.

Heridas iban, heridas venían

La singular ceremonia rendirá homenaje a su contribución por una Europa unida, la reunificación de Alemania y sus esfuerzos en pro de la integración europea y la unión monetaria.

El presidente del Bundestag, Norbert Lammert, lo recordó en el Parlamento con claras palabras: "Su fuerza integradora, así como su efecto polarizador, se hicieron legendarios”. Y concluyó que, "el camino de Kohl estuvo plagado de heridas que él sufrió, pero que también él le infligió a los demás".

Maximiliane Koschyk, Sertan Sanderson (jov/ers)

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