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Cumbre Iberoamericana

Cumbre por la paz

La XXV cumbre iberoamericana escenificó el espaldarazo diplomático a los esfuerzos del Gobierno de Santos por poner fin al conflicto interno colombiano.

"Hoy lo reafirmo en este escenario inmejorable, ante los pueblos amigos de Iberoamérica: ¡la paz de Colombia será una realidad!". Esta fue una de las frases del discurso inaugural del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en la XXV Cumbre Iberoamericana. Tal vez la que ponía mejor de relieve cuál era el principal objetivo de Bogotá en la reunión de Cartagena de Indias: recibir el apoyo unánime de la comunidad iberoamericana a los intentos de poner fin a través del diálogo al conflicto interno que arrastra Colombia desde hace más de medio siglo.

Y Bogotá consiguió a la perfección esa escenificación: todas las delegaciones sin excepción felicitaron a Santos tanto por sus esfuerzos por firmar la paz como por su reciente Premio Nobel. Todo un espaldarazo diplomático al proceso de paz en Colombia que, en estos momentos, atraviesa un momento delicado tras la victoria del ‘no' en el plebiscito del pasado 2 de octubre.

El comunicado especial sobre los diálogos de paz en Colombia expresa "su respaldo al Acuerdo de Paz ya logrado entre el Gobierno de Colombia y las FARC – EP y a los diálogos emprendidos después del 2 de octubre por el Presidente Santos con los representantes que promovieron la votación por el SI y por el NO en el plebiscito”. Un mensaje también para la derecha colombiana y el uribismo que promovieron el rechazo al acuerdo de paz. Santos pone así encima de la mesa de conversaciones con la oposición la carta diplomática, que además también alienta las conversaciones con la segunda guerrilla del país, el ELN.

Desplante de Maduro

Sin estar en la agenda oficial, la crisis política y económica de Venezuela estaba condenada a ser el otro gran tema. La cumbre venía precedida por un mar de fondo generado por la incapacidad de chavismo y oposición para avanzar hacia un consenso que saque al país caribeño de la parálisis. Ello obligó al presidente venezolano, Nicolás Maduro, a confirmar su participación en la cumbre, en un principio no prevista. Pero Maduro canceló en el último minuto su presencia en Cartagena en un grotesco vaivén diplomático.

"El Gobierno del Perú, sin pretender interferir en asuntos internos de un país hermano, considera que en Venezuela se ha generado una alteración del orden democrático y constitucional que vulnera los principios de la Carta Democrática Interamericana". Así rezaba un comunicado emitido tras la cumbre por la delegación de Perú, cuyo presidente, el liberal-conservador Pedro Pablo Kuczynski, se convirtió en el portavoz de los que insistían en abordar la crisis venezolana en Cartagena. Sin éxito: la comunidad iberoamericana no emitió finalmente ningún comunicado al respecto. La mayoría de delegaciones prefirieron esquivar la cuestión venezolana, tal vez para no enturbiar la unidad sin fisuras en favor del proceso de paz colombiano.

Foto de grupo en la cumbre.

Santos (der.) recibió un gran espaldarazo diplomático,.

Grandes palabras

La XXV Cumbre Iberoamericana fue fiel al carácter tradicional de este tipo de citas: ofreció discursos y documentos cargados de grandes palabras que se recrean más en la forma que en el fondo. Las 22 delegaciones suscribieron una declaración final, 14 comunicados y el llamado Pacto de Juventud, que debería mejorar las perspectivas de los 160 millones de jóvenes que viven en la región: la inclusión de la juventud en el debate político y el fomento del emprendimiento juvenil son algunas de las más de 20 etéreas medidas que incluye el pacto, en el que la creación de un programa iberoamericano de voluntariado juvenil es la única política concreta.

A pesar de que tanto actores de la sociedad civil como organizaciones juveniles destacaron el proceso inclusivo de la elaboración del Pacto de Juventud, no es menos cierto que los precedentes no son alentadores: las grandes promesas con las que cerraron las cumbres iberoamericanas anteriores han solido quedarse sólo en grandes palabras.

Andreu Jerez, Cartagena de Indias

 

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