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Así es Alemania

Cuando uno de los padres rapta a sus propios hijos

Cuando del amor se pasa al odio y éste es acompañado de venganza, hay padres o madres que deciden utilizar a sus hijos como instrumento o arma contra su (ex) pareja. En Alemania aumentan los casos de rapto intrafamiliar.

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Una niñez en armonia: un valor no apreciado por padres raptores.

Si fuera cierto que las parejas vivieran juntas hasta que la muerte las separe, no existirían tribunales especializados en fallar sobre divorcios. O, lo que es peor, no existirían organizaciones que tienen que ocuparse del rapto de los hijos menores de edad por parte del padre o de la madre, cuando la convivencia se hace imposible.

El término utilizado por las oficinas oficiales alemanas para el rapto o secuestro de un hijo por parte de uno de los padres, con el fin de quitarle el privilegio a su (ex) pareja de tenerlo, es más que leve, a pesar de ser un delito. En las oficinas alemanas de protección del menor se habla de “sustracción”.

Sea como sea, se trata de una pesadilla para ambas familias; tanto para la del raptado como para la del raptor. Pero hay otro aspecto que hace de este hecho uno especialmente difícil y penoso. Y es que la mayoría de los casos de rapto de menores sucede en parejas binacionales. Según la ONG Committee for Missing Children, con sede en Bruselas, unos 1.500 niños son raptados cada año en Alemania, por lo general, por parte del padre extranjero que huye de país con el o la menor.

Escondida en un asilo para niños abandonados

Este fue el caso de Christiane Hirts, cuyo ex marido raptó a su hija de apenas tres años de edad y la mantuvo oculta durante varios años en un asilo infantil en Estados Unidos, como lo narra esta ciudadana alemana a la revista Spiegel.

Missing Children Europe reúne a 21 ONGs que luchan contra la explotación sexual y la desaparición de niños en 15 países de la Unión Europea. Todas estas organizaciones trabajan en la prevención y el apoyo a los padres afectados.

¿Sustracción o secuestro?

Sólo pocos casos de “sustracción” trascienden a luz pública, como el de un médico berlinés que busca desesperadamente a su hija desde hace tres años. Un vía crucis que lo ha llevado a Hungría, España y Guatemala en busca de su pequeña, raptada por su ex esposa.

La búsqueda de un hijo raptado se complica aún más cuando el país a donde ha sido llevado el menor no pertenece al grupo de signatarios del Convenio de Naciones Unidas sobre Derechos de Manutención, cuyo número actual es de 77 países. Basado en los términos del Derecho Internacional, dicho convenio garantiza que el país a donde ha sido llevado un menor contra su voluntad y la de la mamá o papá, el niño o la niña sea entregado a la pareja que lo reclama en su país natal.

También los extranjeros se divorcian

En Alemania, el ente encargado de hacer cumplir este acuerdo es la Agencia Federal para la Justicia, con sede en Bonn. Según esta oficina, el aumento de los raptos de menores al exterior está directamente relacionado con que en Alemania aumentan los matrimonios o la convivencia de parejas de diferentes países. Y como en el caso de las parejas alemanas, también aquellas con una parte extranjera se divorcian. Mientras en 1991 se divorciaron 10.000 parejas binacionales, en 2007 esa cifra subió a las 26.000.

La señora Hirts, quien recuperó a su hija raptada por su ex esposo, un militar estadounidense que trabajaba en una base en Alemania, decidió ayudar a otros afectados. Para ello fundó la dependencia europea del Comité para Niños Desaparecidos” que actualmente asiste a 250 familias binacionales cuyos pleitos por la potestad de sus hijos degeneraron en un rapto de uno o varios menores de edad.

Una “verde” alemana consciente del problema

De acuerdo a la experiencia de Hirts, los niños son igualmente raptados por sus madres y sus padres. “Sólo en el caso de un padre musulmán, el raptor es casi siempre el papá”. Esto sucede en el 40 por ciento de todos los raptos de menores en Alemania por diferencias entre parejas, agrega Hirts en Spiegel.

No en vano, la parlamentaria alemana Marieluise Beck, de Los Verdes, lucha porque el problema de los raptos entre familiares sea un tema prioritario para el ministerio federal de Relaciones Exteriores. Beck, la diputada más antigua del partido ecológico alemán, aboga, sobre todo, por construir “Puentes de Esperanza”, que es como justamente se llama la organización humanitaria que ella preside.

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