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Europa

Cuando debilidad significa fortaleza

El pueblo griego dijo “No” al programa de rescate de la Unión Europea. A primera vista, una bofetada para Merkel. Pero únicamente a primera vista, opina Richard Fuchs.

Tras el “No” de los griegos al programa de rescate, parece que Angela Merkel está ahora encima de un montón de escombros. Durante meses, la canciller alemana se comprometió a evitar la bancarrota de Grecia, tratando de combinar ayuda financiera y reformas en Atenas. “Ayuda a cambio de reformas”, era el eslogan que la canciller defendía ante los 18 jefes de gobierno del euro, con la excepción de Grecia, país donde la política de rescate de Europa se consideraba vergonzosa.

Largo, pero exitoso

¿Trataba de aplazar la quiebra el planteamiento de Merkel? ¿Era la continua búsqueda de nuevos acuerdos un signo de su debilidad política? Todo lo contrario. Esa búsqueda constante de un compromiso a nivel europeo es la debilidad que ha hecho posible la integración europea durante 60 años. No podemos olvidar que la UE es un producto de continuas crisis, bancarrotas y escándalos. Pero tampoco se puede ignorar que la crisis de deuda griega ha superado todo lo que hasta ahora se conocía en la UE en cuanto a diplomacia de crisis.

Ricard Fuchs.

Ricard Fuchs.

Aun así, la crisis griega no cambia el principió básico de que Europa tiene que actuar en común para tener éxito. “Donde hay voluntad, hay un camino”, dijo Merkel antes del referéndum. Además, hay que recordar que esas negociaciones interminables para llegar a un objetivo son, precisamente, el pegamento que mantiene unido al edificio europeo. También cuando, como ahora, se trata de mucho dinero.

¿Se terminó ahora el tubo de pegamento en el caso de Grecia? Para muchos, ha llegado la hora cero en la crisis europea. Es decir, la hora en que Merkel tendrá que demostrar si rigen las reglas europeas o no. Pero eso sería una visión muy superficial de la historia y aunque los gobiernos griegos hayan cometido violaciones espectaculares contra el derecho europeo, no son los únicos que atentan contra las reglas comunitarias. Europa requiere reglas y una moneda común necesita normas aún mejores. Pero además de esas reglas, también es necesario volver al espíritu europeo para entenderse aunque parezca imposible hacerlo.

Paciencia infinita

Entonces, ¿negociaciones a cualquier precio? No se trata de apelar a políticas irresponsables, pero sí de hacer una llamada de atención a todos los que aspiran a encontrar soluciones rápidas para la ciénaga griega. La ruta para salir de este callejón sin salida requerirá mucho esfuerzo, con pasos pequeños al estilo Merkel. Tanto la preocupación mutua como la indulgencia son partes inherentes de esta Europa, al igual que el respeto a los principios y a una comunidad de derecho.

Puede que no sea popular ni políticamente atractivo cuando, financieramente hablando, se juega el todo por el todo. Sin embargo, sí es parte de la realidad del proyecto europeo, que siempre supo salir exitoso a pesar de haberse apartado de su curso. Europa y Grecia se necesitan y se deberían mantener las negociaciones. Pero antes de retomarlas, ambos deberían tener el valor de reconocer los fallos del pasado. Se requiere valor a la hora de mostrar las propias debilidades, pero sería la única posibilidad para que, tras varios meses de negociaciones infructuosas, el pegamento que une el proyecto europeo vuelva a hacer efecto: la voluntad de compromiso.

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