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América Latina

Comentario: Victoria con imperfecciones

El presidente Evo Morales ha sido reelegido con casi el 60 por ciento de los votos. Su partido es mayoría con dos tercios en el Parlamento. Una victoria aplastante pero no inmaculada, opina Uta Thofern.

Bolivia ha elegido por cinco años más a Evo Morales, y con esto, los electores, han votado por la continuidad, la estabilidad y por el continuo progreso del país. El balance del mandato de Morales se ve reflejado en los resultados de la contienda; el desenlace es impresionante. Hace nueve años, al posicionarse como presidente por primera vez, hubo mucho escepticismo frente a su desempeño en la jefatura de Estado, no obstante, los resultados han sido distintos: Bolivia recibe buenas calificaciones del FMI, la economía crece, la pobreza disminuye y, tal vez lo más importante, el Gobierno invierte exitosamente en educación.

Política económica sostenible

Morales ha logrado, después de siglos de opresión por parte de la clase alta blanca, devolver el orgullo, la autoconfianza y el amor propio a la mayoría indígena en Bolivia. Los resultados los ha logrado, en parte, por el alto precio de las materias primas; principalmente haciendo uso de los recursos minerales, nacionalizando empresas e invirtiendo las ganancias en programas sociales. A diferencia del gobierno populista venezolano, Morales tiene en cuenta la sostenibilidad: su meta es lograr que Bolivia deje de ser un simple país de exportación, para convertirse en un Estado que pueda administrar sus propios recursos. A su vez, a pesar de todos los lemas socialistas, el presidente trabaja exitosamente en conjunto con la mayoría del empresariado.

Uta Thofern dirige la redacción de DW para América Latina.

Uta Thofern dirige la redacción de DW para América Latina.

Todo lo ha hecho correctamente, siguiendo el texto de desarrollo sostenible al pie de la letra. Entonces, ¿en qué se basan las críticas preelectorales, tanto locales como internacionales?

Trato ambiguo con la oposición

¿Fue acaso la controvertida candidatura, que no está prevista en la Constitución, y que sin embargo, fue avalada por el Tribunal Supremo, casi como si el primer mandato de Morales hubiera tenido lugar en "otro país"? ¿O la preocupación de que el partido en el gobierno abra las puertas a una reelección más, pese a que niega tales intenciones?

¿Son ciertas las denuncias de la oposición, en cuanto a restricciones a la libertad de prensa y perjuicios durante la campaña electoral, o se trata solamente del rechazo del presidente a debatir públicamente con los otros aspirantes, alegando que él no quería hablar con capitalistas?

Es más bien una mezcla de todo. La retórica populista que va a la par de la arrogancia de un poder supuestamente cercano al pueblo, pero que no está muy lejos del culto personal al mandatario. La oposición es catalogada de superficial y anacrónica, cuando no de enemiga del pueblo. La crítica no es vista como algo normal y productivo, sino como una ofensa al soberano.

Oposición es democracia

Esto huele a menosprecio, y un poco, hasta a venganza. "Ahora nos toca a nosotros": emociones que emergen en las mayorías largamente reprimidas y que Morales alimenta. El presidente electo, defensor del "Estado plurinacional", cree justas tales emociones, ya que tras siglos de explotación colonial, es el momento para el cambio en Bolivia.

Me parece que esto también es una forma de paternalismo. Evo Morales hubiese logrado una enorme victoria aunque la oposición hubiese gozado de más espacio.

El valor de una democracia se mide en el trato que se le da a la oposición, en la apertura ante la posibilidad de cambio de gobierno, en la capacidad de debatir y lograr acuerdos. Evo Morales es suficientemente inteligente como para no darse cuenta de esto. El que no lo haya tomado en consideración es más que una pequeña imperfección ¿Acaso el presidente subestima a su propio pueblo?

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