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El Mundo

Comentario: Por lo pronto, EI debe ser combatido militarmente

Las huestes del "Estado Islámico" siguen asesinando. La batalla contra esta milicia terrorista debe llevarse a cabo con determinación, pero esta lucha es un arma de doble filo, en opinión de Alexander Kudascheff.

“Estado Islámico” (EI) no debe ser contenido, sino destruido. Primero militarmente y luego también políticamente, acabando con la fascinación que genera el yihadismo y dejando que el entorno que simpatiza con él se seque. Pero primero hay que luchar contra la milicia terrorista EI. Las expectativas recaen casi automáticamente sobre Estados Unidos, en primer lugar, y sobre las otras fuerzas occidentales. No es para menos: ya diez socios de la OTAN han conformado una “coalición de los dispuestos” para emprender esa tarea. Entre ellos está Alemania, que por lo pronto solo apoyará políticamente una misión que eventualmente será militar.

La materia de la que están hechas las pesadillas

No obstante, todos tienen claro que la guerra contra EI en Irak y Siria no puede conducirla Occidente en solitario, sino con la ayuda de aliados. Y es que si Estados Unidos actuara solo o con el respaldo de Gran Bretaña, la acción sería etiquetada como una “cruzada” por los propagandistas del terrorismo. Occidente necesita aliados proveniente de la región: empezando por Irak y por el Gobierno chiíta de Bagdad, a pesar del poco aprecio de que disfruta. Los problemas de ese escenario radican en que las Fuerzas Armadas iraquíes están desmoralizadas y debilitadas, y en los numerosos enemigos del Gobierno central iraquí; entre ellos los grupos sunitas y los restos del parido Baath de Saddam Hussein, que actúan en la clandestinidad. El Gobierno de Bagdad se vería obligado a conducir una guerra en dos frentes sin tener capacidad real para ello.

Otro socio potencial en la lucha contra las huestes de EI es el presidente de Siria, Bashar al-Assad, contra quien Occidente viene combatiendo desde hace meses. Una cooperación con el dictador sería fatal; de hecho, en este momento es inimaginable. Pero sin la ayuda del hombre fuerte de Damasco no se podrá vencer al EI. Estas complicaciones constituyen una verdadera pesadilla –después de todo, Occidente apuesta desde hace tiempo a la caída de Assad– y, al mismo tiempo, es un inevitable asunto de Realpolitik.

Un mal necesario: alianzas con los adversarios de ayer

Alexander Kudascheff, jefe de redacción de Deutsche Welle.

Alexander Kudascheff, jefe de redacción de Deutsche Welle.

En la lista de potenciales aliados están también los kurdos, que ya están recibiendo armamento de Occidente. En este caso el problema es previsible: si los kurdos triunfan en el frente de batalla, su aspiración de fundar un Estado kurdo independiente cobrará fuerza y, a excepción de ellos, nadie quiere que ese deseo se cumpla. Luego está Irán, que todavía tiene sus reservas, pero que atacaría si los chiítas iraquíes se vieran en verdaderas dificultades –a punto de ser vencidos– o si lugares sagrados como el de Kerbala se vieran profanados. Cabe preguntarse, ¿dónde están los países árabes? Egipto, Jordania, Arabia Saudita. Para los Gobiernos de estas tres naciones es inimaginable luchar contra EI junto a Assad o a los chiítas iraquíes. De ahí que no hayan dado un paso al frente. Quizás teman atizar la ira de sus enemigos internos y convertirse en blanco de sus ataques.

Una coalición fuerte contra EI

Sin embargo, sólo una gran coalición puede enfrentarse a EI y demostrar que todos están en contra de la locura fundamentalista del autoproclamado “califa” de EI Abu Bakr al-Bagdadi, que nadie quiere la tiranía de un Islam primitivo y antimoderno, que la guerra contra el yihadismo es una guerra justa, y que todos desean conservar la diversidad religiosa del Cercano y Medio Oriente; un lugar donde musulmanes, cristianos, yazidíes y representantes de otras confesiones puedan convivir juntos. Si esta meta no se cumple, EI pondrá fin a una cultura de más de 1.200 años.

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