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Europa

Comentario: Grecia en un punto de inflexión

El gobierno griego quiere imponer a los electores la responsabilidad por el fracaso de las negociaciones con los acreedores internacionales. Esto amenaza la democracia en el país, opina Spiros Moskovou.

El referéndum de este domingo en Grecia marca un punto de inflexión en la historia reciente del país. En apariencia, se trata de una votación sobre las reformas y los planes de austeridad propuestos por los acreedores a un país casi en quiebra. El gobierno del primer ministro Alexis Tsipras ya rechazó esas iniciativas y dejó la mesa de negociaciones en Bruselas. Ahora arrastra a los votantes hacia las urnas para que la fuerza de un “no rotundo” impulsado por el pueblo fortalezca la posición de los negociadores griegos frente a las potencias extranjeras. Pero como esos planes y esas propuestas ya no están sobre la mesa, las votaciones de este domingo servirán más bien para decidir sobre la permanencia de Grecia en la zona euro, sobre la conexión con Europa, sobre la orientación que debe tomar ahora el país.

Spiros Moskovou.

Spiros Moskovou.

Para la democracia europea es un escándalo de primera magnitud lo que está haciendo el gobierno populista griego. Alexis Tsipras siempre habla de la democracia y, al mismo tiempo, lleva al país a un referéndum sobre las políticas fiscales, algo que está expresamente prohibido por la Constitución griega. Tsipras siempre habla de la dignidad de las personas y, al mismo tiempo, los bancos están cerrados y los ancianos deben hacer largas filas frente a cajeros automáticos vacíos, sometidos al calor de estas fechas para sacar una parte de sus pensiones. La economía en punto muerto, la política polarizada, la población perpleja y cada vez más desesperada. Así están las cosas, como en una pesadilla dictatorial.

Las encuestas muestran que, para el domingo, es esperable un resultado ajustadísimo entre quienes quieren alcanzar un acuerdo con los acreedores internacionales y aquellos que están a favor de mantener una actitud inflexible frente a estos. Pocos son conscientes de que el resto de Europa ya no tiene paciencia ni tolerancia alguna con el gobierno de Tsipras y, por desgracia y por añadidura, tampoco con el país. Y es contradictorio a primera vista que una clara mayoría, de cerca del 80 por ciento, esté a favor de permanecer en el euro. Lamentablemente, en los últimos tiempso muchos han sido convencidos de que una moneda común fuerte es un regalo divino y no el resultado del rendimiento y la productividad de un país.

Con todo, Grecia parece, a poco del referéndum, económica, política y mentalmente lejos del resto de Europa. El país está roto, desgastado por la crisis de los últimos cinco años, y se siente extraño en una Europa donde rige otra cultura política. En estos tiempos difíciles, cobijadas en la sombra de un futuro desesperanzador, crecen las pesadillas de un pasado horroroso. Cuarenta años después de la caída de la dictadura, en el Parlamento griego se aloja una organización neonazi, el famoso Amanecer Dorado, y las ideas autoritarias zumban también dentro del gobierno de Tsipras. Precisamente el viernes el ministro de Defensa, Panos Kammenos, líder del partido populista de derecha AnEl y socio de Syriza en el gobierno, dijo que las Fuerzas Armadas siempre garantizarán “la seguridad interna”. Tsipras, presente en ese momento, solo sonrió misteriosamente. Parece que sobre el gobierno se cierne una serpiente.

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