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Economía

Comentario: El cártel de los estafadores

¿"Dieselgate" en Volkswagen? Una nimiedad en comparación con lo que estremece ahora a la industria alemana del automóvil. Las acusaciones de formación de cártel son una debacle para todo el sector, opina Henrik Boehme.

Este fin de semana comenzó para la industria automotriz alemana una nueva era. En comparación, el "dieselgate" de Volkswagen es una puerilidad. Aun cuando nada ha sido probado hasta ahora, porque la Autoridad Alemana Anti Cárteles y la UE acaban de comenzar a analizar documentación, ya está claro que las acusaciones de haber formado posiblemente un cártel son una debacle para el sector alemán del automóvil. Algunas empresas intentan curarse en salud: Daimler y Volkswagen enviaron a Bruselas y Berlín una especie de autodenuncia, porque en procedimientos de cárteles, la empresa que más rápida y eficientemente coopere con las autoridades puede ser incluso hasta eximida de multa.

El fin de la buena reputación

La reputación del sector, no obstante, ya está por los suelos. Volkswagen, Daimler y BMW eran el orgullo de los alemanes. Pero, ¿quién puede estar orgulloso de estafadores? A más tardar desde el "dieselgate" de Volkswagen, la confianza depositada en los fabricantes alemanes de automóviles sufrió un duro golpe. Las nuevas acusaciones, sin embargo, echan nuevamente por tierra todos los esfuerzos que desde entonces realizaron los grupos del automóvil por recuperar su reputación.

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¿Responsabilidad social?

Las primeras reacciones demuestran cuán duro ha sido el golpe: BMW, Daimler y Volkswagen manifestaron que no realizan declaraciones en relación con "especulaciones". Solo BMW rechazó haberse coordinado con las demás empresas del sector en cuanto a manipulación de emisiones. Se trata de un sector en el que trabajan 800.000 personas y del que dependen ciudades y comunas enteras. Las empresas automotrices y sus abastecedores siempre aseguraron ser conscientes de su gran responsabilidad social. Ahora parece que nada de eso es cierto.

El fin del idilio

También el Gobierno desempeña un importante papel en este escándalo: apoyó a las empresas cuando la UE exigió normas de emisión más severas y China aprobó una cuota para coches eléctricos. Por temor a la pérdida de puestos de trabajo, el Gobierno siempre intentó llegar a arreglos favorables al sector automotor alemán. A eso debe ponerse fin. Como nadie quiere ser tildado de aliado de estafadores, los grupos del automóvil seguramente han perdido ya uno de sus más importantes defensores.

¿Qué será del Salón IAA?

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Henrik Böhme

Una primera muestra de la nueva situación podrá experimentarse ya la semana próxima, en la "Cumbre del diésel". El objetivo de los fabricantes es evitar –con el reequipamiento gratuito de los vehículos– la prohibición en ciernes de circulación de coches diésel en los núcleos urbanos densamente poblados. Ahora, Berlín seguramente no será tan condescendiente. Y, ¿cómo se presentarán los fabricantes alemanes de automóviles en el Salón del Automóvil IAA, en Fráncfort, dentro de un par de semanas? ¿Se echarán polvo sobre sus cabezas y se revolcarán en ceniza? Seguramente no. ¿Y pronunciará la canciller el discurso de apertura, como en tantos años pasados? ¿Sobre un mismo escenario junto a estafadores y tramposos? ¿Solo diez días antes de las elecciones para el Bundestag? Por el momento, nadie se lo puede imaginar.

 

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