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Política

Comentario: Bush no quiere aprender de los errores del pasado

La declaración ante el Senado del comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, David Petraeus, lo demuestra: la administración Bush no quiere corregir la equivocada estrategia, opina Christina Bergmann.

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El general David Petraeus lo ha advertido: la guerra en Irak no se podrá ganar sólo por la vía militar. Aún así, el presidente Bush decidió hace un año jugar su carta militar.

20.000 mujeres y hombres soldados más han aliviado, en efecto, la situación en muchos frentes. Después del envío de más tropas la violencia se ha reducido, hay menos atentados y menos víctimas. Pero la situación después de cinco años del comienzo de la guerra en Irak es aún tan inestable que incluso tanto el general Petraeus como el embajador estadounidense Ryan Crocker alertan sobre el retiro de tropas de Irak.

Por segunda vez, el general y el embajador tienen que representar la política de su jefe máximo ante el Congreso y la opinión pública. E hicieron todos los esfuerzos, sólo que no fueron nada convincentes. Sus declaraciones se parecían mucho a las mismas de hace siete meses: que había adelantos, pero que aún no eran suficientes y muy débiles para sacar a las tropas estadounidenses de Irak.

La estrategia fue errónea desde el principio

En el Senado estadounidense no sólo Barack Obama y Hillary Clinton hicieron preguntas decisivas: ¿Qué tiene que pasar para que las tropas puedan ser retiradas - para bien o para mal?, ¿Cuándo se puede hablar de éxito – o cuándo puede llegarse a una situación tan insoportable que el presidente de Estados Unidos tenga que ordenar la retirada? Ni el general ni el embajador pudieron responder a estas preguntas, porque, al parecer, en el Gobierno nadie ha pensado en estos casos.

El presidente (Bush) no sólo inició esta guerra con la estrategia equivocada, sino que aún no está dispuesto a aprender de los errores del pasado. Esperar y confiar en que las cosas se arreglen por si mismas, es la divisa. Y dedicar todo a la fórmula militar.

El precio de su fracaso lo pagan los iraquíes y los soldados estadounidenses. Los continuos combates destruyen la confianza y la salud de las tropas norteamericanas. Más de 4.000 muertos no necesitan comentarios adicionales.

Cambio de rumbo con los demócratas

1.000 hombres y mujeres han muerto desde que Bush ordenó el refuerzo de las unidades militares en Irak. No pueden haber muerto inútilmente, ruegan casi quienes están a favor de la guerra. Pero una mala estrategia no va a mejorar con el sólo hecho de continuarla. Hay muy pocas probabilidades de que Bush cambie de idea. El vicepresidente, Dick Cheney, dijo recientemente que no le preocupan las encuestas.

Los estadounidenses tienen entonces sólo una oportunidad de que la estrategia cambie, si quieren: elegir el próximo noviembre al candidato del Partido Demócrata, sea Hillary Clinton o Barack Obama.

El republicano John McCain ha dicho, claramente, que continuará la línea actual, o sea mantener la estrategia militar y esperar a ver qué pasa. Pero ¿por qué ha de funcionar súbitamente si ni siquiera el comandante de las tropas en Irak cree en eso?