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Terrorismo en Alemania

Combate al terrorismo en Alemania: lecciones del caso Amri

La Policía y la Oficina de Protección de la Constitución hicieron un buen trabajo, pero otras autoridades alemanas sacaron conclusiones erróneas en el caso Amri.

Y la búsqueda continúa, la búsqueda de los cerebros o cómplices del atentado del 19 de diciembre en Berlín. Entretanto, la Fiscalía está convencida de que Anis Amri fue el autor de dicho atentado. La portavoz de la Oficina de Investigaciones, Frauke Koehler, comunicó que no se pudo dictar una orden de detención contra otro sospechoso tunecino por falta de pruebas.

Sin embargo, la Fiscalía General de Berlín sí ordenó detener a este conocido de Amri por recibir subvenciones sociales como solicitante de asilo usando, como mínimo, dos identidades diferentes entre abril y noviembre de 2015. En primavera de 2016, se investigó el caso. Amri estuvo en el punto de mira, mucho antes del atentado, también por delitos similares.

La política y los medios siguen buscando respuestas

Como ya se sabe, Amri estuvo vigilado durante meses. Por eso, los investigadores del Centro Común de Defensa contra el Terrorismo (GTAZ) ya sabían que Amri tenía pensado cometer un atentado. Pero no había pruebas concretas para poder llevar a cabo su denteción. Hoy se sabe que Amri era una bomba de relojería. Se infravaloró su potencial criminal. Consecuentemente se criticó a las fuerzas de seguridad por haber fracasado claramente con anterioridad al atentado en el mercado navideño. Teniendo en cuenta la cantidad de víctimas mortales y heridos, es natural que se hayan hecho tales reproches.

Los medios de comunicación y la política siguen compitiendo, tras dos semanas, por la interpretación del espantoso suceso a pesar de que no hay nuevos detalles, pero se sigue repitiendo lo que ya se sabía. Pero, ¿al fin y al cabo se sabe algo nuevo? Que Amri tenía relación con los yihadistas y en internet buscó información sobre cómo construir un artefacto explosivo. Pero esto ya se supo dos días después del atentado.

Policía en Berlín.

La policía en Berlín tras el atentado del 19 de diciembre.

Las piezas del puzle no encajaban

También la crítica es fundada en el siguiente aspecto. Después de denegarle el asilo y la fracasada expulsión del país, no se le impuso ninguna otra orden o condición. Jurídicamente hubiese sido posible reducir su campo de movimiento o imponerle que hiciera acto de presencia regularmente en una oficina de la Policía. Era lo mínimo que se podía hacer. Esta negligencia y otros posibles errores no tienen nada que ver con leyes inexistentes. Se ha pecado de no aplicarlas consecuentemente. Y eso es precisamente lo trágico del caso.

El Ministro de Interiores alemán, Thomas de Mazière, propone centralizar la estructura de seguridad alemana. Pero esta no sería una garantía para mejorar la defensa ante la amenaza de peligro. El caso Amri muestra que las autoridades contaban con un perfil muy detallado del tunecino, quien era uno de los 549 criminales en potencia en Alemania. Pero lo sucedido hace pensar que las piezas de este rompecabezas no se encajaron bien en el lugar correspondiente.

Movilidad completa y sin vigilancia

Anis Amri.

¿Por qué podía Anis Amri viajar libremente por Alemania?

La magnitud de la amenaza terrorista, con o sin Amri, se puede comprobar en los comunicados de prensa de la Fiscalía federal en las pasadas semanas, donde se mencionó la detención de otros dos presuntos terroristas. El día después del atentado en Berlín, se apresó al marroquí Redouane S. en Baja Sajonia. Se le culpó de haber estado involucrado en varios atentados, entre ellos, el del 13 de noviembre en París. El 14 de diciembre se capturó también al tunecino Charfeddine T., alias Ashraf Al-T., como sospechoso de poder cometer un atentado en nombre de Estado Islámico (EI). Ambos son solo dos de los muchos sospechosos terroristas que quizá fueron detenidos a tiempo.

Dos semanas después del atentado en Berlín, los investigadores están seguros de que Amri es definitivamente el autor del atentado en el mercado navideño en Berlín. Si hubiesen tenido suficientes pruebas para detenerlo bajo sospecha de terrorismo, se podría haber evitado el atentado. Entonces nadie tendría que especular ahora por qué Armi, tras haber cometido otros delitos, podía viajar por Alemania sin ser vigilado.

 

 

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