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América Latina

Colombia: no cesa la odisea por la paz

Refrendado el Nuevo Acuerdo de Paz, inicia su implementación. Las FARC deben entregar las armas en cinco meses. DW habló con el politólogo Camilo Vargas Betancourt* sobre esta etapa clave, pero aún frágil para la paz.

DW: Para Tom Koenigs, delegado de Alemania para el apoyo al proceso de paz de Colombia, "el voto mayoritario en las dos cámaras del Congreso colombiano legitiman democráticamente el Nuevo Acuerdo de Paz”. Pero, ¿qué tan segura es su implementación?

Camilo Vargas Betancourt: En realidad, el país aún sufre la incertidumbre en que se encuentra desde el 2 de octubre, día en que el  "sí” perdió por estrecho margen y los mecanismos de implementación quedaron frenados. A pesar de que gran parte de las exigencias del "no” fueron adoptadas en el nuevo acuerdo, algunos líderes lo siguen rechazando. El Congreso refrendó el acuerdo como representante legítimo del voto popular.

Camilo Vargas Betancourt, politólogo e internacionalista colombiano de la Universidad del Rosario, coordinador del Observatorio Político-Electoral de la Democracia de la Misión de Observación Electoral (MOE).

Camilo Vargas Betancourt, coordinador del Observatorio Político-Electoral de la Democracia de la Misión de Observación Electoral (MOE).

Ahora, se debe presentar al Congreso una ley de amnistía e indulto que beneficiaría a los más de 14.000 integrantes de las FARC, incluyendo a cerca de 4.000 combatientes recluidos en las cárceles, pero excluyendo a los acusados de crímenes de guerra y violaciones al Derecho Internacional Humanitario. ¿Qué tan firme es la base jurídica de este paso, cuando hay dos demandas contra este ante la Corte Constitucional?

En efecto, este trámite expedito de leyes, llamado "fast track”, no se activó, debido a la derrota en el plebiscito. Ahora, juristas debaten sobre si dicho "fast track” es viable, tras la refrendación por el Congreso. Así, a pesar de que el Nuevo Acuerdo de Paz ya está refrendado, se espera el fallo de la Corte Constitucional sobre si el Presidente recibe facultades especiales para agilizar los trámites de la implementación de la paz.

¿Qué sucedería si la Corte Constitucional falla en contra del trámite rápido?

Eso obligaría a que la implementación sea tramitada por la vía ordinaria de las leyes, que en Colombia puede durar unos dos, tres meses. Una reforma constitucional puede tomar un semestre. Una época en la que ya los motores de las campañas políticas de las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2018 están prendidos.

¿Es el problema solo cosa de tiempo?

Mientras los políticos en Bogotá debaten sobre plazos, en las regiones las FARC siguen "pre-concentradas” y aún armadas. Una situación muy inestable que puede llevar tanto a ataques de la guerrilla como a agresiones contra sus miembros. Un gran riesgo para el proceso de paz. Así que sin ley de amnistía, la guerrilla no se desarmará en 180 días, como lo espera el Gobierno.

La paz en Colombia sigue sobre el filo de la navaja. Zancadillas, trastornos, retrasos y riesgos provocados por el rechazo en el plebiscito. ¿Cuál es la lección?

Es muy triste que un mecanismo de democracia directa moviera más las pasiones que los argumentos. Al final, no quedó en claro si la ciudadanía votó informada o engañada. Además, el 63% de los colombianos no salió a votar. El hecho de que 20 millones de colombianos se abstuvieran de votar demuestra una gran falencia en el ejercicio democrático. Un instrumento de democracia directa que debía haber sido de la sociedad civil, fue tomado por los políticos y sus intereses.

¿Son esos intereses similares a los que manifestaba hace 10 años el hoy senador Álvaro Uribe, líder del rechazo a la paz con la guerrilla, cuando pedía comprensión para sus ofertas a los paramilitares en un acuerdo que nunca se le consultó a la población?

Para ese momento Uribe era el interesado en que se lograra un acuerdo más expedito, quería una Justicia que sacrificara elevados niveles de castigo, a costa de lograr la paz con grupos paramilitares. La ironía es que de los 10 procesos de paz adelantados en los últimos veinte años en Colombia ninguno había pasado por refrendación popular. Para bien o para mal, el plebiscito convocado por Juan Manuel Santos fue profundamente democrático.

*Camilo Vargas Betancourt, politólogo e internacionalista de la Universidad del Rosario, coordinador del Observatorio Político-Electoral de la Democracia de la Misión de Observación Electoral (MOE).

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