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Alemania

Borussia Dortmund, las Chivas de Alemania

El fútbol no es sólo un deporte. Es también una batalla simbólica donde compiten distintas visiones de mundo. Para percatarse de ello, basta comparar al BVB con el Bayern, dos equipos con identidades muy diferentes.

Deutschland Championsleague Borussia Dortmund - Legia Warschau (Reuters/W. Rattay)

Nuri Sahin celebra el gol que marcó para el Borussia Dortmund el 22 de noviembre de 2016.

El fútbol es mágico porque encarna una lucha entre identidades. No se trata de una competencia exclusivamente atlética, sino de una batalla simbólica que pone en juego distintas visiones del mundo; cada escuadra es asociada con determinados valores. De esa manera, el balompié adquiere una narrativa propia que cuenta una historia, igual que las novelas de Dostojewski, las películas de Batman y hasta la lucha libre.

La justicia no debería ser un concepto que encontrase lugar en el deporte, puesto que las directrices que rigen sus normas buscan precisamente que se compita en igualdad de oportunidades.

Un antagonista para un protagonista

Pero en Alemania cada escuadra forma su rostro a partir de una dialéctica que los enfrenta necesariamente con el club más poderoso del país. El Bayern es identificado como el rico, el de arriba, el que gana de forma "injusta” porque basa su éxito en la acumulación de un enorme capital que le permite hacerse con los mejores jugadores del mercado.

El Dortmund, en cambio, se ha ido construyendo una imagen de "paladín de la justicia”, opositor de esa "vileza”. El Borussia vive su gloria no sólo porque a ratos es la única formación que ha sabido contrarrestar la aceitada máquina bávara de hacer goles y dinero, sino porque logró posicionarse como el antagonista perfecto ante los pecados del equipo récord de la Bundesliga.

Los auri-negros representan el sacrificio en la historia que temporada a temporada cuenta la liga germana. Su máscara lleva plasmados los colores del héroe por excelencia: aquel personaje que pese a sus limitaciones consigue vencer a fuerzas maléficas sobrenaturales; se trata de la imagen del débil que vence al fuerte, el David que doblega a Goliat.

En Dortmund no se abre la billetera así como así. Si bien sus arcas están llenas y les garantizan la adquisición de elementos de la talla de Aubameyang o Schürle, el despilfarro no está permitido en su decálogo.

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El Borussia sabe además resistir con resignación los embates de su más acérrimo rival, que consigue arrebatarle a sus Lewandowskis, apostando por el fichaje de talentos medios, que deberían explotar guiados con ayuda de sus Klopps y sus Tuchels.

Porque en el Signal Iduna Park la figura del director técnico es fundamental. No podía ser de otra forma, cuando la apuesta no se basa en los "superhéroes” sobre la cancha. Un gurú en el banquillo tiene que cargar con el peso del conjunto.

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Su mística crece al considerar que el BVB es el segundo club con más recursos de la primera división. Como una especie de Spiderman, los de la Cuenca del Ruhr podrían abusar de sus poderes, pero ponderan el recato y una planificación a largo plazo para mantenerse a flote ante un panorama en el que muchos apuestan por gastar y gastar.

Guardando las distancias: así como las Chivas del Guadalajara, convertido en uno de los emblemas del fútbol mexicano por autoimponerse una regla que limita sus posibilidades a la hora de contratar a jugadores –sólo firma a mexicanos–, el Dortmund desiste de los grandes nombres, para crear su personalidad.

Sin las Chivas, el América sería solo un equipo con dinero. Sin el Dortmund, el Bayern sería solo un conglomerado de ricachones. Sin Blue Demon, el Santo, sería simplemente un hombre corpulento vestido con mallas plateadas. Cada cuento, igual que el fútbol, necesita a su chico bueno tanto como a su villano y viceversa.

Israel Dehesa

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