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Política

Bombas de racimo: proscritas a medias

Hasta el 2015 desaparecerán las bombas de racimo de los arsenales de más de 100 países. Pero no todas. Las excepciones vienen de la mano de la prohibición acordada, cuyo alcance de todos modos será limitado.

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La muerte acecha largo tiempo donde caen estas municiones.

El acuerdo alcanzado en Dublín por más de un centenar de países tiene ribetes históricos: de acuerdo con el texto, que será aprobado oficialmente el viernes y suscrito a comienzos de diciembre en la Conferencia de Oslo sobre proscripción de las bombas de racimo, quedará prohibido el uso, la producción, el traspaso y el almacenamiento de este tipo de municiones, consideradas tan fatídicas como las minas antipersonales.

“Bombas estúpidas”

Se trata de bombas con numerosos proyectiles en su interior, que explotan aún en el aire, diseminando su explosiva carga en un radio amplio, que puede abarcar miles de metros cuadrados. Como agravante, se estima que entre un 10 y un 40% de estos proyectiles suele no estallar de inmediato, convirtiéndose en un riesgo prolongado y letal para la población civil.

De acuerdo con los cálculos de Médico Internacional, aproximadamente 100.000 personas han muerto desde que se comenzaron a utilizar las bombas de racimo. Organizaciones de ayuda a los lisiados calculan que entre 15.000 y 20.000 personas resultan heridas cada año debido a municiones y minas desperdigadas por el suelo.

Streubomben Verbot rückt näher, Entscheidende Verhandlung begonnen, Konferenz in Dublin

El acuerdo de Dublín es un paso clave hacia la proscripción de estos arsenales.

Motivos no faltan pues para declararle la guerra a estos artefactos que destruyen indiscriminadamente -al punto de que se las ha llegado a llamar “bombas estúpidas”- ni para aplaudir el acuerdo de Dublín. Pero la satisfacción no es plena. En primer lugar, porque en la conferencia no estuvieron presentes los principales productores de bombas de racimo –Estados Unidos, Rusia, China, India, Pakistán e Israel. Y, en segundo término, porque para poder llegar a un consenso, hubo que hacer concesiones, como suele ocurrir en estos casos.

Las excepciones de siempre

Entre ellas destaca una cláusula que permitirá a los signatarios seguir participando en operaciones conjuntas con países que sí utilizan bombas de racimo. Por ejemplo, con Estados Unidos, en Afganistán. “Decir que prohibimos las bombas de racimo, pero llamar en casos extremos a otro para que utilice su arma por nosotros, naturalmente no es muy honesto”, opinó por ejemplo Simon Brookes, del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres. También se plantea un dilema similar en cuanto al almacenamiento: los países de la OTAN, por ejemplo, siguen teniendo en sus depósitos bombas de racimo estadounidenses. Y no todos se muestran dispuestos a actuar con el aplomo de Gran Bretaña, que anunció su intención de demandar su retirada.

“Bombas inteligentes”

Demonstration für das Verbot von Streubomben, Konferenz in Dublin

Manifestantes exigen en Dublín la prohibión de las bombas de racimo.

Alemania apoyó el acuerdo de prohibición, no sin antes haber abogado por una serie de excepciones que beneficiarían a su propia industria armamentista. En concreto, el texto de Dublín deja al margen de la proscripción ciertos tipos de bombas de racimo consideradas “inteligentes”, entre otras, aquellas que están equipadas de sistemas de radar o cámaras que les permiten dar con un objetivo preciso y aquellas dotadas de mecanismos de autodestrucción, o capaces de desactivarse por sí solas si no estallaron al caer.

Según informaciones de Der Spiegel, las empresas alemanas Diehl y Rheinmetall fabrican en conjunto precisamente un arma de este tipo, que lleva el nombre de Smart 155. El proyectil contiene dos municiones dotadas de cabezales que le permiten, supuestamente, dar en el blanco con suma precisión. En lo tocante a las “bombas estúpidas”, se calcula que Alemania tendrá que deshacerse de más del 95% de las municiones de este tipo que mantiene en sus depósitos. Y eso ya es una buena noticia, aunque queda claro que la lucha contra las bombas de racimo dista de haber terminado.

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