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El Mundo

Bolkovac: abusos sexuales de los soldados de la ONU

La ONU busca esclarecer los supuestos casos de abuso de los Cascos Azules en República Centroafricana. Kathryn Bokovac, una expolicía que investigó casos similares en Bosnia, habla sobre su experiencia.

Deutsche Welle: Algunos dirían que el escándalo de abusos sexuales de los Cascos Azules en misión de paz en la República Centroafricana es un caso aislado. ¿Cuál es su experiencia como activista pro derechos humanos en Bosnia-Herzegovina?

Kathryn Bolkovac: Lo que les sucedió en Bosnia a las víctimas del trafico de personas en los años noventa es similar a lo sucedido en la Republica Centroafricana. Sobre todo, los supuestos casos de acoso a grupos de población necesitados, a manos de organizaciones destinadas a protegerlos. El escándalo de Naciones Unidas continúa. Primero se descubrieron y ahora, cuando se abrieron las investigaciones, la ONU trata de cerrarlos y desacreditar a quienes los han destapado. El concepto de “encubrimiento” aparece frecuentemente en las misiones de paz. Yo supe de los casos de abusos en la República Centroafricana cuando hablé con expertos sobre la campaña Code Blue. Tratamos de ver cuál sería el mejor camino para terminar con estas prácticas. Pero se descubrió que la ONU no solo estaba tuerta, sino que se había convertido en un monstruoso cíclope que trataba de evitar la investigación y la persecución penal de los delitos de los Cascos Azules. Una cortina de humo oculta a los países miembros acusados. Se afirma que Naciones Unidas no tiene control sobre las medidas disciplinarias aplicables a Cascos Azules de los países afectados. Algo que, en parte, es cierto.

¿Qué casos descubrió en Bosnia?

Portada del libro de Kathryn Bolkovac.

Portada del libro de Kathryn Bolkovac.

Allí hubo muchos casos que nunca se esclarecieron. Traían a chicas jóvenes de Rumania, Ucrania, Moldavia y otros países destinadas a servir a las tropas de la ONU y como esclavas sexuales en los puntos estratégicos. Sucedió en muchas oficinas de países extranjeros, incluidos EE.UU., Pakistán, Alemania, Rumania o Ucrania. A los activistas nunca se les permitió investigar todos los casos. A los supuestos sospechosos se les cesaba de la misión o se les enviaba a otra. A las jóvenes se les mandaba de vuelta a sus países.

¿Sabían los empleados de la ONU que esas jóvenes eran víctimas de tráfico de personas?

Ese concepto no estaba muy extendido en los años noventa. Creo que algunos empleados creyeron que eran prostitutas. Pero fueron traídas de otros países y obligadas a prácticas sexuales. Muchos sospechaban que podían terminar así, pero que por la situación económica en sus países no les quedaba otra opción.

¿Sabían los altos cargo de esas prácticas?

Lo sabían porque les envié mis informes. Estaba todo bien documentado. Muchos de los altos cargos de la ONU lo sabían, incluido Jacques Klein, entonces director de la misión de paz en Bosnia

¿Hubo actuaciones o procesos contra empleados de la ONU?

Nunca. Las denuncias no surtieron efecto porque no se permitió cerrar las investigaciones. Fui despedida por intentar investigar estos casos. Al final denuncié a mi empleador en Gran Bretaña y gané por despido improcedente.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, encargó a la experta en seguridad Jane Holl Lute coordinar una respuesta contra las acusaciones. Después de lo que ha vivido, ¿piensa que son serios los esfuerzos de la ONU?

No creo que los esfuerzos de la ONU en los últimos 15 o 20 años con respecto a los abusos de los Cascos Azules a mujeres y niños sean serios. Siguen negándose a encargar la investigación a los equipos adecuados. Está claro que los altos cargos encubren para mantener su imagen

¿Qué debería cambiar en la política de la ONU para evitar estos abusos en las misiones de paz?

No creo que cambie algo si no cambia también la plana mayor. La ONU no se responsabiliza de estos casos. La responsabilidad está en los Estados miembros. Y mientras no sancionen y condenen las responsabilidades individuales de los enviados a las misiones de paz, Naciones Unidas tampoco hará nada. Han dejado de lado el asunto de las sanciones y responsabilidades. Y se fían de que lo aborden los países miembros. Ya es hora de que los Estados asuman el control de la ONU y termine este juego de echarse las culpas los unos a los otros.

La ex policía Kathryn Bokovac fue contratada por DynCorp para asumir un puesto en la ONU dirigido a combatir el abuso sexual y la prostitución en Bosnia. Encontró pruebas de la participación de algunos trabjadores de la ONU y al intentar investigarlo fue despedida. Kathryn Bokovac fue nominada para el premio Nobel de la Paz por su labor.

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