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Cultura

Bionade: una bebida alemana conquista el mundo

De 2 millones de botellas al año a 2 millones al día, así ha sido el crecimiento en la producción de la Bionade. Y de Alemania a 20 países. ¿El objetivo ahora? El mundo entero.

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¡De Franconia al mundo!

La Bionade se ha vuelto un objeto de culto. Una empresa familiar del sur de Alemania se encarga de producirla y comercializarla. Y eso a pesar de que multinacionales gigantescas como Coca-Cola le han pasado ya jugosas ofertas de compra. Pero no, los creadores del burbujeante refresco sin alcohol quieren conservar su independencia. Después de su éxito rotundo en Alemania, planean conquistar el mercado internacional.

La mediana empresa de Franconia suministra con su bebida ya no sólo a las tiendas especializadas en productos biológicos sino a grandes cadenas de supermercados. También a McCafé, Starbucs, Nordsee -la gran cadena alemana de comida rápida especilizada en pescados y mariscos-, e incluso a la cafetería de Ikea. En Alemania, que quede claro. En este momento sólo un cinco por ciento de la producción de Bionade se exporta.

Deutschland Lebensmittel Getränke Bionade

"Que donde uno esté, se pueda pedir Bionade"

Una fermentación lenta

Hace 20 años, el maestro cervecero Peter Leipold –suegro del actual gerente- creó esta bebida que se fermenta, pero no contiene alcohol y cuyos sabores son bastante exóticos: hierbas, saúco, lichi y gengibre-naranja. En diez maduró la empresa; su comienzo fueron los almacenes bio y los gimnasios. En 1997, por primera vez, un gran distribuidor la incluyó en su oferta. En el año 2002, cafeterías y bares de moda fueron la primera estación de la marcha exitosa de la Bionade.

“Desde 1995 hasta el 2002 vendimos siempre entre un millón y un millón y medio de botellas anualmente. En el año 2003 fueron 2 millones. Y dos millones es lo que producimos a diario actualmente. En 5 años nuestra producción se ha multiplicado por 365. Es una locura. Eso en el mercado es sumamente raro”, cuenta Kowalsky.

No es azúcar, es ácido glucónico

“Nos costó trabajo convencer a los alemanes de nuestro producto, sabiendo el idioma y conociendo el país. En el extranjero tenemos que centrarnos en el gusto, en encontrar el punto que le gusta a ese público. Y luego convencerlos de que no se trata de un refresco más”, cuenta Kowalsky. La base de la Bionade es -como en la cerveza- la malta y el agua. Su fermentación se produce mediante una colonia de microorganismos que no convierten el azúcar en alcohol sino en ácido glucónico.

Maledivas y Australia están en la lista de los 20 países en los que se la vende. Las grandes campañas publicitarias, sin embargo, no son un tema para esta empresa familiar. Su venta anual de 30 millones de euros y su nómina de 160 empleados no se lo permiten; tampoco lo quieren. “Nos hemos decidido por patrocinar eventos cuyo público podría ser nuestro consumidor. Apelamos a los multiplicadores, y ellos nos recomiendan. Este público se encuentra en conciertos o eventos de arte, también en los teatros”, asevera el gerente de la empresa.

Si todo sale bien, muy pronto fabricarán en Estados Unidos, el mayor mercado de las bebidas blandas del mundo. En Iowa será posiblemente la sede de la empresa; lo primero que están haciendo es concentrarse en la plantación y la embotelladora, siguiendo criterios ecologistas. En Nueva York, Los Ángeles y San Francisco ya se puede comprar Bionade.

Kowalsky emana espíritu empresarial y confianza, también cuando habla de la inversión que ha tenido que hacer para entrar al mercado norteamericano, el mayor desembolso que ha realizado su empresa. Este gerente que pasa los cuarenta tiene un objetivo: “Convertirnos en una alternativa a las bebidas más fuertes del mercado internacional. Que a donde uno vaya, pueda pedirse su Bionade. No sé si lo lograremos, pero trabajamos para lograrlo”.