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Cultura

Berlín: entre el olvido y el futuro

El arquitecto chileno Tomás García de la Huerta, analiza los cambios urbanos de la capital alemana a través de sus instalaciones Backsteine I, II, III. Una ciudad atravesada por el olvido, la memoria y la reconstrucción.

Tomás García de la Huerta llegó a Berlín en 2015 becado por la DAAD, con su proyecto “El material entre la Memoria y el Olvido”. Ya expusó parte de su trilogía Backsteine I, II,  y la parte III sera exhibida el 21 de julio. 

La instalación es de ladrillos y escombros de la ciudad de Berlín esparcidos por los edificios derrumbados, cementerios y resabios de aquellas ruinas que aún sobreviven.

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La audiencia es invitada a asumir un rol activo tomando ladrillos de la instalación para usarlos en la forma que deseen. Los arquitectos diseñan y emplazan una obra en la ciudad que luego será transformada por otros. Estos relegan su potestad sobre el objeto. Así como él tomó los ladrillos de viejos resabios urbanos para transformarlo en otra cosa, esta transformación se continúa con el público.

DW: ¿Por qué elegiste Berlín para trabajar en tu tesis?

La ciudad es adecuada para tratar temas relacionados con la memoria, la materia y el olvido ya que ofrece distintos puntos de vistas y campos a explorar. Pareciera haber un consenso generalizado por enfrentar, reflotar y retejer aspectos no resueltos de una ciudad que se reconstruye todo el tiempo en lo social y lo físico.

Aquí es más fuerte la sensación de reconstrucción, como si olas del pasado siguieran golpeando impidiendo un cierre, una mirada clara, evitando a toda costa las miradas polarizadas y las divisiones.

Las cosas se presentan de la forma más genuina posible y no por una decisión gubernamental o relato previsto, si no por una dinámica propia de la ciudad: un motor lo suficientemente autónomo como para ejercer una fuerza, no del todo comprensible, pero fuerte y sobre todo libre. Este contexto ofrece posibilidades inciertas, caminos por abrir, lugares por restablecer, donde no parece tan raro recolectar ladrillos de escombros o hacer un turismo de cosas desaparecidas.

¿Por qué el interés de trabajar con ladrillos?

Entre la construcción y la destrucción se debate el diálogo de la memoria y el olvido. Y entre medio está el ladrillo como material de construcción predominante que está por todas partes: entre escombros de cementerios, de parques, de edificios, etc.

El material atestigua frente a un pasado marcado por la destrucción, el reciclaje y la reconstrucción. Terminada la guerra, fueron las mujeres, las Trümmerfrauen, que en ausencia de hombres, asumieron un papel determinante en la reconstrucción de la ciudad colectando ladrillos en buen estado. El ladrillo es una memoria hecha de material: reminiscencias que aquí se presentan como sobrevivientes y vehículos de expresión simbólica.

¿Cómo concebiste la idea de Backsteine?

Me interesan las relaciones entre la materia, la memoria, el olvido, y de cómo el arte y la arquitectura han tenido la responsabilidad de representar estos conceptos desde una dimensión no narrativa.

Frente al problema de la subjetividad de la memoria, intento responder sobre la vinculación posible entre los materiales y los sentidos memoriales. Buscando en la realidad material y espacial, una evocación, concreta en lo físico pero subjetiva en la interpretación. Desde este sentido no historicista ni narrativo, apelo al material como el elemento que puede relacionar la memoria con el presente, intentando recapturar lo físico del mundo en busca de significados.

La obra nace del gesto de recolectar ladrillos de escombros y de presentarlos en forma de instalaciones, como pasos prácticos de la investigación que estoy desarrollando.

La siguiente etapa es cambiar a una escala más arquitectónica y proponer otro tipo de intervenciones a nivel urbano con ladrillos reciclados. El reciclaje, la gestión de residuos y reutilización de escombros serán temas prioritarios en los futuros planteamientos.

¿Cómo ha sido el proceso de recolección del material?

Partí recolectando con la mano, luego con una mochila después con un carro en bicicleta. Parte importante de los ladrillos los conseguí en el barrio Lichtenberg, los cuales pertenecían a una antigua estación de trenes destruida. Sin una ruta específica salir a buscar ladrillos parecía bastante absurdo; no había una forma de saber dónde podría encontrar.

La participación del público sobre la instalación pareciera dejar en claro que el proceso de transformación urbano es abierto y a veces aleatorio.

Sí, propongo establecer un vínculo con el material, su peso, textura y densidad. Con “Backsteine III” se planteó desde un vínculo a través del tacto y movimiento, el juego de desarmar el cuerpo y descubrir lo que en su interior se recoge.

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