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Política

Benedicto XVI inicia un delicado viaje a Tierra Santa

Debilitadas las relaciones con la comunidad judía y aún candentes las brasas de los últimos escándalos, Benedicto XVI emprende viaje a Jordania e Israel sin pasar por la franja de Gaza y con 23 discursos en el bolsillo.

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Benedicto XVI llega a Jordania, la primera etapa de su viaje por Tierra Santa.

Para cometer errores, la Tierra Santa no es un buen lugar. Por eso, dicen quienes conocen el Vaticano por dentro, muchos en las altas esferas de la Iglesia católica contienen estos días la respiración. Cada vez parece más comprobado que aquello que Benedicto XVI toca está destinado a convertirse en escándalo. Andrea Riccardi, un antiguo colaborador del difunto Juan Pablo II, se lamenta en el diario alemán Die Zeit de la existencia de “una especie de dogma acerca de la falibilidad del Papa: ¡todo lo que dice está mal!”.

Nahost Vatikan Papst in Jordanien König Abdullah II

El rey Abdalá II de Jordania recibe al Papa.

Pero con dogma o sin él, el tacto no ha caracterizado la diplomacia vaticana en los últimos tiempos. Las revelaciones, en el interior de un avión con destino a África, acerca de desconocidos efectos secundarios del uso de anticonceptivos, como la propagación del SIDA, el nombramiento del arzobispo de Linz o el lastre que el “caso Williamson” sigue suponiendo, precisamente, para las relaciones católico-judías, son ejemplos de ello con resonancia internacional suficiente como para que a nadie se le escapen.

El daño que esto les ha causado a la Iglesia y al mismo pontífice está aún por cuantificarse, pero innegable se presenta el hecho de que ha servido para destruir gran parte de la labor de acercamiento a la comunidad hebrea, iniciada por el Papa anterior pero también profesada por el actual. Viejas desconfianzas afloran de nuevo y que máximo líder del catolicismo sea un alemán de 82 años, es decir, perteneciente a la generación que vivió el nacionalsocialismo, no ayuda a mitigarlas.

En el Vaticano se cruzarán muchos dedos para que todo salga bien entre hoy y el próximo 15 de mayo, el día en que Benedicto XVI se encuentre sobrevolando el Mediterráneo, de regreso a Roma después de haber visitado Jordania e Israel y las ciudades de Jerusalén, Belén y Nazaret. Una palabra fuera de lugar a lo largo de este delicado recorrido sería sin duda fatal.

Tras las huellas del entendimiento con los judíos

Palästinenser Israel Vatikan vor Papst Besuch Plakat in Bethlehem

Belén se prepara para la visita de Benedicto XVI.

El viaje de un Papa al lugar donde se cruzan los caminos de las grandes religiones monoteístas nunca es una visita cualquiera: connotaciones de todo tipo, místicas, políticas y sociales, aparecen a él ligadas con escasas posibilidades para la clara distinción. Estas estancias no siempre cordiales. Durante siglos la Iglesia católica mantuvo las distancias con el islam, el enemigo religioso número uno, y la sombra del antisemitismo se interpuso en el camino hacia una relación distendida con el judaísmo.

En 1986, Juan Pablo II se convirtió en el primer Papa que pisaba oficialmente la sinagoga de Roma. En 2005, Benedicto XVI hizo lo propio acudiendo a la de Colonia. En el año 2000, el fallecido pontífice visitó Israel y llamó “hermanos” a los judíos, y sobre estas huellas tratará de andar su sucesor.

Israel Palästinenser Vatikan vor Papst Besuch Flagge in Nazareth

Una bandera del Vaticano ondea en Nazaret.

Por lo tanto hace tiempo, al menos un pontificado y el comienzo del siguiente, que la Iglesia se esfuerza por reconciliarse con los judíos. Sin embargo, quedan cuestiones sin resolver que socavan el buen entendimiento entre ambas religiones. Por ejemplo, los viernes de rezos en los que los católicos le piden a Dios que ayude a los hebreos a dar con la verdad. Y, claro está, el eco de las palabras de Richard Williamson, que retumba entorpeciendo el diálogo y aún duele como si se estuviera escuchando en vivo.

Como símbolo de que no comparte la idea de que el Holocausto nunca existió, el Papa visitará durante los días que se encuentre en Israel el monumento de Yad Vashem, uno de los recordatorios más importantes de las víctimas de la Shoah, pero no entrará en el museo adjunto porque, en él, el Papa Pío XII, en el cargo durante el nazismo, recibe duras críticas. En la agenda papal se encuentra también una reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y borrada ha quedado la franja de Gaza, cosa que seguramente no guste a los católicos palestinos pero que quizás sirva como bálsamo para olivar a ciertas hermandades o, en su defecto, como medida de precaución ante posibles meteduras de pata.

Visita a la Mezquita del Rey Hussein

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"Palestina, la tierra de Jesús, busca justicia, paz y estabilidad", puede leerse en esta pancarta colgada en Ammán, Jordania.

“Muéstrame las novedades que ha introducido Mohammed y en ellas sólo encontrarás lo malvado y lo inhumano, del mismo modo que su dictamen de expandir con la espada la creencia que él predica”, parafraseó Benedicto XVI al emperador bizantino Manuel II durante una conferencia en la Universidad de Ratisbona en 2006. La visita posterior del Papa a la Mezquita Azul de Estambul debía servir para mitigar la indignación que la cita desató en el mundo islámico.

Otro templo musulmán, la Mezquita del Rey Hussein en Jordania, recibirá al prelado católico en la primera etapa de su presente viaje. Así, la Iglesia continúa dando muestras de interés en los contactos interreligiosos, aunque el hecho innegable de que aquí se compite por representar al dios verdadero convierta el proceso en uno que intercala los pasos hacia delante con los que van en dirección contraria.

Una semana pasará Benedicto XVI en Tierra Santa. Ciudades altamente representativas para el cristianismo como Jerusalén, Belén y Nazaret forman parte de la ruta, a lo largo de la cual pronunciará 23 discursos y cuatro prédicas.

Autor: Luna Bolívar/ Theo Dierkes

Editor: Enrique López Magallón

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