Ataque terrorista estremece a Marruecos y levanta especulaciones | Política | DW | 28.04.2011
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Política

Ataque terrorista estremece a Marruecos y levanta especulaciones

Las autoridades se abstuvieron de imputar el ataque a islamistas radicales, pero la explosión que destruyó el café Argana en Marrakesh trae a la memoria los atentados suicidas que tuvieron lugar en Casablanca en 2003.

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Este episodio ensombrece la vida que hasta ahora había animado a la plaza de Yamaa el Fnaa.

La plaza de Yamaa el Fnaa, el corazón de la ciudad marroquí de Marrakesh, fue escenario de un ataque terrorista en el que dieciocho personas perdieron la vida --once de ellas eran extraneras, según los informes de las agencias-- y otras veinte resultaron heridas este jueves (28.4.2011). En un primer momento, la policía atribuyó la explosión que destruyó el café Argana a una fuga de gas; pero el ministerio del Interior emitió un comunicado asegurando que una bomba había sido detonada en la segunda planta del concurrido local, imán de turistas durante todo el año.

Las autoridades se abstuvieron de imputar el embate a islamistas radicales. No obstante, este episodio trae a la memoria la serie de atentados suicidas que tuvieron lugar en la capital comercial de Marruecos, Casablanca, en mayo de 2003. En aquel momento murieron 45 personas, incluyendo a los doce terroristas. Pero, desde entonces, las fuerzas de seguridad han encarcelado a miles de presuntos extremistas.

Buscando a los autores materiales

¿De dónde provino el ataque de este 28 de abril? Esa pregunta promete mantener en vilo a los marroquíes, a su Gobierno y a los aliados de su monarca, el rey Mohammed VI Abbas el Fassi, dentro y fuera del Magreb. Marruecos es uno de los socios más importantes de Europa y Estados Unidos en el mundo árabe, de ahí que cualquier evento que amenace con desestabilizar al país africano también sea tomado en serio en aquellas latitudes.

Marokko Platz Djemaa El Fna Marrakesch Anschlag Café Flash-Galerie

El ministerio del Interior emitió un comunicado asegurando que una bomba había explotado en el café.

¿Habrá que contemplar el atentado de Marrakesh como una respuesta al estatus de Marruecos como el único Estado magrebí que dialoga abiertamente con las potencias europeas y norteamericanas sobre la crisis libia? ¿Habrá que buscar sus posibles motivos en la añeja rencilla que sostienen Marruecos y el Frente Polisario por el territorio saharauí? ¿O habrá razones para creer que las protestas de los marroquíes se están radicalizando?

También en Marruecos se cuecen habas

El pasado domingo (24.04.2011), miles de personas protestaron pacíficamente en las calles contra las detenciones por motivos políticos, la tortura, la corrupción administrativa y los altos índices de desempleo. Sin embargo, los representantes de esa monarquía constitucional que es Marruecos confían en que sus promesas de cambio evitarán que la violencia de las revueltas de Túnez, Egipto y Libia sean emuladas por los marroquíes.

El 14 de abril, poco después de que el rey Mohammed anunció que implementaría reformas constitucionales, cedería parte de sus poderes y crearía un sistema judicial independiente, fueron liberados 92 presos políticos; entre ellos figuraba el predicador Mohammed Fizazi, condenado a treinta años de cárcel bajo la presunción de haber inspirado a los doce terroristas que perpetraron los atentados suicidas de 2003.

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La plaza y sus alrededores fueron reconocidos como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2008.

Tras la pista de Al Qaeda

Algunos de aquellos islamistas radicales pertenecían al grupo Assirat al Moustaqim (El camino correcto), prohibido en Marruecos. Pero, según las agencias de noticias, el estamento marroquí especula en voz baja que fueron los miembros del grupo Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) quienes organizaron la operación que destruyó el café Argana en Marrakesh.

Este episodio ensombrece la vida que hasta ahora había animado a Yamaa el Fnaa, al café Argana y al resto de los edificios que rodean la plaza, un espacio cultural que fue reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008.

Autor: Evan Romero-Castillo (dpa, reuters)
Editora: Rosa Muñoz Lima

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