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América Latina

Argentina: doble triunfo y un cambio positivo

El jefe del PRO confirmó su hegemonía en la capital argentina camino de las elecciones generales. Eso no le asegura el sillón presidencial pero genera un cambio positivo en el clima político, opina Cristina Papaleo.

Horacio Rodriguez Larreta (dcha.) y el líder del PRO, Mauricio Macri.

Horacio Rodriguez Larreta (dcha.) y el líder del PRO, Mauricio Macri.

Estas reñidas elecciones primarias en la Ciudad de Buenos Aires son un ensayo general en el que se miden las fuerzas partidarias. Al actual alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, el triunfo rotundo del candidato de la alianza conservadora Propuesta Republicana (PRO), Horacio Rodríguez Larreta, en estas elecciones primarias le debe haber arrancado más que un suspiro de alivio. La victoria del PRO no solo confirma el liderazgo de Macri luego de unas internas riesgosas, sino que también le allana el camino de cara a los comicios generales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el 5 de julio, que tendrán impacto a nivel nacional y que el PRO quiere ganar en primera vuelta. Pero, sobre todo, lo afianza en su objetivo de presentarse como candidato a ocupar el sillón de la Casa Rosada en las elecciones nacionales de octubre. Mariano Recalde, candidato del kirchnerista Frente para la Victoria (FpV), partido gobernante, quedó en cuarto lugar después del exministro de Economía Martín Lousteau, de la alianza ECO, y Sergio Massa, representado por el exsecretario de Finanzas Guillermo Nielsen, del Frente Renovador, quedó fuera de carrera.

Macri apostó audazmente y ganó al respaldar abiertamente a su candidato, en una pelea en las internas, en desmedro de la senadora Gabriela Michetti. Esa brecha dentro de su propio partido podría haberle significado una derrota y tal vez hasta un obstáculo hacia su meta final: un balotaje en los comicios generales enfrentándose a Daniel Scioli, el candidato presidencial del oficialismo kirchnerista. Tanto Scioli como Massa esperan que esa herida fuera mortal para Macri. Pero ni siquiera la falta de carisma de Rodríguez Larreta logró desviar la intención de voto de los porteños que, en realidad eligieron una vez más a Macri al votar a su delfín.

Triunfo local, ¿victoria nacional?

El impacto directo de este resultado en la disputa por el poder representa, por un lado, la afirmación de la hegemonía del PRO en la Ciudad de Buenos Aires y el fortalecimiento de Mauricio Macri como candidato a la presidencia en octubre. Por otro, reivindica la autoridad de Macri sobre su propio partido.

Sin embargo, como sucedió anteriormente, la cantidad de votos obtenidos por el PRO en la capital argentina no necesariamente tienen una incidencia directa en el resultado de las elecciones nacionales. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires es un distrito electoral con características culturales, sociopolíticas y demográficas muy diferentes a las del resto de la República Argentina, y una especie de isla por sus tendencias políticas en un país en el que la centralización en la capital sigue siendo un factor clave en el desarrollo.

La repetición, el desdoblamiento y la multiplicidad de elecciones y el panorama de alianzas cruzadas de esta carrera electoral que ya ha comenzado configuran, sin duda, un año de alta tensión política. El desdoblamiento de las elecciones de la capital de los comicios nacionales es, asimismo, una estrategia para absorber votos generando un efecto psicológico que anticipa, aparentemente, una victoria de la oposición. Ese clima puede ser leído por algunos como un anuncio de cambio político, pero no necesariamente se reflejará –ni electoral ni cuantitativamente- en el resultado de octubre.

A pesar de eso, es innegable que el partido de Macri está creciendo, ya que tuvo una interna seria y no ganó el candidato que apoya el líder sino el que eligieron los ciudadanos. Asimismo, ganó en Santa Fe y probablemente lo haga en Córdoba, provincias claves, junto con la provincia de Buenos Aires. Convengamos que el macrismo es un fenómeno de la Ciudad de Buenos Aires, el cuarto padrón en cantidad de votos en Argentina, y que no se extiende al resto del país, pero ¿qué pasaría si este triunfo abre la puerta a nuevas alianzas que representen una alternativa potable que logre dejar atrás doce años de kirchnerismo? A estas alturas, con una presidenta señalada en el encubrimiento de los autores del atentado a la mutual judía AMIA y la muerte del fiscal que la acusó, cuyas circunstancias aún no se han esclarecido, va siendo hora de un cambio real para los argentinos que también se refleje en un reajuste de su sistema judicial y de su economía.

En Argentina, pronosticar a estas alturas el desenlace de las presidenciales en octubre, con varias primarias como ensayo de por medio es todo un desafío. Nada de lo que se vea debe ser confundido con la realidad, que, por otra parte, siempre termina superando a la ficción.