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Economía

Argentina: ajuste en la cuerda floja

Con el pago a los “fondos buitres”, Argentina reorienta su economía hacia la apertura y el equilibrio fiscal, pero amenazada por los fantasmas de los “tarifazos”, la inflación y la reducción de los salarios reales.

Según fuentes del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas de Argentina, el lunes (18.04) anunciará la oferta para colocar hasta 15.000 millones de dólares en bonos, el martes se adjudicarán y el viernes se hará efectivo el pago a los "fondos buitres".

Argentina comenzará pagando un primer tramo de 6.250 millones de dólares. El monto a abonar a todos los fondos litigantes que firmaron el acuerdo asciende a 12.500 millones de dólares. La diferencia con respecto a la emisión total será destinada a retomar los pagos de la deuda a los bonistas de los canjes de 2005 y 2010 y financiar obras de infraestructura.

¿Qué importancia tiene el acuerdo con los “fondos buitres”? El Prof. Dr. Federico Foders, presidente del World Economic Council, Berlín, dice: “El pago a los fondos de inversión es una medida clave para recuperar la capacidad del país de endeudarse en el extranjero, tanto por parte del Estado como de las empresas privadas. Una vez que la Argentina vuelva al mercado internacional de capitales va a estar en condiciones de pagar todas las deudas e importar la maquinaria y los insumos necesarios para volver a crecer, es decir para generar empleo, ingreso para los trabajadores y recaudación fiscal. La capacidad de endeudarse en el extranjero es un instrumento para financiar el déficit fiscal sin generar inflación”.

El acuerdo con los “fondos buitres” ya tuvo como resultado una apreciación del peso del 0,6% con respecto al dólar, una valorización de los bonos y una suba de las acciones. El alza del 4,8% del índice bursátil de Argentina (Merval) el martes supuso ese día el mayor aumento de todas las bolsas del mundo.

Por su parte, el FMI avaló el martes la estimación del Gobierno argentino de lograr alcanzar un déficit anual del 3% para fines de la década.

Buenas y malas noticias

Hasta aquí las buenas noticias. Las malas: el aumento de la inflación y la caída de los salarios reales. En cuanto a la inflación, el Gobierno dice que abril “será el peor mes del año y podría superar el 6 por ciento”, pero apuesta a que baje a 1,5% a partir de junio y proyecta una inflación anual de alrededor del 34 por ciento.

El aumento de la inflación se debe sobre todo a una fuerte suba de las tarifas de servicios públicos (transporte, agua, gas, electricidad). El objetivo es reducir la alta incidencia de los subsidios en el déficit fiscal y concentrar su impacto inflacionario en el trimestre abril-junio.

Los aumentos se deben a las inmensas subvenciones durante la era Kirchner (segundo rubro en volumen, después de las jubilaciones). A ello se agregó un considerable retraso cambiario en los cuatro años. Ambos factores generaron una inflación reprimida e incluso manipulada. El nuevo Gobierno debió asumir el costo político de reajustar ambas variables.

¿Cuán difícil es bajar la inflación? Foders: “Bajar una tasa de inflación no es fácil. El Gobierno actual ha heredado una tasa de inflación de dos dígitos del Gobierno anterior. La inflación fue generada por la política monetaria del Banco Central a los efectos de financiar el déficit fiscal, también heredado del Gobierno anterior. El Gobierno anterior no estaba en condiciones de endeudarse en el extranjero por la situación con los “fondos buitres” y tuvo que valerse del Banco Central después de haber vaciado todos los ahorros existentes (reservas del Banco Centrtal, ANSES, etc.). El actual Gobierno no puede frenar la impresora de billetes de repente porque existe un gasto público muy alto con el que el Gobierno tiene que cumplir; los compromisos del gasto público están fijados por ley. Por otro lado, está haciendo todo lo posible por bajar el gasto público para poder reducir el déficit fiscal y así reducir también la necesidad de endeudamiento del Estado. Más no se le puede pedir”.

Ajuste a dos bandas

Todo parece indicar que el Gobierno quiere reducir la inflación a través de dos factores: la reducción del déficit fiscal a través de los “tarifazos” y el alto costo del crédito. La primera hace que los salarios reales tiendan a la baja (entre un 15 y un 19 por ciento en los últimos seis meses). El segundo limita el consumo y la inversión.

El menor poder de compra y el alto costo del crédito ayudarán a controlar la demanda y con ello la inflación, pero no suponen justamente un impulso a la expansión económica. ¿A qué apuesta Macri? Foders: “El Gobierno actual no intenta llevar al país a una recesión. Eso lo ha hecho el Gobierno anterior; el país se encuentra actualmente en plena recesión. El poder de compra ha bajado como consecuencia de la inflación; la inflación es una medida que sirve para expropiar a la población; eso es lo que el Gobierno anterior hizo y esa es la razón por la cual el Gobierno anterior prohibió la publicación de datos sobre la tasa de inflación; el INDEC fué obligado a falsificar los datos. Eso es de conocimiento público”.

¿Puede ser la inversión pública con financiación externa una salida realista de la recesión?

Foders: “La salida de la recesión va a ser consecuencia del restablecimiento de la confianza de los inversionistas argentinos y extranjeros en el futuro del país. La inversión privada generará empleo, ingresos y recaudación fiscal, y con ésta última el Gobierno podrá financiar las inversiones públicas. Para acelerar la inversión pública, el Estado podrá usar también instrumentos de deuda externa, como ser vender bonos en dólares o euros. Lo más probable es que se valga de una mezcla de instrumentos, tales como recaudación fiscal, bonos en pesos y bonos en moneda extranjera”.

Un marco internacional complicado

El marco internacional no es positivo. El FMI calcula para Latinoamérica una reducción promedio del PIB del 0,5% este año, luego de una contracción del 0,1% en 2015. Las causas principales son la caída de los precios de las commodities y la desaceleración en China. Para Argentina, el FMI pronostica una caída del 0,1% en 2016 y un repunte del 2,8% en 2017.

El pago a los fondos buitre y el combate contra la inflación tendrán un momento clave en junio, cuando el Gobierno termine de pagar a los fondos hedge y apueste por una reducción del índice inflacionario.

La ecuación está formulada, pero las variables son muchas. Se trata de un reajuste en la cuerda floja, sin red de seguridad. Del éxito del programa dependerá no solo el futuro del actual Gobierno, sino de todo el país.