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Sociedad

Amor sin fronteras: matrimonios binacionales

Una de cada siete uniones en Alemania es un matrimonio binacional. Una experiencia enriquecedora, pero que también tiene sus bemoles. En San Valentín, les presentamos una historia de amor que es cada vez más común.

El amor no distingue nacionalidades.

El amor no distingue nacionalidades.


Taylan no hace caso, no importa si sus padres le hablan en alemán o en turco. El niño de tres años no quiere permanecer quieto y, como es normal para su edad, intenta atraer permanentemente la atención de sus padres. Frank Kipp, el papá, es alemán, y la mamá, Gülser Günay-Kipp, es turca. “Taylan siempre me responde en alemán cuando le pregunto algo en turco”, cuenta Gülser haciendo referencia a sus intentos por educar a Taylan de forma bilingual. Si bien su hijo eligió el alemán para expresarse, comprende también perfectamente el turco.
 

Al comienzo, muchas dudas

El hecho de que Taylan crezca con la suerte de dominar dos idiomas se debe a que

La famila Günay-Kipp.

La famila Günay-Kipp.

sus padres conforman un matrimonio binacional. Gülser conoció hace diez años a su marido, Frank, y dos años después se casaron. Todavía recuerda muy bien los pormenores del primer encuentro con los padres de Frank.”Tenía algunas dudas y, más que nada, tenía miedo de que su familia no me aceptara”. Pero los temores de Gülser eran infundados: “todos me recibieron con los brazos abiertos”.

Entretanto, en Alemania hay muchos matrimonios como el de Gülser y Frank. En 1996 se registraron cerca de 500.000 matrimonios binacionales, y esa cifra aumentó en 2010 a 1.200.000 casamientos en los que uno de los cónyuges posee un pasaporte extranjero, según datos de la Oficina Federal de Estadísticas. Entre esos matrimonios, la cifra de mujeres alemanas casadas con hombres turcos es especialmente alta. Los hombres alemanes eligieron en primer lugar mujeres polacas, y, en segundo lugar, a las turcas.
 

Preparándose para el encuentro con la familia

Gülser se ocupó de preparar muy bien a Frank para la primera reunión familiar con los padres de ella, ya que debía tener en cuenta varios aspectos importantes. “No se debe hablar sobre cuánto se gana, ni sobre lo que uno hace durante el día, y menos acerca de las fiestas a las que uno asiste”, resume Gülser el catálogo de comportamiento turco para el encuentro con los futuros suegros.

A Frank Kipp no le hubiera gustado una boda turca tradicional.

A Frank Kipp no le hubiera gustado una boda turca tradicional.

Pero lo más estresante para las parejas binacionales es poder contraer matrimonio. Para casarse con un alemán, un ciudadano de otro país necesita contar en Alemania con una partida de nacimiento, un permiso de estadía y un certificado de capacidad matrimonial de su país que compruebe que no está casado. Los documentos deben haber sido expedidos no más de seis meses antes. Obtenerlos cuesta tiempo y dinero, y, además, se los debe traducir al alemán, hacerlos certificar por las autoridades del país de origen y legalizarlos por las autoridades alemanas.

Frank y Gülser querían casarse por iglesia. Pero como Gülser es musulmana, no era posible cumplir con el deseo de la pareja. Sin embargo, hallaron una solución: un predicador los casó en una ceremonia al aire libre. “Una hermosa boda”, dice Gülser, recordando esos momentos. “Una boda abierta al mundo, con aspectos tanto turcos como alemanes”, añade. Muy diferente, seguramente, de las bodas tradicionales turcas. “Es otro tipo de ceremonia”, dice, refiriéndose a la enorme cantidad de invitados y al carácter anónimo de la fiesta, en la los novios ni siquiera conocen personalmente, en muchos casos, a algunos de los invitados. “No hubiese sido una alternativa para mí”, dice Frank, de 39 años, “pero, por suerte, una boda así no era alternativa para ninguno de los dos”.
 

Choque de mundos

Aunque el matrimonio binacional de Gülser y Frank es armonioso, las diferencias existen. Frank es más bien tranquilo y no tan estructurado, algo que a la esposa

Gülser Günay-Kipp está satisfecha con su matrimonio, enriquecedor, según ella. Foto: DW/Arne Lichtenberg, 10.02.2012, Köln

Gülser Günay-Kipp está satisfecha con su matrimonio, "enriquecedor", según ella.

turca, que ama el orden, puede llegar a poner de los nervios. En ella se reflejan las características de comportamiento “típicamente alemanas” que han pasado a formar parte de su personalidad. “A veces siento que hay dos mundos dentro de mí”, dice Gülser. Pero Frank ama a su esposa tal y como es. “Me parece bien que mi esposa sea más bien extrovertida e impulsiva. Nos hace bien discutir de ciertas cosas. No podría soportar a alguien que dice a todo que sí”, explica Frank.

Para que el pequeño Taylan no olvide sus raíces turcas, sus padres lo envían una vez por semana a un curso de idioma turco para niños con esa lengua materna. En las clases, la maestra les lee cuentos en turco a los niños, realiza excursiones con ellos y seminarios con los padres. Lo importante para Gülser y Frank es que Taylan aprenda que hay otras personas en Alemania que también hablan otro idioma.
 

Convivencia enriquecedora

“Queremos que Taylan reciba muchas cosas, tanto del lado alemán como del turco”, dice Gülser. “Lo que él decida hacer más tarde con eso es cosa suya”, asegura. “Pero serán experiencias que lo enriquecerán, de seguro, así como todos nosotros nos enriquecemos con nuestra convivencia”. Y, como si hubiera entendido exactamente a qué se refiere su mamá, Taylan le regala una sonrisa.

Autor: Arne Lichtenberg/ Cristina Papaleo
Editor: Enrique López

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