Alejandro Marco-Buhrmester: “Hay absurdos inadmisibles″ | Música | DW | 16.08.2013
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

Música

Alejandro Marco-Buhrmester: “Hay absurdos inadmisibles"

Tras la polémica por la puesta en escena que Frank Castorf ideó para "El anillo del nibelungo" del bicentenario Wagner, DW habló sobre canto y absurdos operísticos con el barítono Alejandro Marco-Buhrmester.

***ACHTUNG: Bild nur zur Berichterstattung über die Bayreuther Festspiele 2013 verwenden!!!*** Auf dem Bild: Alejandro Marco-Buhrmester als Gunther in Bayreuth. Foto: Bayreuther Festspiele / Jörg Schulze

Alejandro Marco-Buhrmester als Gunther in Bayreuth

En la concepción escénica de Castorf ha tenido cabida un poco de todo y, según algunos, mucho de nada. ¿Su trabajo es una provocación, un absurdo, una insolencia? ¿O una tormenta de ideas que Castorf ha plasmado sin demasiada elaboración sobre el escenario? ¿Se refugia el otrora enfant terrible de Alemania del Este en que el público de Bayreuth es demasiado conservador para entender sus inusuales propuestas? ¿O su trabajo fue abucheado porque sencillamente no tiene la suficiente consistencia?

Wall Street es el Valhalla, según Frank Castorf.

Wall Street es el Valhalla, según Frank Castorf.

El barítono alemán de padre español Alejandro Marco-Buhrmester conoce la producción de primera mano. La segunda tanda de representaciones de la tetralogía El anillo del nibelungo tiene lugar en estos días y, en su última jornada, “El ocaso de los dioses”, Alejandro encarna el papel de Gunther. La mismísima Katharina Wagner lo invitó a cantar hace más de una década en el Festival, donde debutó en 2001 como Konrad Nachtigall, en Los maestros cantores de Nuremberg. Fue la última puesta escena realizada por Wolfgang Wagner, nieto del compositor y padre de Katharina. Desde entonces, y antes de que llegaran papeles más grandes, como Amfortas, en Parsifal, y Gunther, en “El ocaso de los dioses”, Marco-Buhrmester comenzó a albergar un singular respeto hacia el escenario de la Colina Verde.

Deutsche Welle: ¿Le parece injusta la excesiva importancia que se otorga a los directores de escena en la ópera actual?

Alejandro Marco-Buhrmester: Ciertamente, la parte escénica ha desplazado a la musical en las últimas décadas. No solo se trata de una situación injusta, sino que además es un síntoma de nuestra época. Hemos crecido teniendo más al alcance la técnica que el arte. El propio arte implica cada vez más técnica y menos inspiración. Y el público de hoy día carece, sencillamente, de la inocencia necesaria para creer en la belleza.

Hace usted habitualmente repertorio contemporáneo y, seguramente, no se asusta ante propuestas innovadoras, como la de Castorf.

Me gustan las ideas nuevas, pero solo si tienen sentido. Lo que no me entusiasma es lo absurdo. En el caso concreto de Castorf, me he sentido mejor de lo que pensaba al principio. Aunque no me convence todo lo que ha hecho, Gunther, mi personaje, ha funcionado bien. Castorf nos ha involucrado mucho en su trabajo, pero creo que no ha conseguido hacer un gran “todo” formado por muchas partes sueltas.

¿Ha vivido usted situaciones escénicas absurdas?

Castorf ha involucrado a los cantantes en su trabajo, pero el resultado no convence del todo a Alejandro Marco-Buhrmester.

Castorf ha involucrado a los cantantes en su trabajo, pero el resultado no convence del todo a Alejandro Marco-Buhrmester.

El concepto absurdo es difícil de definir. ¿Es absurdo que Sigfrido hable de su espada Notung cuando en realidad empuña un fusil kalaschnikov? ¿Es absurdo que Gunther regente un local de comida turca en Berlín y que cuando aluda al Rin se refiera a un río que está a más de 400 kilómetros de la capital alemana? ¿O es absurdo que, en lugar de expresar mis emociones, deba orinar en una esquina del escenario mientras canto un aria? Me negaría a este último extremo, porque no tiene ningún sentido. Los dos primeros casos se dan realmente en la puesta en escena de Frank Castorf para “El ocaso de los dioses” y me parecen admisibles, porque aún puedo fantasear mi propio mundo sobre el escenario.

¿Qué significado tiene para usted cantar en Bayreuth y qué es diferente respecto a los otros teatros del mundo?

La gran diferencia es la historia que tiene detrás, el hecho de que un compositor lo haya creado para interpretar exclusivamente sus obras y que, tras su muerte, sus descendientes se hayan esforzado por conservar ese espíritu. Pero hay otra cosa importante: la gente que trabaja en la Colina Verde lo hace porque quiere. Y me refiero a todo el personal: desde la administración, los distintos talleres y el personal técnico, hasta la orquesta, los cantantes y los directores.

Este año trabaja con Kirill Petrenko en “El ocaso de los dioses”, pero en otras ocasiones ha actuado en producciones dirigidas por Christian Thielemann, ¿cómo es cantar Wagner con el que podríamos denominar el actual “profeta” del compositor?

Además de en mi debut en Los maestros cantores en 2001, he tenido la gran suerte de trabajar con él en varias ocasiones más, gracias a lo cual he aprendido muchísimo sobre Wagner. Si tuviera que resumir brevemente por qué, diría que, a través de Thielemann descubro cada vez más “italianidad” en la música de este compositor. O quizá es que el propio Thielemann se va “italianizando” y, de esta manera, me acerca a la música de Wagner. Pero con Petrenko tuve esa misma sensación hace dos años cuando hicimos Tristán e Isolda y ahora se ha vuelto a repetir.

En 2013 se conmemoran los bicentenarios de Wagner y Verdi. Usted suele encarnar personajes de ambos compositores, ¿le ayuda el hecho de que su padre sea español y su madre alemana?

Lamentablemente, este año no voy a hacer nada de Verdi y sí varias producciones de Wagner. Me parece que estos dos compositores no son tan diferentes como pudiera parecer e incluso diría que ambos tienen personajes análogos: Rodrigo di Posa, de Don Carlos, tiene la misma exigencia vocal que Wolfram, de Tannhäuser. Ford, de Falfstaff es comparable a Amfortas, de Parsifal. Personalmente, me siento mejor con los personajes de óperas italianas y francesas. En cualquier caso, me ha influido mucho tener un padre del sur de Europa, que tocaba a la guitarra canciones españolas, y una madre alemana, que me cantaba canciones de este país.

¿Conoce y le interesa el repertorio hispano?

Soy un gran admirador de Joan Manuel Serrat, cuyas canciones escuchaba cantar a mi padre. ¡Incluso yo mismo las he llegado a entonar! En mi último Liederabend interpreté las Siete canciones populares españolas, de Manuel de Falla, y en 2009 estrené la ópera La cabeza del Bautista, de Enric Palomar. Además, me encantaría cantar una buena zarzuela.

Autora: María Santacecilia
Editor: Pablo Kummetz

DW recomienda