Acapulco no es Iguala | América Latina | DW | 05.12.2014
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América Latina

Acapulco no es Iguala

La distancia en línea recta entre Iguala y Acapulco es de solo 170 kilómetros. Ambas ciudades están en Guerrero. Para el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, este parece ser sin embargo un trayecto insuperable.

El 1 de diciembre se informó sobre la visita del presidente Peña Nieto a la ciudad de Iguala. Esta sería su primera visita desde la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes hace más de dos meses. De acuerdo con medios mexicanos tenía previsto hacer anuncios en materia de seguridad, pero la visita fue cancelada a último minuto sin mayores explicaciones. ¿Quiso evitar posibles incidentes violentos, o pretendió en cambio llevar a los hechos su propuesta en cuanto a que “ hay que superar” el dolor por lo sucedido en Iguala? La respuesta solo la conocen él y sus asesores.

Los anuncios sobre seguridad e infraestructura los hizo en cambio en Acapulco. Probablemente este legendario balneario está más cerca de su proyecto económico. En su discurso dejó en claro que la reactivación económica de este centro turístico mexicano es prioritaria. "Para asegurar paz hay que asegurar desarrollo", subrayó. Sin duda tiene razón: en Guerrero, una de las regiones más pobres de México, el turismo es la principal actividad económica. Pero una corta estación en Iguala antes de llegar a Acapulco habría sido un símbolo conciliador.

Importante tranquilizar a los turistas

Más de 900 policías federales recorren desde ayer las calles de Acapulco en la lucha por recuperar el mercado de turismo canadiense, el estadounidense y el sudamericano. El gobierno federal lanza un operativo en el que asume desde ya la seguridad de la ciudad bajo mando militar. La ciudad balneario se convierte así en la marca de salida de la implementación activa del plan de 10 puntos presentado hace una semana por el gobierno para poner coto al crimen organizado y la impunidad en México.

Desde el 3 de diciembre la reconstrucción de la policía municipal con depuración de elementos no confiables y nuevos reclutamientos y la presencia de fuerzas federales se extiende también a toda la región de Tierra Caliente que abarca municipios de cuatro estados en el sur de México. Está por verse si no se trata solo de una gota en el desierto. En esa región en la que grupos criminales como Los Rojos y Guerreros Unidos mantienen cruentas pugnas por el control de las rutas para traficar drogas como heroína y marihuana parecería necesario mucho más que 900 policías para Acapulco con sus 790.000 habitantes; y los 2.000 policías para los otros 36 municipios son una aguja en un pajar.

México presenta examen

Ya desde el 2008 bajo el gobierno del anterior presidente Felipe Calderón se transfirieron recursos a las entidades con mayores problemas de inseguridad para instituir un nuevo modelo policial. En los últimos siete años el monto suma los 2.100 millones de dólares. Estas inversiones millonarias en las unidades policiales no mejoraron la seguridad en México; no se logró retirar a los agentes corruptos, como lo demuestra Iguala.

Ahora, después de más de 20.000 personas asesinadas en México desde que el presidente Enrique Peña Nieto comenzara su gestión en 2012, disuelve los cuerpos de policías municipales. ¿Logrará realmente poner coto al secuestro, al homicidio y la extorsión con su nuevo proyecto? En Acapulco comenzó el tiempo de prueba tan audazmente ganado por el presidente con su plan de diez puntos. Tiempo que, según parece, pronto podría agotarse.

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