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El Mundo

A la cumbre del G20 le falta algo

Un fuerte descontento se hizo notar en Brisbane, a donde arribaron los jefes de Estado que participan en la cumbre del G20. Las normas de seguridad no tienen precedentes, y hay intentos por controlar el debate público.

El centro de la ciudad de Brisbane está cerrado, helicópteros sobrevuelan la capital del estado de Queensland. Alrededor de 6.000 policías de toda Australia y del extranjero participan en el mayor operativo de seguridad del país en tiempos de paz.

También las empresas de Brisbane están preocupadas. Poco antes de la cumbre de las 20 mayores economías del mundo, que tiene lugar este fin de semana, han abandonado el distrito financiero en el corazón de la ciudad. Algunos incluso temen consecuencias políticas, ya que la línea aérea de Brisbane, “Brisbane Airport Corporation”, prohibió una valla publicitaria sobre el cambio climático, causando revuelo a nivel mundial.

El mensaje es demasiado político, asegura Rachel Crowley, directora de comunicación de la compañía aérea, en entrevista con DW. La publicidad muestra a un vinicultor que, el año pasado, en un solo día, sufrió pérdidas por 25.000 dólares (unos 17.500 euros), después de perder su cosecha a causa de la sequía extrema.

Esta valla publicitaria fue retirada del aeropuerto de Brisbane.

Esta valla publicitaria fue retirada del aeropuerto de Brisbane.

Dermot O'Gorman, jefe del Fondo Mundial para la Naturaleza en Australia (WWF, por sus siglas en inglés), quería impulsar con la valla publicitaria un debate en Twitter, para que los jefes de Estado incluyan el cambio climático en su agenda como un tema independiente.

O'Gorman se mostró “sorprendido y decepcionado” por la prohibición. “Australia es un país democrático, estamos orgullosos de nuestra tradición de libertad de expresión. Pero ahora, que los líderes del G20 han llegado, deja una muy mala impresión el hecho de que instituciones como el aeropuerto prohíban este tipo de comunicación”.

El cambio climático no está en la agenda

Por su parte, el Comisionado para los Derechos Humanos de Australia, Tim Wilson, dice en conversación con DW que él no hubiera tomado esta decisión. Evidentemente, la prohibición ha causado más revuelo a nivel mundial que la misma campaña publicitaria, explica.

No obstante, Wilson, el encargado de la política climática del gobierno, niega que se trate de esconder el tema bajo la alfombra. “Nunca hubo un momento en el que no hayamos debatido el tema. Durante años, incluso fue un tema prioritario para el gobierno”, subraya Wilson.

El vinicultor David Bruer entrega una petición contra la prohibición a una empleada del aeropuerto de Brisbane.

El vinicultor David Bruer entrega una petición contra la prohibición a una empleada del aeropuerto de Brisbane.

Australia es el único país industrial que hasta la fecha ha derogado el impuesto a las emisiones de CO2 para las empresas y que ha rechazado el comercio de estas emisiones. Sobre todo las empresas mineras australianas sacan provecho de ello, pero también los consumidores, puesto que las empresas hubieran transferido el aumento de los costos a los consumidores, aumentando el precio del gas y de la electricidad.

Muchos creen que de esta forma el gobierno intentó ganar votos. Sin embargo, Wilson argumenta que “el comercio de emisiones no fomenta la innovación que necesitamos, sino las tecnologías que ya estamos usando. Y estas, a su vez, no son suficientemente eficaces”.

El tema debería ser discutido a nivel internacional. Sin embargo, el gobierno australiano ni siquiera ha puesto el cambio climático en la agenda de la cumbre del G20. Y esto que Brisbane atraviesa la peor sequía de su historia.

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