Winnenden: consternación e ira | Alemania | DW | 12.03.2009
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Alemania

Winnenden: consternación e ira

Los ataques mortales en escuelas de países como Alemania, Estados Unidos y Finlandia parecen responder a presiones sociales específicas en países ricos, opina Klaus Dahmann, de Deutsche Welle.

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Consternación, ira, tristeza. En este triángulo de sentimientos se mueven quienes estaban directamente relacionados con las víctimas, al igual que todos los que nos enteramos del ataque en una escuela de la ciudad de Winnenden.

Unos piden leyes más estrictas para el comercio de armas; otros, controles en general para garantizar que las escuelas sean sitios de alta seguridad. De un lado se opina que los alumnos deben simplemente recibir mejor atención psicológica y pedagógica, mientras que algunos más demandan la prohibición de juegos de vídeo y computadora en los que aparezcan escenas violentas.

Todo caerá pronto en el olvido, y quedarán sólo el estupor y la impotencia. Una pregunta permanece sin respuesta real: ¿cómo pueden evitarse tales incidentes?

La pregunta central

Ninguno de los testimonios recabados hasta el momento por parte de quienes conocieron al atacante hablan de un adolescente cuya personalidad sea un caso para la psiquiatría. Además, provenía de un hogar pudiente en el que no existía el hambre ni enfermedades irremediables.

¿Qué razones causan estos incidentes tanto en Estados Unidos como en Finlandia y Alemania? ¿Por qué pasa esto precisamente en sociedades ricas en las cuales los sistemas educativos se tienen por ejemplares (recordemos el caso de Finlandia, número uno en evaluaciones internacionales)?

Con análisis subjetivos poco se avanzará. Puede que algunos problemas propios de la pubertad -como el odio a las mujeres, que aparentemente originó el ataque de Winnenden- jueguen algún papel, pero no alcanzan para explicar el fenómeno. Tampoco la sola disponibilidad de las armas, por sí misma, convierte a un joven en asesino. ¿Qué es, entonces?

Presión psicológica

Todo indica que tales incidentes responden a determinada presión psicológica que está presente especialmente en sociedades acaudaladas. Algunos programas de televisión transmiten la impresión de que el paso más digno para evadir el aninimato es conquistar una vez en la vida los encabezados de la prensa mundial. Éste fue el fin que persiguió el atacante de la escuela Columbine High School, en 1999.

Punto número dos: Columbine es vista como ejemplo, lo cual aparentemente sucedió en Erfurt. Y no a través de periódicos, la radio o la televisión, sino en el medio por excelencia de las sociedades ricas: Internet. Éste se ha convertido en un foro incontrolado e incontrolable, en el cual tienen cabida no solamente ideas más o menos intelectuales sino también intercambios inocuos y hasta puntos de vista fatales que implican un atentado a la dignidad humana.

El papel de Internet

El caso de Winnenden confirma que los medios tradicionales han perdido la exclusividad de informar, que en parte ha pasado ahora a los blogs. Los weblogs fueron más rápidos que los medios tradicionales, pero también difundieron información falsa.

La interpretación de los bloggers acerca del ataque de Winnenden rebasará los hechos publicados en otros medios, y los dejará en la sombra. Supuestamente se trata de más democracia: cada quien encuentra un espectro más amplio de interpretaciones, así éstas sean cínicas y contrarias a la dignidad humana. Y también aunque conduzcan a otros ataques.

En personas psíquicamente vulnerables –y dentro de ellas se encuentran jóvenes, tanto los capaces de llevar a cabo tales atentados como los que no-, esto puede traer consecuencias tan dañinas como los videojuegos o los juegos por computadora. La mezcla que todo ello produce es un auténtico polvorín.

Lo que se necesitan son normas y más educación orientada a las normas, tanto en lo que concierne al trato con los demás como en el uso de los medios. Normas que, según parece, se han perdido en partes del mundo que pudieran permitirse tenerlas.

Alemania, por lo visto, es uno de esos lugares.

Autor: Klaus Dahmann

Editor: Enrique López Magallón

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