Viviendo sin plástico: ¿independencia o esclavitud? | Global Ideas | DW | 05.01.2016
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Global Ideas

Viviendo sin plástico: ¿independencia o esclavitud?

El año nuevo es el mejor momento para las buenas intenciones y he decidido poner en práctica un propósito. Durante un mes voy a desterrar el plástico de mi vida y de mi hogar. Y mis hijos tendrán que tomar parte.

En Global Ideas nos encontramos con mucha gente interesante haciendo cosas impresionantes para proteger y salvar nuestro planeta. Sus esfuerzos siempre me hacen pensar en todas las cosas que podría estar haciendo. No tengo los conocimientos tecnológicos suficientes como para construir una pista de baile que produzca energía,  ni tampoco tengo el suficiente espíritu emprendedor como para crear una  marca de ropa sostenible. Pero una entrevista publicada por una colega con Lauren Singer, una joven neoyorquina que no ha generado prácticamente basura en los últimos tres años, y una rápida ojeada a mi bolsa de la compra, me animó a dar el paso.

Éste es el plan: el mes que viene trataré de usar productos sin plástico para mí y mis cinco hijos (cuatro viven en casa, y uno va y viene) Ya que una gran parte del tiempo la paso en el trabajo, y tengo un presupuesto limitado, me propongo hacerlo sin invertir más tiempo o dinero del que me costaría mi compra semanal habitual en el supermercado. ¿Acabo de oírte reír? Creo que sí. Y tal vez tengas razón…

Frascos con frutos secos.

Los frutos secos y los copos de avena no son tan difíciles de conseguir. El arroz, sin embargo, es otra historia.

Aunque mi “experimento” –llamado así por mi hija mayor, que duda de mis habilidades culinarias, justificadamente, y que se muestra escéptica sobre mi capacidad de fabricar un desodorante casero – comenzó oficialmente ayer, la semana pasada fue un torbellino de preparativos.

Aparte de las interminables horas que he pasado en Internet tratando de obtener lo básico, he limpiado mi piso de todos los envases y guardado todo en frascos de vidrio, que a partir de ahora se rellenarán únicamente con productos que pueda comprar sueltos o envueltos en papel. He recorrido todo Berlín con mis hijos en busca de artículos como queso sin envasar, tofu, champú y manteca de cacao, un ingrediente básico para el bálsamo labial y el chocolate, que hasta ahora habíamos comprado envuelto en plástico.

La mayoría de las veces regresábamos a casa con las manos vacías y desanimados, mientras dos preguntas me rondaban la cabeza. En primer lugar, ¿cómo puedo convencer a un exigente goloso de tres años de que mis tiras de fresa y plátano, que no tienen tan buen aspecto saben tan bien como las gominolas? Y, en segundo lugar, y lo que es más importante, ¿por qué casi todo, desde el pepino envuelto en plástico, los tomates en cajas absurdas de plástico, que se abren en el peor momento, hasta el papel higiénico, que no sirve para grandes cosas, está envuelto en plástico “protector”?

¿Se debe a que el plástico es transparente? Por lo tanto, ¿ya no somos conscientes de ello y nos hemos quedado ciegos sobre su impacto ambiental? Incluso las múltiples tiendas de alimentos orgánicos, que he visitado en los últimos días, no ofrecen a sus clientes suficientes productos sin envasar para asegurarles una dieta equilibrada. Me parece toda una contradicción. Y nada menos que en Berlín, una ciudad que se enorgullece de su próspera escena alternativa.

Primeros días

Decido no tirar la toalla tan rápido. Lleva tiempo cambiar cualquier hábito. El intento de vivir sin plástico es como tratar de dejar de fumar y que alguien te diga: “vamos, por un cigarrillo no pasa nada”. ¿Qué más da un paquete más de arroz? Poco en relación con los residuos del siglo XXI, pero ¿por qué no elegir alternativas si las hay?

Un frasco con mantequilla.

Mantequilla corporal que hice con mis hijos. No obstante, no les gusta el olor. La próxima vez probaremos con otro aceite esencial.

La que está en boca de todos los berlineses que quieren vivir sin desperdicios es “Original Unverpackt” (https://original-unverpackt.de/), una tienda que, como su nombre indica en alemán, está totalmente dedicada a un estilo de vida libre de envases. Tiene cientos de productos en stock, es una idea ingeniosa y exactamente lo que necesito. Lamentablemente, estaba cerrada durante las vacaciones de Navidad, cuando habría tenido tiempo para explorarla. Ahora está abierta de nuevo, pero en mis horas de trabajo o cuando vuelvo a casa con prisas para que la niñera pueda irse y yo preparar la cena (lo que teniendo en cuenta mi tasa actual de éxito en la compra, significa hervir verduras y hacer más tiras de fresa y de plátano)

Tan pronto como tenga un día libre iré a la tienda, pero sé que tardaré demasiado tiempo. Necesitaré por lo menos hora y media de ida y vuelta, sin contar los minutos de compra real. Si le añado el hecho de que no tengo coche, vivo en un quinto piso sin ascensor, y tendría que cargar lo suficiente para alimentar a seis personas durante una semana (todo ello en botellas y frascos de vidrio), “Original Unverpackt” no parece ser la opción más viable para mí.

Cerca de mi casa hay un mercado al que tenía previsto ir esta mañana, antes del trabajo, pero el frío que ha soplado en Berlín durante los últimos días ha mantenido alejados a los comerciantes. Cuando llegué, la plaza estaba vacía. Quizá tenga más suerte la próxima vez. Mientras tanto, he encontrado un folleto de una cooperativa local. Esta noche haré el pedido por Internet y recogeré la entrega el jueves. Según la web, debería llevar mis propios recipientes. Por fin podré conseguir pepino y brócoli, dos cosas que mis hijos comen con devoción, aunque no resuelva todos los problemas: ¿qué pasa, por ejemplo, con el papel higiénico?

Un asunto delicado

No quiero insistir demasiado, pero este artículo de primera necesidad es absurdamente difícil de conseguir en cualquier tipo de envoltorio respetuoso con el medio ambiente. Ni siquiera en “Original Unverpackt”. Después de horas de búsqueda, en las que recibí cartas de fabricantes que decían que empaquetaban sus productos en envases de plástico por razones higiénicas, finalmente encontré una empresa en Múnich que vende rollos de papel higiénico extra grandes, atados con un pedazo de cuerda de papel. ¡Bingo! Pedí una caja de 24 rollos. Por sólo 39 euros más gastos de envío y embalaje (no plástico). 

Envases alimentarios de plástico.

Deshazte de las cosas viejas. El plástico va a ser un hábito difícil de romper.

Sí, es insanamente caro y parece ridículo tener que transportarlo cientos de kilómetros. Lo mismo ocurre con 12 cepillos de dientes de bambú que me han costado otros 40 euros. Pero estoy segura de que tanto los cepillos como el papel higiénico durarán más tiempo que sus homólogos convencionales, o ya veremos. Espero tener razón, no sólo porque mis hijos mayores empiezan a cuestionar mi cordura, sino porque si el precio que pago por mi nuevo estilo de vida sin plástico es demasiado alto, a largo plazo tendré que volver a mis viejos hábitos.

Por el momento estoy totalmente comprometida con la aventura del nuevo año. Creo que está llena de posibilidades. Por un lado, puedo contribuir a la protección del medio ambiente, y por otro, puedo hacer algo por mí y por mi familia a través de los efectos indirectos: mi apartamento está más libre de cosas innecesarias y la comida sin plástico es más saludable.

Para averiguar cómo me siento, sígueme @TamsinkateW y si tienes un proyecto ambiental que te gustaría compartir, envíanos un correo a doingyourbit@dw.com o sube tus historias, fotos y vídeos visitando nuestra página doingyourbit. ¡Esperamos tener noticias tuyas!

 

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