Una mentira lleva a la otra | Ciencia | DW | 27.10.2016
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Ciencia

Una mentira lleva a la otra

Con las mentiras sucede como con muchas cosas, mejor de lejos. Un estudio muestra que podemos acostumbrarnos fácilmente a ser mentirosos.

Neurólogos de la University College London (UCL) llevaron a cabo un experimento en el que se incitaba a los participantes a mentir repetidamente. Dependiendo de la gravedad de la mentira, estos recibían recompensas económicas.

Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores. "El estudio es la primera prueba de que el comportamiento deshonesto se agrava si se repite”, dice Neil Garret, neurólogo del Departamento de Psicología Experimental de la UCL.

En el experimento, 80 voluntarios miraron fotos de recipientes con diversas cantidades de monedas. Luego se les inducía a aconsejar a una persona sobre la cantidad de dinero que había en el bote. El colaborador era un actor que ellos no conocían y que tenía una visión borrosa del mismo recipiente,

Buenas y malas mentiras

En el primer intento, los participantes recibieron una recompensa económica por ser honestos. "Se les dijo que ambos - tanto el voluntario como el actor - recibirían más dinero cuanto más exacta fuese la cantidad que mencionara", explicó Garret en un coferencia de prensa. En el segundo experimento hubo recompensa para ambos si se daba una estimación errónea. Y en el tercero, se les explicó a los participantes que la mentira perjudicaría a su colaborador.

"La gente mentía la mayoría de las veces si ambos podían sacar provecho", dijo el coautor, Tali Sharot. "Si era solo positivo para uno, pero perjudicaba, entonces se mentía menos”, añadió.

Neil Garret explicó a Deutsche Welle, ante la pregunta de si hay buenas o malas mentiras, que "se podría decir que las mentiras son siempre más graves cuando hacen daño a los engañados. Hemos descubierto que la gente engaña más cuando la mentira es provechosa para ambas partes, que cuando la mentira le perjudica algo al engañado. Pero la escalación se aprecia en ambos escenarios de igual manera”, afirma.

Gehirn Amygdala (CC-BY-SA- Washington Irving)

Ubicación de la amígdala.

Los participantes se diferenciaban mucho en el grado de discrepancia con respecto a la realidad y en el índice de agravamiento de la deshonestidad. Sin embargo, todos los voluntarios tenían algo en común: el mismo patrón de engaño y el aumento progresivo de las mentiras.

Más de un cuarto de los participantes fueron observados a través de tomografías, durante los experimentos. La parte del cerebro que rige las emociones, la amígdala, reaccionaba con fuerza cuando los participantes mentían. Fue así por lo menos al principio. Cuanto más desmesuradas eran las mentiras, menos reacciones se registraban en la amígdala. Los investigadores llaman este proceso "adaptación emocional".

Mejor no mentir

"La primera vez cuando hacemos trampas en la declaración de la renta, nos sentimos algo mal”, dice Sharot, "pero la siguiente vez, cuando volvemos a engañar, ya nos hemos adaptado. No hay reacciones negativas que nos retengan de hacerlo”, añade.

Cuanto más mintamos, más hábiles nos volveremos. Este parece ser un claro resultado del estudio. Es también una razón para no confiar en nadie que haya mentido una vez.

Autor/Agencias: Glb/Fs/AP, AFP

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