Un millón de peregrinos celebra al beato Juan Pablo II | El Mundo | DW | 01.05.2011
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El Mundo

Un millón de peregrinos celebra al beato Juan Pablo II

Aplausos atronadores, lágrimas de alegría y emoción: Juan Pablo II se convirtió hoy en beato de la Iglesia católica en una de las ceremonias más multitudinarias recordadas en Roma.

Miles se reunen

Un millón de personas acuden a la Plaza de San Pedro.

Un millón de fieles, peregrinos y turistas curiosos siguieron en la Plaza de San Pedro con devoción la ceremonia de beatificación de casi tres horas del polaco Karol Wojtyla, quien tras su muerte sigue siendo tan popular como en vida. El fallecido papa polaco se encuentra ahora a un paso de la canonización, tal y como exigieron miles de fieles durante su funeral hace seis años con gritos de "Santo subito!", es decir, "¡santo ya!".

"¡No tengais miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo!". Con estas evocadoras palabras inauguró Juan Pablo II su pontificado de 27 años de duración, uno de los más largos de la historia. La avalancha de peregrinos en Roma para la beatificación de este hombre en el Día Internacional del Trabajo demuestra la fuerza con la que este estímulo ha persistido en muchos hasta hoy.

Y eso, porque él mismo tomó en serio sus palabras, según afirmó su sucesor Benedicto XVI durante la ceremonia. "Lo que el recién elegido papa fue el primero en reclamar, también ha sido el primero en cumplir", afirmó el alemán Joseph Ratzinger, en su día uno de los más estrechos colaboradores de Wojtyla.

El "papa viajero" Juan Pablo II abrió nuevas puertas a la fe en los 127 países que visitó durante su pontificado, y eso sobre todo entre la gente joven. "Estamos aquí porque consideramos a Juan Pablo un papa muy especial", afirman Michael y Mirjam, quienes viajaron a la beatificación desde la ciudad alemana de Tréveris. "Su cercanía con la juventud era algo muy especial", señalan.

Muchos peregrinos polacos

Sobre el cielo de Roma giraban sin parar las hélices de los helicópteros de la policía, mientras por las calles apenas circulaban coches, algo insólito en la capital italiana. "Sálvese quien pueda", fue el lema de los romanos para este día, quienes prefirieron abandonar la ciudad y dejarla en manos de los peregrinos y turistas.

Entre estos últimos había muchos polacos, que inundaban con sus mochilas y banderas no sólo la inmensa Plaza de San Pedro sino también la anexa Via della Conciliazione hasta el mismo Tíber. Algunos pasaron la noche en calles próximas al Vaticano, mientras muchos otros rezaban a la luz de las velas en las iglesias que estuvieron abiertas durante la noche.

La Ciudad Eterna perteneció este fin de semana a los admiradores de Karol Wojtyla. Fue un evento católico excepcional e histórico: por primera vez en más de mil años un papa beatificó a su directo predecesor. Joseph Ratzinger lleva a Juan Pablo II en el corazón, después de que lo trajera a Roma y le enconmendara la dirección de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Por eso es también que Benedicto XVI no quiso que ningún otro celebrara por él la solemne y agotadora ceremonia. Juan Pablo II es el papa número 11 beatificado en los últimos tres siglos. Hasta ahora sólo dos de ellos han sido también canonizados.

"¡No tengais miedo!"

En la noche anterior a la beatificación también se tocó el tema en una vigilia de oración celebrada en el Circo Massimo: "Seguro que pronto será también santo", se mostró optimista el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz, en su día secretario personal de Juan Pablo II. Benedicto XVI afirmó por su parte que su "fama de santidad" ya estaba extendida antes de su funeral en 2005.

"Te pedimos que desde el cielo continúes reforzando la fe del pueblo de Dios", fue la plegaria dirigida por el actual papa a su predecesor, quien pese a su cercanía a los fieles y dominio de los medios de comunicación mantuvo una línea moral fuertemente conservadora.

Los escándalos de abusos sexuales a menores en la Iglesia católica han supuesto un duro golpe para el Vaticano. Michael de Tréveris estima no obstante que "la beatificación es algo independiente de la crisis de la Iglesia, aunque sí, los escándalos comenzaron a verse después después de su muerte y él los encubrió, uno de sus errores".

La pomposa ceremonia ante un millón de personas bajo el sol de Roma sirvió para reiterar el lema de Wojtyla: "¡No tengais miedo!".

Su sucesor alemán rezó de rodillas en silencio ante el sencillo ataúd de madera de Juan Pablo II.

Fuente: dpa

Editora: Claudia Herrera Pahl

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