Para algunos austríacos, las vacaciones de verano significan activismo climático | Global Ideas | DW | 26.06.2018
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Global Ideas

Para algunos austríacos, las vacaciones de verano significan activismo climático

El cambio climático es un problema urgente. Cada vez más gente se compromete a combatirlo. Algunos incluso pasan sus vacaciones de verano en un campamento climático.

Un cálido viento ondea a través de las amapolas escarlatas al borde de un camino rural que conduce al pueblo austríaco de Wolkersdorf. Un agricultor local ofrece cerezas frescas de su árbol, templadas por el sol, a los visitantes. Cuando oye hacia dónde se dirigen, les muestra su aprobación.

Es el día de Corpus Christi, las primeras vacaciones del verano, y en lugar de holgazanear en la playa, ir de picnic o hacer senderismo en las montañas, unos pocos cientos de personas han llegado al Campamento Climático Klimacamp 2018, parte del movimiento System Change, Not Climate Change(Cambio del sistema, no del clima) que está trabajando para detener el peligroso cambio climático.

El evento en Wolkersdorf, una comunidad agrícola a unos 30 kilómetros al noreste de Viena, se celebra en un terreno proporcionado por un agricultor orgánico local que apoya la acción ambiental. Las reuniones diarias y la cocina comunitaria se llevan a cabo en un pequeño prado y huerto, y unas 50 tiendas de campaña están cuidadosamente ubicadas en un campo de barbecho cercano.

Un grupo de personas sentada en un prado, en primer plano se ve una pancarta.

El objetivo de este año, es detener la construcción de una nueva pista de aterrizaje en el aeropuerto de Viena.

Éste es sólo uno de los muchos campamentos climáticos  durante este verano. Según los organizadores, cada vez más personas son conscientes de la magnitud de la crisis climática y están dispuestas a involucrarse.

"Estamos luchando por el futuro de nuestra generación”, dice Hannes, uno de los participantes. No quiere dar su nombre completo porque está planeando asistir a varias protestas pacíficas de desobediencia civil durante sus vacaciones universitarias de verano.

"No somos extremistas. Somos personas sensatas y comprometidas con la naturaleza y el clima”, aclara. "Extremistas son aquellos que pretenden seguir quemando carbón y talando bosques porque con ello destruyen el medio ambiente que necesitamos para vivir”, critica.

Hannes no es el único que piensa así. Basta con mirar en redes sociales, como Twitter, para encontrar rápidamente voces similares en todo el mundo: bloqueos para proteger un viejo bosque en Polonia, o la ocupación de una mina de carbón en Alemania, así como protestas contra la fracturación hidráulica (del inglés, fracking) en Australia. En Francia, se llevó a cabo una protesta contra las importaciones de aceite de palma con la ayuda de tractores, mientras que en EE.UU se intentó impedir la construcción del oleoducto de acceso de Dakota (del inglés, Dakota Access Pipeline, #NoDAPL)

Campañas de protesta

La Fundación Carnegie para la Paz Internacional, un comité asesor de Washington D.C., ha documentado un aumento de las protestas cívicas en las últimas décadas, con importantes manifestaciones en 60 países entre 2010 y 2015. Varias de ellas por causas ambientales.

Según la Red Internacional de Organizaciones para las Libertades Civiles, sin embargo, este aumento del activismo ha llevado a algunos gobiernos – como los de Estados Unidos, Australia y Polonia – a proponer, y en algunos casos aprobar, leyes más restrictivas sobre protestas de todo tipo.

Mientras tanto, en el campamento climático de Wolkersdorf, hay una fuerte sensación de que se está haciendo algo. Este año, la atención se centra en diferentes eventos para detener la construcción de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Viena. El proyecto fue aprobado recientemente por el Tribunal Superior de Austria, pero será objeto de posibles impugnaciones a nivel europeo.

Una hamaca entre dos árboles en el terreno del campamento climático.

La gente de aquí no está interesada en las vacaciones de verano, sino que quiere cambiar las cosas.

"La gente tiene que entender lo mucho que esta pista dañaría el clima”, dice Mira Kapfinger. Para ilustrarlo, los activistas utilizan docenas de enormes globos plateados de tres metros cuadrados, cada uno de los cuales representan 500.000 toneladas de CO2 que serán provocadas por la pista.

En otro lugar del campamento, unas 20 personas se han reunido a la sombra de unos pocos álamos para idear un "flash mob” (una especie de acto multitudinario relámpago, en que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente) en el aeropuerto a finales de este verano. La idea es representar un simulacro de funeral por el clima de la Tierra, con un globo terráqueo en un ataúd.

Activismo con tradición

El campamento climático tiene lugar a pocos kilómetros al norte de donde un levantamiento civil masivo a mediados de la década de 1980 impidió otro megaproyecto, una central hidroeléctrica que habría alterado literalmente el curso del Danubio.

Un grupo de personas sentada a la sombra de un árbol.

Para cambiar algo, hay que involucrarse y convencer a otros, según los activistas. Las estadísticas demuestran que tienen razón.

Paul Sutter, historiador de medio ambiente de la Universidad de Colorado, cree que ahora podría ser el momento para una nueva ola de compromiso cívico, aunque con un enfoque global y contemporáneo.

"Hace una o dos generaciones, las protestas tenían por objeto salvar un lago, un bosque o un humedal en particular”, explica Sutter. "Hoy, se trata de abordar la amenaza del calentamiento global. La acción civil sigue siendo una de las formas más eficaces de ejercer una presión constante y de sensibilizar a la opinión pública para que también sea consciente de ello”.

En las últimas décadas, los activistas ambientales han ganado muchas batallas. Sin embargo, según los científicos no es suficiente. Y es que hay muchas personas que ya sufren los impactos mortales del cambio climático hoy en día. Todos los datos apuntan a una peligrosa extinción masiva de especies y a la posibilidad de impactos catastróficos como consecuencia del cambio climático mundial.

Sé parte del cambio

Éste parece ser un punto de inflexión en la historia, en el que según Melanie Mattauch, del grupo ecologista 350.org, se hace evidente que la resistencia de la sociedad civil a las políticas ambientales perjudiciales es absolutamente vital.

Un grupo de indígenas americanos en una marcha de protesta hacia Washington, contra el oleoducto Dakota Acess.

Según las investigaciones, cada vez más personas salen a la calle para hacerse oír, a menudo en materia de medio ambiente.

"Los movimientos sociales a lo largo de la historia muestran que se pueden producir grandes cambios si participa un número suficiente de personas, y la desobediencia civil a gran escala es parte de ello”, dice. "La gente se está dando cuenta de que los gobiernos no van a detener el cambio climático por nosotros. Los políticos no nos salvarán”, lamenta.

"Todos tenemos que cambiar”, añade Clive Splash, profesor de la Universidad de Economía de Viena. "No sobreviviremos si seguimos por este camino”, dice a DW en un evento de decrecimiento, que tiene lugar en un campamento climático de Viena. "¿Cómo es posible crecer y hacer frente al cambio climático? Es imposible. La única economía en crecimiento que conocemos se basa en los combustibles fósiles”. Y eso, enfatiza, "es insostenible”, así que todos tendríamos la responsabilidad de involucrarnos.

"Si tienes conocimiento de ello, tienes el deber de comprometerte. Si entiendes que algo va mal en la sociedad, deberías hacer algo al respecto. Y si hay instituciones que mienten, entonces tenemos que atacarlas y socavarlas. Tenemos el deber de informar a la gente de lo que está sucediendo”, concluye Splash.

Autor: Bob Berwyn/Vienna (AR/ER)

  

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