Pakistán, un país bajo sospecha | Política | DW | 04.05.2011
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Política

Pakistán, un país bajo sospecha

Luego de la muerte de Bin Laden, la opinión pública se pregunta cuál es el rol de Pakistán, ya que es inimaginable que su aparato de seguridad no haya estado al tanto de la presencia de Bin Laden en Abbottabad.

Residencia de Osama Bin Laden en Abbottabad.

Residencia de Osama Bin Laden en Abbottabad.

Para John Brennan, el experto en terrorismo y asesor del presidente estadounidense, Barack Obama, es “simplemente inimaginable que Osama Bin Laden haya podido permanecer en Pakistán sin apoyo oficial durante tanto tiempo”. Pero no quiere especular acerca de “qué tipo de organización le brindó ayuda y si también participaron funcionarios oficiales”. Los EE. UU. están en contacto estrecho con las autoridades de Pakistán y se investigarán todos los indicios existentes, dijo Brennan. Luego de los atentados del 11 de septiembre, Pakistán se convirtió en socio de Occidente y recibió ayuda militar por sumas millonarias.

Fortaleza personal con altas murallas

Abbottabad no es una ciudad cualquiera. Se encuentra a dos horas de automóvil de la capital pakistaní, Islamabad, está en manos militares y alberga a la academia militar del país y a dos regimientos de infantería.

El terreno en el que se escondía el líder de Al Qaeda hasta que una unidad especial del Ejército de EE. UU. le dio muerte, está rodeado de residencias en las que viven importantes cargos militares, y, por ende, los controles de seguridad son muy estrictos. El complejo donde habitaba Bin Laden es mucho más grande que los otros terrenos vecinos. La construcción se asemeja a una fortaleza, con altas murallas, alambre de púas y torres de vigilancia. “Un inmueble como ese no surge de la nada”, observa el experto británico en terrorismo Michael Chandler.

Bin Laden en un periódico de Peshawar.

Bin Laden en un periódico de Peshawar.

El profesor Jamal Mali, oriundo de Peschawar, en el noroeste de Pakistán, quien dicta Ciencias Islámicas en la Universidad de Erfurt, llega a la misma conclusión: “Estamos frente a una ciudad que, o ha fracasado totalmente, o ha tolerado todo. No hay alternativas posibles aparte de la ignorancia o la tolerancia, por no decir el apoyo”.

“Ni siquiera sabíamos por aproximación dónde estaba”

El presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, subrayó en una contribución para el Washington Post que la acción comando estadounidense fue una decisión de la que no tenía conocimiento. Y rechazó todo tipo de culpabilidad en cuanto a que su país haya protegido al líder de Al Qaeda. En lugar de eso, Zardari calificó a su país como “posiblemente la mayor víctima del terrorismo en el mundo”, ya que, según él, Pakistán paga un altísimo precio por su actitud en la lucha contra el terror.

Asif Ali Zardari, presidente de Pakistán.

Asif Ali Zardari, presidente de Pakistán.

“En total, hemos perdido más soldados que todas las víctimas de la OTAN”, dijo Zardari, agregando que “Osama Bin Laden no se encontraba ni por aproximación donde suponíamos que estaba”. El experto Michael Chandler, director del grupo de observadores enviado por la ONU para vigilar las sanciones contra Al Qaeda, duda de estas afirmaciones. Chandler tuvo entonces contacto personal con el servicio secreto pakistaní ISI. “El ISI era la central desde la cual los muyahedines afganos recibían de Occidente dinero y armas para la lucha contra los soviets. Mi impresión personal fue siempre que el ISI es una organización muy competente, por lo que no puedo imaginarme que no haya tenido conocimiento, aunque más no fuera en parte, de todo eso. Pero no el ISI como un todo”, dice Chandler.

El que busca, encuentra

Acerca de las razones para la actitud del ISI, el experto en terrorismo sólo puede especular. Chandler recuerda que Occidente dejó solo a Pakistán frente al problema que representa Afganistán luego de la retirada soviética, en 1989. No fue sino hasta después del 11 de septiembre de 2001 que Pakistán y Afganistán volvieron a cobrar relevancia para Occidente. Por eso, tal vez en Pakistán hubo quien pensó que su rol internacional y el apoyo de Occidente estaban asegurados “mientras EE. UU. siguiera buscando a Bin Laden”.

El experto en islam Jamal Malik resalta también que India, el “gran vecino”, tiene un rol clave en todos los planes estratégicos y militares de Pakistán. Pakistán quiere tener a Occidente de su lado, pero, al mismo tiempo, mantiene contacto con grupos terroristas como los talibanes, a quienes no quiere renunciar, ya que son su garantía contra India. “India juega un papel central como el ‘otro', culturalmente hablando, como lo monstruoso. Y también en India, Pakistán es el mal personificado. Lamentablemente, ambos países se siguen demonizando mutuamente para afirmar su identidad propia y la solidaridad hacia adentro”, analiza Malik.

El dilema comunicacional pakistaní

Hasta que los actores principales en Pakistán y en EE. UU. realicen declaraciones ampliando detalles, muchos aspectos quedan en el terreno de la especulación. Se puede partir de que ambas partes han acordado una estrategia de comunicación. Especialmente para el Ejército pakistaní y para sus servicios secretos se abre un gran dilema, asegura Britta Petersen, directora de la Fundación Heinrich-Böll en Lahore y experta en el sur de Asia. “O ambos apoyan a Al Qaeda, o no están cumpliendo bien con su labor”, dice Petersen, y añade que se sorprendería mucho “si el Ejército pakistaní realmente no sabía nada de la presencia de Bin Laden, y si no hubiese cooperado con EE. UU.” También en el futuro será imposible continuar con la lucha antiterrorista sin la participación de Pakistán, dice la experta.

Una región explosiva, también sin Bin Laden.

Una región explosiva, también sin Bin Laden.

Llama la atención que en la noche del ataque estadounidense no se haya producido una respuesta aérea ni quejas de ningún tipo, a pesar de que helicópteros estadounidenses ingresaron en el espacio aéreo pakistaní sin aviso previo y permanecieron tres cuartos de hora cumpliendo su misión en Abbottabad para luego volar de regreso a Afganistán. No es la primera vez que el rol de Pakistán en la lucha contra el terrorismo es puesto sobre el tapete. Y es indiscutible que Occidente necesita a Pakistán para llevar a cabo esa lucha.

El rol de Pakistán

Durante la presidencia de Barack Obama se triplicó la cantidad de ataques con aviones zángano no tripulados a objetivos en el territorio fronterizo afgano-pakistaní. Como contraparte, los embates de unidades de la OTAN en el sur y en el este de Afganistán han disminuido. El empleo de aviones no tripulados a lo largo de la frontera común no hubiese sido posible sin la aprobación de Pakistán. El experto Michael Chandler lo expresa de la siguiente manera: “Si EE. UU. es inteligente, seguirá cooperando con Pakistán, aunque dicha sociedad pase por momentos por demás cuestionables. Las relaciones con Pakistán son demasiado importantes para el desarrollo de Afganistán”.

La estabilidad de Afganistán tampoco será posible sin la estabilidad de su vecino, Pakistán. Si Occidente desea retirarse de Afganistán, debe cooperar estrechamente con Pakistán, que es co-creador de los talibanes afganos. Pero, entretanto, Pakistán tiene su propio conflicto con los talibanes. El Gobierno y el Ejército luchan contra un extremismo islamista heterogéneo cuyo fin es destruir las instituciones democráticas. Pakistán, como potencia nuclear, es una democracia frágil compuesta por una gran cantidad de etnias y con una población empobrecida que siempre ha sido engañada por gobiernos corruptos. El profesor Jamal Malik se refiere a un país camino a convertirse en un “Estado fallido”, al que gobierna una “élite incapaz e indiferente”, incapaz de liderar el Estado y de asegurar la integración necesaria. El Ejército y los servicios secretos estabilizan el frágil sistema y se comportan como “un Estado dentro del Estado”, una peligrosa combinación en una región del mundo de por sí explosiva, también sin Osama Bin Laden.

Autora: Sandra Petersmann/ Cristina Papaleo
Editor: Pablo Kummetz

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