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Opinión: Europa sigue sin soluciones

Bernd Riegert 16 de octubre de 2015

En la cumbre europea sobre refugiados se habló más que nada de dinero. Los problemas reales pasaron a segundo plano. Pero Europa no tiene tiempo que perder en esta crisis, opina Bernd Riegert.

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Imagen: Reuters/A. Bronic

Este Consejo Europeo fue distinto: no abordó únicamente nimiedades de la política europea, sino un auténtico “reto histórico para el continente”, según lo expresó la canciller alemana, Angela Merkel. Y los jefes de Estado y de gobierno, por desgracia, no estuvieron a la altura de tal desafío. En relación con la pasada cumbre, de la cual ya se han cumplido tres semanas, no hubo avances reales. Por el contrario: hubo unos cuantos llamados a implementar prontamente las decisiones del encuentro anterior y las brechas entre los diferentes actores de esta crisis se profundizaron aún más. Los gobernantes europeos se comportan como si tuviesen todo el tiempo del mundo para continuar las disputas sobre intereses nacionales. Pero no cuentan con él.

Mientras miles de personas en Bruselas, Berlín o Calais se congelan en las gélidas noches de los albergues para refugiados, las señoras y los señores al interior de la cómoda sede de la cumbre debaten acerca de “hotspots”, motivos del éxodo, acuerdos de deportación y fondos de ayuda para África (aunque éstos se encuentren vacíos). Las altas esferas de la política europea parecen no haberse dado cuenta de que cada día miles de refugiados y peticionarios de asilo llegan a Europa central siguiendo la Ruta de los Balcanes y pasando por Grecia. Se requiere acción, y ahora, no en un mes o en medio año. Hay algunos conceptos e ideas, pero su implementación tarda demasiado.

Cabos sueltos

Hay todavía mucha piezas sueltas. ¿De qué sirve la tan mencionada protección de las fronteras exteriores cuando no está claro quién debe recibir detrás de ellas a los refugiados, así como decidir su distribución? ¿De qué sirve el registro de personas en los llamados “hotspots”, si no van acompañados de centros de acogida donde se decida quién puede quedarse en Europa y quién debe irse de inmediato? Quien desea proteger sus fronteras tiene que aceptar las llamadas zonas de tránsito. Quien rechace solicitudes de asilo, debe deportar. Las zonas de tránsito deben ser vigiladas, de otro modo, cualquier peticionario de asilo podría evadirlas. Para eso se necesita dinero y personal. Pero hasta el momento, los Estados europeos no han logrado acuerdos reales ni en cuanto al concepto, ni en cuanto a la financiación.

Bernd Riegert, corresponsal político de DW en Bruselas
Bernd Riegert, corresponsal político de DW en Bruselas

Una serie de gobiernos en Europa del este rechaza en lo fundamental la idea de recibir a refugiados. Otros no quieren cerrarse por completo, pero les alegra que sea Alemania la que lleve la mayor parte de la carga. Incluso hay quienes parecen alegrarse de que la exitosa y poderosa Angela Merkel por fin tenga problemas reales y resienta la presión. Hay una esperanza oculta de que Merkel ceda en otros aspectos de la política europea, a fin de poder sacar adelante su concepto sobre la cuestión de los refugiados.

Poca solidaridad

¿Pero realmente tiene un concepto? Muchos en Bruselas lo dudan. La canciller afirma que las reglas del Tratado de Dublín están obsoletas, pero no ha dicho con qué se pretende sustituir dichos acuerdos. El Tratado de Dublín establece desde hace 25 años que el Estado europeo al cual arriben primero los refugiados deberá hacerse cargo de éstos. Baviera, es decir, un estado federado de Alemania, promueve el cumplimiento de tales términos, contra lo que propone la canciller. El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, justifica sus controvertidas medidas enarbolando el derecho comunitario vigente. No está solo. Polonia y la República Checa lo apoyan enviando policías.

Urgida por la situación, la UE también busca desplazar algunas responsabilidades y tareas hacia Turquía. Este país debe alojar a los refugiados sirios, combatir a los traficantes de personas y proteger mejor sus fronteras. Como es comprensible, Turquía pide un alto precio a cambio. La UE muestra disposición a acelerar el procedimiento para que los ciudadanos turcos puedan viajar a Europa sin necesidad de visa, así como a celebrar al presidente Recep Tayyip Erdogan como un gran demócrata. Desplazar el problema hacia afuera puede evitar luchas al interior de la UE, según se espera en Bruselas.

Pero todo esto tiene poco que ver con la solidaridad europea. La situación podría ser descrita parafraseando una declaración de la canciller alemana: si fracasa la política común para refugiados, fracasa Europa.