Opinión: El show de ″Donald″ y ″Bibi″ en EE.UU. | El Mundo | DW | 16.02.2017
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El Mundo

Opinión: El show de "Donald" y "Bibi" en EE.UU.

Donald Trump y Benjamin Netanyahu muestran unidad y hablan sobre un "acuerdo último" para la paz en Cercano Oriente. Carsten von Nahmen opina que, en realidad, no tienen ningún plan realista para lograrlo.

La política siempre forma parte del show-business. Por eso no es extraño que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se abrumaran mutuamente con declaraciones de amistad y alabanzas sobre el poder de liderazgo de cada uno de ellos.

El mensaje es el siguiente: "Miren, he aquí dos hombres de Estado que se entienden muy bien entre ellos y que son capaces de lograr algo juntos. Dos líderes que, tras los tortuosos años de conflicto entre Netanyahu y el predecesor de Trump, Barack Obama, abrirán un nuevo y brillante capítulo en las relaciones entre Israel y Estados Unidos. Dos políticos que se ocuparán del régimen de Irán y sus planes nucleares, que vencerán al terrorismo islámico y que incluso quizá lograrán llevar la paz a todo Cercano Oriente".

Búsqueda desesperada de titulares positivos

Ambos políticos necesitan titulares de prensa positivos. Trump incluso más que Netanyahu: su consejero de Seguridad Nacional se vio obligado a dimitir tras solo 24 días en el cargo, los medios y el Parlamento hacen preguntas incisivas sobre la relación del equipo de Trump con Rusia, hay burlas sobre los errores de formulación en el decreto de inmigración, y el propio presidente se vio obligado a retirar la nominación de su secretario de trabajo por falta de apoyo incluso en sus propias filas. No han pasado ni cuatro semanas desde la toma de posesión de Trump y la Casa Blanca ya está en crisis, aunque el propio presidente nunca lo reconocería. 

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Carsten Von Nahmen es corresponsal de DW en Washington.

¿Y Netanyahu? Él tiene problemas de otro tipo. Los elementos más radicales de su inestable coalición de gobierno de derechas exigen la anexión de la Cisjordania ocupada y los representantes de los colonizadores ahora están decepcionados porque Estados Unidos al final no apoya una política rigurosa de asentamientos en las áreas ocupadas. La colaboración entre el nuevo  presidente de EE.UU. y el primer ministro israelí, que se conocen desde los años 80, refuerza la posición de Netanyahu en casa, ya que de nuevo puede presentarse como persona de confianza del gran aliado, así como garante de la seguridad de Israel.

Iniciativa de paz como maniobra de distracción

Pero tiene que haber resultados o, por lo menos, imágenes positivas y quizá incluso un par de ideas buenas para lograr la paz en Cercano Oriente. En esta categoría, se puede incluir la celebración de una nueva ronda de negociaciones no solo con israelíes, palestinos (y Estados Unidos), sino también con algunos Estados árabes vecinos, como Jordania y Egipto.

Netanyahu llamó a estos países "nuestros nuevos socios árabes”, con la observación -no del todo injustificada- de que los Gobiernos de estos y otros países, como, por ejemplo, Arabia Saudí, consideran la amenaza de los extremistas islámicos, al menos de forma no oficial, más urgente que el rechazo de la política de Israel en las zonas ocupadas.

¿Uno o dos Estados?

El único problema es que eso son los cálculos que se hizo Netanyahu. Pero la amplia mayoría de la opinión pública del mundo árabe no aceptará una "solución regional” que pueda perjudicar a los palestinos. Y hasta los autoritarios regímenes árabes deben tener en cuenta esas voces.

Lo mismo rige para la segunda idea que se lanzó durante la rueda de prensa de Trump y Netanyahu: la solución para el conflicto entre israelíes y palestinos no pasa necesariamente por la creación de dos Estados. También sería posible la solución de un solo Estado. "Podría vivir con ello”, dijo Trump, "si a israelíes y palestinos les parece bien”.

El "acuerdo último”

Pero ¿cómo sería esa solución, ese "acuerdo último”, como Donald Trump lo llamó? ¿Un Estado único desde el Mediterráneo hasta el Jordán? De ese modo, Israel perdería antes o después su identidad judía. ¿Una vuelta al estatus de 1967, con la Franja de Gaza como parte de Egipto y Cisjordania como parte de Jordania?  ¿O una administración autónoma palestina sin Estado?

Todo eso no es realista. Y lo cierto es que ni "Donald” ni Benjamin "Bibi” Netanyahu tienen un plan realista para una auténtica solución pacífica en Cercano Oriente. Pero tampoco ese es su objetivo. Lo importante es que se publiquen bonitas imágenes y que el show siga adelante. 

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