Opinión: ¿El final de la diplomacia? | El Mundo | DW | 18.02.2018
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El Mundo

Opinión: ¿El final de la diplomacia?

La Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM) refleja el estado actual del mundo. La reunión de este año estuvo marcada por recriminaciones recíprocas. Las soluciones reales fueron un bien escaso, dice Matthias von Hein.

Hubo años en que la Conferencia de Seguridad de Múnich transmitió signos de entendimiento y esperanza. Nada de eso fue evidente durante esta 54 edición. El lema de este año "Hasta el borde del abismo, ¿y de vuelta?" parecía una descripción acertada de la situación en la que se encuentra el mundo hoy en día.

Después de tres días de discusiones, una cosa parece muy clara: todos los indicios apuntan a un mayor conflicto, y el signo de interrogación del lema, tristemente, debe permanecer. Una vez más, la conferencia demostró ser un lugar donde los muchos problemas del mundo se pusieron sobre la mesa, se llamaron por nombre y se analizaron.

Sin embargo, parece que la diplomacia hubiera alcanzado el final del camino. Aunque el líder de la conferencia, Wolfgang Ischinger, merece grandes elogios por reunir a representantes de diferentes campos en un solo lugar, la sala de conferencias en sí misma pareció haberse reducido a un escenario de narrativas contradictorias, aisladas y aparentemente irreconciliables. Aquellos que buscan las más serias señales de entendimiento y propuestas constructivas para soluciones a áreas espinosas de conflicto no encontraron ninguna aquí.

Matthias von Hein (DW/M. von Hein)

Matthias von Hein, periodista de DW

Eso fue más evidente en el último día de la conferencia. Las recriminaciones recíprocas marcaron el tono de las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y de los ministros de Relaciones Exteriores de Irán y Arabia Saudita, Mohammad Javad Zarif y Adel bin Ahmed Al-Jubeir, respectivamente. Además, las declaraciones de Zarif y Al-Jubeir eran una fuerte reminiscencia de las declaraciones del año pasado, y por lo tanto, otra señal de cuán intratable se ha vuelto la situación.

Palabras duras en lugar de interacción inteligente

Otro ejemplo fue el hecho de que la liberación por parte de Turquía del periodista turco-alemán Deniz Yücel dominó las discusiones paralelas a lo largo del primer día de la conferencia. El día siguiente ilustró cuán intransigentes pueden ser las posiciones de los políticos turcos y alemanes.

Por casualidad, el político del Partido Verde alemán, Cem Özdemir, se alojó en el mismo hotel que el primer ministro turco, Binali Yildirim. Como los guardaespaldas de Yildirim consideran terrorista a Özdemir, este fue puesto bajo protección policial durante su estancia. El comportamiento severo de los guardaespaldas turcos es conocido por todos, al menos desde el fiasco que surgió durante la visita más reciente del presidente Recep Tayyip Erdogan a los Estados Unidos.

Reproches y "blabla"

La desaparición de la diplomacia como el arte del lenguaje hábilmente elaborado también fue puesta en plena escena por el presidente polaco, Mateusz Morawiecki. Cuando los periodistas le preguntaron sobre la nueva "ley del Holocausto" de Polonia, Morawiecki reconoció que efectivamente había habido polacos que denunciaron a judíos y cometieron crímenes contra ellos durante la Segunda Guerra Mundial, solo para agregar: "Del mismo modo que había rusos y ucranianos, no solo alemanes".

Las difíciles relaciones entre los países occidentales también fueron dominadas por culpas recíprocas imperdonables más que por diplomacia. El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, por ejemplo, describió a Rusia como la fuente de todos los males de Europa. Exigió más presión sobre Moscú, se mostró en contra de cualquier reducción de las sanciones y expresó su deseo de que Ucrania sea rápidamente admitida en la UE y la OTAN.

En respuesta, el visiblemente molesto ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, acusó a Europa de regresar a la era nazi, calificó de "parloteo” las acusaciones estadounidenses de interferencia electoral y explicó que el reciente anuncio de Washington de su intención de fortalecer su arsenal nuclear dejaría a Rusia sin ninguna otra opción que hacer lo mismo.

La delegación de los Estados Unidos -con excepción del ex secretario de Estado, John Kerry- se imaginó a sí misma situada de manera segura en el terreno elevado de la moral. Sin nunca carecer de confianza en sí mismos, los estadounidenses ni siquiera se molestaron en demostrar comprensión por las opiniones disidentes mientras recriminaban a Rusia e Irán. Se contentaron con poner su confianza en aplicar más presión y en la fuerza militar de Estados Unidos.

Los europeos se quejaron en repetidas ocasiones del hecho de que la diplomacia parece significar poco en Washington últimamente, un hecho claramente evidenciado por los drásticos recortes presupuestarios de la administración de Trump al Departamento de Estado. La principal queja fue que si las conversaciones –en caso de que se lleven a cabo- se realicen únicamente desde el punto de vista de la superioridad militar. Entonces no son conversaciones en lo absoluto, sino más bien mandatos.

Un punto de luz es que más allá de los aproximadamente 30 paneles de discusión que tuvieron lugar durante la conferencia, más de 1.000 discusiones bilaterales sucedieron en habitaciones del hotel Bayerischer Hof. Wolfgang Ischinger comparó la conferencia oficial con la "punta de un iceberg". Uno solo puede esperar que la punta no sea representativa de lo que está sumergido.

Autor: Matthias von Hein (RRR/EAL)

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