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Myanmar: la hora de la represión

DW-WORLD27 de septiembre de 2007

El inicio de la represión violenta de las manifestaciones en Rangún tiñe de pesimismo los editoriales de la prensa europea, mientras China sigue evitando una condena del régimen birmano en la ONU.

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Los militares entran en acción contra las protestas de los monjes birmanos.Imagen: picture-alliance/dpa
La Repubblica, de Roma: “El ejército mata, Myanmar (Birmania) cae en el terror, uno de los pueblos más atribulados del mundo suplica ayuda pero corre peligro de quedarse solo frente a sus verdugos. Para tranquilizar su conciencia, Occidente refresca su estrategia diplomática de las sanciones. Y amenaza con aislar a un país al que los militares ya han convertido en un búnker. Por segunda vez en menos de 20 años se corre el riesgo de que un movimiento democrático, que podría volver a dar esperanzas a la población, quede librado a su suerte, indefenso frente a la represión”.

“Podría ser peor”

Basler Zeitung, de Basilea: “Las cartas están ahora sobre la mesa: el régimen militar birmano prefiere arremeter con violencia contra los monjes que protestan y sus simpatizantes, en lugar de ceder a sus demandas de reformas o diálogo. Los generales se muestran del lado acostumbrado: previsiblemente obstinados y rígidos. Pero, pese a la justificada indignación por los golpes propinados en Rangún y los disparos contra manifestantes pacíficos, no se debería pasar una cosa por alto: podría haber sido mucho peor. Baste pensar en los 3000 muertos que hubo en las protestas de 1988. La presión externa parece servir un tanto, por lo menos hasta ahora. Sin embargo, la situación aún puede agravarse”.

La muralla china

Die Presse, de Viena: “La historia ha demostrado que las sanciones sólo tienen sentido si también se suman a su aplicación las potencias regionales relevantes desde el punto de vista de la política comercial, como China e India. Hasta ahora, Pekín ha levantado siempre una muralla protectora para los generales birmanos en el Consejo de Seguridad de la ONU. También en esta oportunidad la cúpula de Pekín ha dicho que no se inmiscuye en los asuntos internos de otros países. Pero, por otro lado, se dice que tras bambalinas ha habido contactos con la oposición birmana. Últimamente China ha querido dar la imagen de un global player responsable: indujo a Corea del Norte a sentarse a la mesa de negociaciones con Estados Unidos y, tras años de vergonzosa resistencia, aprobó el envío de tropas de paz a Darfur. Pero, a fin de cuentas, estas decisiones correspondieron a un objetivo pragmático. (...) No cabe esperar una política exterior moralista de un régimen que por su parte aplastó al movimiento democrático en 1989”.

China, cliente insaciable

Kurier, de Viena: “Es claro hacia dónde se inclinan las simpatías internacionales en esta desigual prueba de fuerza entre los monjes desarmados y la junta militar de Myanmar. Sin embargo, las exhortaciones y amenazas de sanciones de Occidente no impresionarán ni amedrentarán al generalato, que desde hace décadas ha venido demostrando su falta de escrúpulos. Por ende, deberían dirigirse a otro receptor: China. El régimen birmano no habría podido sostenerse por tan largo tiempo sin la mano protectora de Pekín. Ya sea que se trate de petróleo, gas, maderas tropicales u otros recursos naturales, la insaciable necesidad china de estos productos hace sonar las cajas registradoras de los militares de Myanmar, aun cuando el país sea boicoteado por los demás. (...) El hecho de que la ola de protestas en el país vecino tenga un sustrato religioso también resulta extremadamente intranquilizador para China. Pekín no está interesado en un cambio de gobierno, pero tampoco en un baño de sangre en la antesala de los juegos olímpicos de 2008.”