Mano de obra extranjera, carne de explotación | Alemania | DW | 22.01.2014
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Alemania

Mano de obra extranjera, carne de explotación

Muchos países atraen mano de obra barata extranjera para realizar trabajos tan mal pagados, que los propios nacionales no quieren llevarlos a cabo. Ello conduce a situaciones de explotación.

Después de semanas de recoger la uva de los viñedos, los trabajadores empaquetan los colchones sobre los que han dormido en garajes y cobertizos y regresan a su hogar en la Europa del este. Durante los meses que han trabajado en la vendimia en el estado federado de Renania-Palatinado, los propios viñedos de Polonia, Bulgaria y Rumanía fueron cosechados por trabajadores procedentes de países situados aún más al este, como Ucrania, Moldavia y Georgia. Mano de obra tan barata, que los propios habitantes del país no harían el trabajo por tan poco dinero, sino que prefieren viajar hasta Alemania para ganar algo más. Pero, al mismo tiempo, aquí el salario es tan bajo, que los propios alemanes no harían el trabajo.

Los economistas creen que todo el mundo sale beneficiado de esta situación, los sindicatos piensan que genera explotación. Los investigadores del mercado laboral consideran que la llamada "migración circular" se incrementará en Europa en los próximos años. Sobre todo en áreas en las que se requiere mano de obra de manera temporal, de tal manera que el trabajador puede acudir cuando es necesario y después regresar a su país, siempre a la búsqueda de trabajo remunerado. "En ese sentido, los propios grupos de emigrantes se desplazan entre ellos y se hacen entre sí la competencia", dice Werner Weichhorst, del Instituto para el Futuro Laboral, de Bonn.

Poco dinero para los trabajos sencillos

Harald Wiedenhofer, de la Asociación Europea de Agricultura, Alimentación y Turismo de Europa, cree que es posible evitar la explotación de los trabajadores extranjeros.

Harald Wiedenhofer, de la Asociación Europea de Agricultura, Alimentación y Turismo de Europa, cree que es posible evitar la explotación de los trabajadores extranjeros.

"Las empresas se aprovechan calculadoramente de esta competencia", lamenta Harald Wiedenhofer, de la Asociación Europea de Agricultura, Alimentación y Turismo de Europa (EFFAT, por sus siglas en inglés). "En Alemania, España, Polonia y, en general, en todas partes, hay una tendencia a pagar salarios tan bajos por trabajos sencillos, que solo pueden realizarlos personas procedentes de países pobres. E incluso a ellos les resulta difícil vivir con tan poco dinero".

Por ese motivo, Wiedenhofer y la EFFAT luchan por conseguir un salario mínimo que permita a estos trabajadores unas condiciones de vida dignas. "No estamos hablando de un sueldo mínimo europeo, sino de una cantidad que suponga, al menos, el 60 por ciento del salario mínimo promedio en la Unión Europea", explica Widenhofer. Mejor aún sería exigir al mercado laboral unos requisitos que son habituales en los países nórdicos: "En Dinamarca, por ejemplo, existe un acuerdo social que regula que se debe tratar a los trabajadores extranjeros exactamente igual que los nacionales. Eso es ejemplar", señala.

Convenios colectivos y salarios mínimos que no se cumplen

La mayoría de los países de la Unión Europea tiene regulado un salario mínimo, aunque no es tan elevado como la EFFAT desearía. Alemania es uno de los pocos que aún no tiene salario mínimo, pero es muy probable que esto cambie a finales de este año, con el nuevo gobierno de coalición.

Sin embargo, suele suceder que se transgreda lo estipulado en convenios colectivos y salarios mínimos. De los 7 euros por hora que reciben los temporeros del este que llegan a vendimiar a Alemania, los vinicultores se guardan una parte en concepto de alojamiento de los trabajadores. "Eso es algo excepcional, pues los dueños de los viñedos son los primeros interesados en que los trabajadores estén contentos para que vuelvan en años sucesivos", asegura Andrea Adamns, de la Asociación de Agricultores y Vinicultores de Renania-Palatinado.

Una temporera del norte de África recoge fresa en España.

Una temporera del norte de África recoge fresa en España.

Marco legal que permite la explotación

Harald Wiedenhofer cree que el problema de la explotación de mano de obra extranjera se encuentra, no tanto en el sector de la agricultura, como en el de la industria. En este último siempre hay posibilidad de crear nuevos tipos de relaciones laborales para emplear al trabajador de forma aún más económica. El ejemplo más evidente es el de la industria carnicera alemana, donde actualmente trabajan unos 15.000 rumanos por 6 euros la hora, con los llamados contratos por obra y servicio que se encuentran dentro del marco legal de la Unión Europea.

De esta manera, se puede encargar a una empresa rumana el sacrificado y desmembrado de 100.000 cerdos, por una cantidad de dinero previamente estipulada. Es un trabajo que se realiza en Alemania, pero los convenios colectivos alemanes no se aplican: una empresa rumana es la que lleva a cabo la explotación de los trabajadores.

Hay soluciones

Desde hace décadas, la Unión Europea trata de competir en el mercado internacional y, al mismo tiempo, proteger los derechos de los trabajadores. Los resultados no son siempre alentadores, sobre todo en áreas laborales que requieren baja cualificación, en las que los empresarios suelen encontrar resquicios y agujeros legales.

Por lo menos, los trabajadores rumanos de los mataderos alemanes tienen una esperanza. Desde mediados de enero, el sector carnicero y los sindicatos acordaron un salario mínimo de 7.75 euros la hora, que debiera aplicarse también a los subcontratados. Harald Wiedenhofer cree que este acuerdo es la prueba palpable de que los problemas pueden solucionarse si existe voluntad política. Durante demasiado tiempo, el Gobierno alemán alardeó de la competitividad de sus mataderos, frente a los belgas y franceses. "Pero se puede frenar la explotación", asegura Wiedenhofer.

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