Los jardines de Alá | Todos los contenidos | DW | 26.01.2018
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Los jardines de Alá

CULTURA | Documental (30 Min.)

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En muchos países islámicos, los jardines y patios interiores ajardinados se consideran un símbolo de lujo y bienestar. Son lugares frescos destinados al descanso y al encuentro con familiares y buenos amigos. Las características típicas de estos jardines surgieron hace más de 2.500 años en Persia, actualmente Irán. En aquellos tiempos, los reyes persas ordenaron construir magníficos jardines de palacios. Rodeados de altos muros, en ellos crecían y florecían perfumadas flores y arbustos, y unos pabellones ricamente decorados daban sombra y creaban variados efectos lumínicos. El agua llegaba a ellos desde lejanas fuentes a través de canales subterráneos.

 

Los jardines de los palacios contrastaban con el paisaje seco e inhóspito del entorno. Con su rigurosa simetría y frondosa vegetación, los jardines eran considerados la imagen ideal de la Naturaleza. No es casualidad que estos jardines hayan fraguado la imagen del paraíso tanto en el islam como en el cristianismo y el judaísmo. Sea en forma de imponentes parques de soberanos o de pequeños patios interiores de rico diseño en las casas de los mercaderes, con el islam se difundió este tipo arquitectónico de jardín en la península arábiga, Asia Central, el Norte de África, España y el subcontinente indio. Si bien la concepción original se mantuvo, cada región desarrolló una expresión propia.

 

A menudo, los jardines en oasis y ciudades costeras de Marruecos están decorados con lujosos elementos arquitectónicos, cerámica de colores y trabajos artísticos en metal. En tiempos del imperio mogol, surgieron en la India imponentes parques con enormes estanques. El más conocido es el del famoso Taj Mahal en Agra. En la España medieval, el dominio musulmán trajo un auge del arte de la jardinería. Durante siglos, los jardines de la Alhambra en Granada fueron un ejemplo que sirvió de orientación para los arquitectos de los gobernantes cristianos. Y en Arabia, los planificadores de parques públicos siguen hasta hoy la tradición original. Fuentes y canales de agua, frondosos árboles y hierbas aromáticas son elementos irrenunciables, que ofrecen a la población de las ciudades un lugar para descansar del calor y el ajetreo de la vida cotidiana.