Los alemanes - Federico II de Prusia y la emperatriz | ZonaDocu | DW | 11.06.2018
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Los alemanes - Federico II de Prusia y la emperatriz

El camino hacia la nación alemana fue convulso. Tras la Guerra de los Treinta Años, el "Sacro Imperio Romano Germánico" quedó reducido a un rompecabezas territorial. Lo que obstaculizó la creación de una nación al estilo de la Europa occidental. La falta de una autoridad central, produjo centros de poder periféricos. El fortalecimiento de Brandeburgo-Prusia reestructuró el poder en el Imperio.

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Dos naciones lucharon especialmente por la hegemonía en Imperio Alemán fragmentado en principados y monarquías más pequeños: Austria ya era una gran potencia bajo los Habsburgo, Prusia aún quería lograrlo. Era enorme la rivalidad entre dos monarcas que difícilmente podrían ser más diferentes: la alegre María Teresa de la dinastía de los Habsburgo de la Viena católica y el cerrado rey Federico II de la dinastía de los Hohenzollern de la Potsdam protestante. Dos regentes que nunca se conocieron en persona. Ambos querían ser autócratas sin restricciones, pero no déspotas. Consideraron que su deber supremo era servir a su propio Estado. Con ello, los intereses del Sacro Imperio Romano Germánico quedaron relegados a un segundo plano. El conflicto entre las dos potencias culminó con la Guerra de los Siete Años, que trajo muerte y destrucción a Alemania: hasta la paz de Hubertusburgo de 1763 no se puso fin a la dura batalla por la supremacía en el Imperio, que finalmente no logró ninguna de los bandos en liza. Bajo ambos gobernantes se fomentó un florecimiento cultural y la diversidad. Johann Sebastian Bach compuso música para Federico el Grande, en la multitud de pequeños territorios había muchos pequeños mecenas que empleaban a sus arquitectos, poetas, pintores y músicos. Era la época del emergente movimiento Sturm und Drang: Lessing, Goethe y Schiller escribieron obras atemporales. Aquí se encuentran las raíces de la nación cultural alemana. El "dualismo" de los dos poderes, personificado por los soberanos Federico II "el Grande" y María Teresa, supuso finalmente el principio del fin del antiguo Imperio y determinó la historia alemana hasta mediados del siglo XIX.