Las viudas de la guerra protegen los manglares de Sri Lanka | Global Ideas | DW | 04.06.2019
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Global Ideas

Las viudas de la guerra protegen los manglares de Sri Lanka

Muchas mujeres en Sri Lanka perdieron a sus maridos durante los 25 años de guerra civil. Con un proyecto de protección de manglares, ahora pueden ganarse la vida y superar los estereotipos de género.

Una mujer de pie con un vestido de colores en aguas poco profundas sostiene sus manos extendidas y embarradas mientras sonríe a cámara.

Ushanthini se toma con humor y calma las tareas de limpieza de la laguna.

Ushanthini Jesukumar se encuentra de pie entre las aguas turbias de la laguna de manglares, que se encuentra frente a su casa. El agua le llega hasta las rodillas. Muy concentrada, sin ver lo tocan sus manos, cava en el agua turbia. Unos segundos más tarde ríe triunfalmente y regresa a la orilla. Muestra lo que esconde su puño bien cerrado: un camarón transparente y brillante, de apenas un centímetro de largo.

Al igual que para muchas mujeres de la aldea de Anphoniyarpura y de todo el distrito de Mannar, al norte de Sri Lanka, el camarón y la pesca son la principal fuente de ingresos para Ushanthini, de 35 años de edad.

Una mujer sosteniendo un pequeño camarón entre sus manos.

Las mujeres que viven del camarón se enfrentan a un futuro incierto debido a la amenaza que sufren los manglares.

En el mercado local, un kilo de camarones cuesta alrededor de 350 rupias (unos 2 dólares estadounidenses o 1,75 euros) Pero es un trabajo duro capturar esa cantidad y casi imposible para las mujeres pescadoras ganar suficiente dinero para alimentar a sus familias. Las viudas se ven especialmente afectadas porque son las únicas de la familia que generan ingresos. La mayoría de ellas perdieron a sus maridos durante la guerra civil, que devastó gran parte del norte del país y terminó oficialmente en 2009, después de 25 años.

Ushanthini perdió a su marido y a su hermano entre 2006 y 2007, cuando la aldea fue bombardeada repetidamente. Con tres hijos menores de cinco años, se vio obligada a vivir de nuevo con sus padres y a depender de ellos económicamente.

Encontrar trabajo puede ser una lucha, según cuenta Ushanthini, ya que las ideas rígidas sobre el género suelen confinar a la mujer a la esfera doméstica. "Como viudas, nos enfrentamos a mucha oposición si trabajamos fuera de casa”, dice Ushanthini a DW. "La gente habla mal de nosotras”.

Una mujer sosteniendo una foto de dos hombres.

Ushanthini Jesukumar perdió a su hermano y a su esposo cuando su aldea fue bombardeada al final de la guerra.

Pero las mujeres no han desistido. La pesca del camarón está socialmente más aceptada, ya que permite a las mujeres encontrar trabajo en su pueblo, no muy lejos de casa.

Un ecosistema precioso amenazado

Pero las lagunas de manglares, que son un vivero de peces y camarones ya que es donde se reproducen, están amenazadas. Según un informe global conjunto del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), "la pérdida de manglares es de tres a cinco veces mayor que la pérdida de bosques. Más de un cuarta parte de las poblaciones de manglares ya ha desaparecido”.

En Sri Lanka, la pesca intensiva, la contaminación ambiental y el rápido desarrollo costero, especialmente en los lugares turísticos, han contribuido a la pérdida de manglares. Esto está resultando ser un desastre para los ecosistemas que sostienen las lagunas de manglares. Al mismo tiempo, daña los medios de subsistencia de la población local que depende de ellos como fuente de alimentos e ingresos.

La pérdida de manglares también plantea un grave problema para el clima porque sus árboles almacenan grandes cantidades de carbono: alrededor de 1000 toneladas por hectárea. Con cada árbol de mangle que se tala, aumenta el riesgo de que los gases de efecto invernadero dañinos para el clima entren en la atmósfera. Un estudio de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) afirma que la cantidad de carbono almacenada en todos los manglares del mundo es "aproximadamente 2,5 veces superior a las actuales emisiones anuales de gases de efecto invernadero”.

Los manglares proyectan una sombra, la luz del sol brilla a través de sus ramas.

Esta laguna sombreada de Mannar es el hogar de ocho especies diferentes de manglares.

Los manglares también ofrecen una buena protección contra la erosión del suelo y los desastres naturales como las inundaciones. Así lo confirma un informe de la UICN sobre el impacto del tsunami que azotó Sri Lanka en 2004. Las zonas con importantes pérdidas de manglares experimentaron un aumento de la destrucción y de la pérdida de vidas.

Por todas estas razones, en 2015 la ONG estadounidense Seacology, respaldada por el gobierno de Sri Lanka y por su socio local Sudeesa, puso en marcha un plan a escala nacional para ayudar a Sri Lanka a convertirse en el primer país del mundo en proteger de forma sostenible a toda su población de manglares.

Emprendimiento y ambientalismo

En el proyecto, las mujeres pescadoras primero aprenden la importancia de proteger los manglares. Solo entonces cada una de ellas recibirá un microcrédito de unos 75 euros. Esto les permite sentar las bases de su propio negocio y proteger las lagunas de manglares en sus proximidades. Sudeesa apoya actualmente a 15.000 mujeres en toda Sri Lanka, entre ellas 5.000 viudas del norte del país que alguna vez se vieron gravemente afectadas por la guerra civil.

"Primero seleccionamos una aldea costera. Luego vamos allí y discutimos nuestro proyecto con la gente local. Creamos una organización basada en la comunidad o CBO con las partes interesadas”, explica Dominic Thuram, gerente regional de Sudeesa. Las llamadas CBOs son asociaciones de mujeres, donde las decisiones se toman en conjunto, aunque cada empresaria mantiene su autonomía.

Durante un curso de cinco días, las mujeres aprenden todo sobre "liderazgo, conservación de manglares y desarrollo empresarial”, cuenta Thuram. "Uno de los objetivos es la protección de los manglares y la replantación, y el otro es mejorar el desarrollo económico de las mujeres”, explica.

Dos mujeres plantando árboles.

Jeyasothy Navanesveran planta árboles de mangle en su laguna local. Es una apasionada de la protección de ecosistemas.

Jeyasothy Navanesveran, de 55 años, perdió a su hijo en 2008 cuando su casa fue atacada. Su marido resultó gravemente herido y murió cinco años después. La viuda se unió al proyecto el año pasado y utilizó su microcrédito para comprar aves de corral. Ahora vende huevos. Anteriormente, se había visto obligada a empeñar sus joyas y a depender económicamente de otros miembros de su familia. Ahora, dirige su propia empresa, "me da mucha energía y me hace sentir fuerte”, cuenta a DW.

Navanesveran también está comprometida con la protección de manglares. "Protegen nuestra aldea”, dice. "Evitan la erosión del suelo y son necesarios para la reproducción de peces. Además, respiramos aire fresco, ya que obtenemos aire de los manglares para respirar”, explica.

Devolver la vida a las lagunas

Los miembros de cada CBO se reúnen una vez al mes para discutir los planes de negocio, asignar dinero a quienes inician un nuevo proyecto y discutir la mejor manera de proteger sus manglares locales.

Una vez terminada la reunión, pasan el resto del día limpiando la laguna de basura. Los desperdicios interfieren con la corriente natural de las mareas y esto aumenta los niveles de salinidad, además de acabar con la vida marina. Las mujeres también ayudan a reforestar áreas donde ya se han perdido manglares. En el Centro de Formación Sudeesa, en Mannar, un vivero de manglares cuenta con 17.000 árboles jóvenes de mangle que serán plantados por las mujeres en regiones costeras estratégicamente seleccionadas.

Un grupo de mujeres mirando a cámara.

Estas viudas conocen la importancia de proteger los manglares y transmiten sus conocimientos a la comunidad.

"Esperamos que cada CBO replante 2,5 hectáreas nuevas y proteja otras 8,5 hectáreas de bosques de manglar existentes”, explica Thuram. Sudeesa se propone proteger las 8.815 hectáreas de humedales en Sri Lanka mediante los planes de CBO.

De los alevines a los gastos de escolaridad

A Ushanthini, formar parte del plan le ha permitido comprar nuevas redes de pesca y equipo básico de buceo para aumentar sus capturas y potenciar su negocio.

Ahora que ya no tiene que capturar cada camarón con sus propias manos, su ingreso mensual, que antes era ímfimo, ha aumentado entre 100 y 150 euros al mes, en tan solo tres años. Con ese dinero, podrá pagar la educación de sus dos hijos y sobrinas.

También enseña a otras mujeres de la aldea a mantener y preservar la laguna. "Antes no sabíamos casi nada de manglares. Pero ahora comprendemos lo importantes que son para nosotros”, dice Ushanthini.

Con los tobillos mojados, las manos embarradas de sedimento del lecho del río, Ushanthini devuelve el langostino al agua. Lleva a la espalda una bolsa de basura que ha recogido durante las actividades de limpieza del día y se prepara para regresar a casa.

Catherine Davison, Sri Lanka 

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