La responsabilidad de la tragedia de los migrantes es también de América Central | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 26.06.2019
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Opinión

La responsabilidad de la tragedia de los migrantes es también de América Central

La imagen de los ahogados, Óscar Martínez Ramírez y su hija, es impactante. No solo EE. UU., sino también los gobiernos de América Central son corresponsables de la pérdida de estas dos vidas, dice Oliver Sallet.

Desgarradora, inhumana, simplemente increíble: la imagen del ahogado Óscar Martínez Ramírez y su hija Valeria de El Salvador, de casi dos años, conmueve y también plantea varios dilemas.

Para Tania Ávalos, la esposa y madre, quien sobrevivió el cruce del río y tuvo que observar lo sucedido sin poder hacer nada desde la orilla, debieron ser momentos muy dramáticos: la lucha por la supervivencia, su propia impotencia, la certeza de haber arriesgado todo por la esperanza de una vida mejor para, al final, perderlo todo.

Oliver Sallet, corresponsal de DW en Washington.

Oliver Sallet, corresponsal de DW en Washington.

¿Una llamada de atención para el presidente Trump?

Ahora podríamos hablar de una llamada de atención al presidente Trump y su inhumana política de refugiados. Y está claro que la foto será una evidencia de la "situación de emergencia en la frontera" y de que un muro garantice una situación transparente para que tales escenas no se repitan. Los demócratas, por otro lado, se sentirán confirmados en su tesis: ante todo, es una crisis humanitaria y las dos víctimas son el resultado de una cínica política de migración.

Pero culpar simplemente a la política de refugiados de los Estados Unidos sería demasiado fácil. Miles de personas huyen de América Central de la pobreza, la violencia y la violencia de las pandillas con la esperanza de encontrar protección y una vida mejor en Estados Unidos.

Son los gobiernos plagados de corrupción los que tienen dos vidas pesando sobre su conciencia y muchos más que han muerto de camino a Estados Unidos. El Salvador, país de la familia Martínez, está considerado como uno de los países más peligrosos del mundo: la corrupción y la violencia forman parte de la vida cotidiana. Según las estimaciones del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, el 40 por ciento de la población vive por debajo del umbral de pobreza. El Estado allí, y en varios países vecinos, hace mucho tiempo que perdieron el monopolio del poder.

Cuando no se atreven a salir a la calle nunca más

Cualquier persona en El Salvador también puede contar historias sobre las llamadas Maras, las temidas pandillas juveniles como "Calle 18" o "Mara Salvatrucha" que controlan barrios enteros, extorsionan, obligan a familias a huir o incluso asesinan si la gente no cumple con sus exigencias.

Solo cuando estas pandillas sean neutralizadas, la gente puede volver a la calle sin miedo y tener perspectivas en su propio país, se reduciría la cantidad de refugiados y las escenas, como las de Río Bravo, o Río Grande, no se repetirían. Hasta entonces, ni ningún muro o cerca podrán proteger a EE. UU. de la búsqueda desesperada de seguridad y una vida mejor.

Sobre todo, la gente en América Central continuará soñando con la tierra de oportunidades ilimitadas, de la cual informan amigos y familiares que lo han conseguido. Pero para la mayoría de las personas, se trata de falsas esperanzas por las que apuestan y están dispuestos a arriesgar sus vidas. La búsqueda de educación, trabajo y futuro en Estados Unidos es difícil. Solo unos pocos tienen la posibilidad de obtener asilo político; la mayoría de las solicitudes es rechazada.

La situación en EE. UU. no es obstáculo para nadie

Hasta lograr llegar a Estados Unidos, los migrantes se ven amenazados por condiciones inhumanas de encarcelamiento en campos de refugiados completamente abarrotados. Las autoridades superadas (por la cantidad de gente y solicitudes) pueden tardar años en procesar una solicitud.

A menudo, los que no tienen familia en Estados Unidos terminan en la calle. Los numerosos inmigrantes sin hogar, que luchan por sobrevivir todos los días en las ciudades cercanas a la frontera con México, son la evidencia más clara.

Pero todo eso solo detiene a unos pocos de emigrar hacia el norte. Toda la miseria que les espera parece pequeña, en comparación con lo que quieren dejar atrás. Para ellos, EE. UU. sigue siendo la tierra de las esperanzas y oportunidades ilimitadas, pero cada vez se cumplen menos para los migrantes de América Central.

(rmr/jov)

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