La nieve, el hombre y muy pocas mujeres | El Mundo | DW | 27.01.2018
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El Mundo

La nieve, el hombre y muy pocas mujeres

Del encuentro de este año se recordarán dos cosas: la nevada más fuerte que se recuerde, y la entrada en escena de Donald Trump. Las impresiones de Manuela Kasper-Claridge.

Ahí están, los ricos y poderosos; se empujan, intentan hacerse un hueco y levantan sus teléfonos móviles para conseguir una imagen del hombre que acaba de entrar en el centro de congresos de Davos: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Antes han estado quejándose del aumento de las medidas de seguridad, de los aparentemente inacabables atascos en las calles de Davos y del bloqueo de algunas de sus aceras. Todo únicamente a causa de Trump, refunfuñan los participantes de este foro económico. Pero ahora todos quieren una fotografía del presidente estadounidense. "Verdaderamente toda esta atención es envidiable”, dice una mujer que se apresura a lograr una instantánea. Otro participante añade: "Mi familia en Arabia Saudí quiere una foto de él a toda costa”.

Una piscina y Donald Trump

Finalmente llega el presidente, se quita el sombrero y sí, es él realmente. Donald Trump camina pasillo abajo, visiblemente contento. Se detiene, sacude sus manos, charla y luego desaparece junto con algunos de sus ministros en la habitación trasera del centro de congresos de Davos. Parece inconcebible que aquí se encuentre una piscina pública. Ahora hay unas tablas que la tapan, cubiertas por una suave moqueta.

Los organizadores del Foro Económico Mundial (FEM) habían dejado el discurso del presidente estadounidense para el último día del evento a propósito, de forma que antes se pudiese debatir sobre temas importantes como el futuro de Europa, el estado de la economía mundial, la frágil situación política en la región árabe o las perspectivas de África. Sin embargo, Donald Trump ya estaba en el primer plano de las "menciones de Twitter” desde el jueves. Su discurso del viernes fue una gran decepción: una oda insulsa a la grandeza de EE.UU. y poca sustancia. Estaba claro que Donald Trump consideraba el evento como una ocasión para hacer publicidad. Las preguntas del público no estaban permitidas.

"Cuando se comporta así, es completamente aburrido”, dice una oyente en la sala de congresos, dando en el clavo. Trump aprovechó una pregunta del fundador del FEM, Klaus Schwab, para atacar una vez más a los medios de comunicación. Entre el público se escucharon fuertes abucheos.

Caos por la nieve y desafíos logísticos

Pero la edición 2018 de Davod no fue exclusivamente Donald Trump. Más de 70 jefes de Estado y de Gobierno vinieron este año a las montañas suizas. Se autorizó la participación a apenas 3.000 personas, más no. Aquí no basta con inscribirse y pagar una cuota. Al FEM hay que ser invitado.

Acomodar a todos los participantes y a los miles de trabajadores es una tarea logística impresionante. Muchos tuvieron que afrontar una larga travesía, pues al comienzo del foro económico nevó tan fuerte que el trayecto de 20 kilómetros desde Koster, el pueblo vecino, llego a durar siete horas. Autobuses y trenes fueron cancelados. Los que se hospedaban en un hotel de montaña quedaron atrapados en pleno recorrido ferroviario. Hubo que hacer venir a los servicios de emergencia y liberar las vías de nieve con palas.

El FEM no es lugar para quien busca comodidad. Todo es reducido y caro. Una pequeña sopa de tomate costaba 28 francos suizos, o incluso más. Todas las habitaciones de los hoteles estaban ocupadas. Era afortunado el que pudiese alquilar una polvorienta sala de fotocopias como oficina improvisada.

Lo que importa es estar aquí

"No, no es nada divertido. Pero no hay otro lugar donde pueda encontrarme con tantos socios de negocios de todo el mundo en un tiempo tan corto”, cuenta un directivo que viene a Davos desde hace años. Además, aquí experimenta rápidamente lo que ocurre en todo el planeta. Al FEM no viajan solo políticos y empresarios, sino también representantes de organizaciones no gubernamentales, ya sea de ayuda a refugiados, de científicos o de emprendedores tecnológicos.

Asombrosamente, los ánimos son positivos en lo que respecta a la economía global. Christine Lagarde, jefa del FMI, vaticina crecimiento económico en todo el mundo en los próximos años y no tiene ninguna crisis financiera a la vista, a no ser que se produzca una gran crisis política. Pero como demasiado optimismo tampoco es bueno, Lagard advirtió contra el dejarse estar. Se necesitan, por ejemplo, inversiones en la digitalización. Una demanda que también apoya la canciller alemana.

Hombres blancos y nuevos temas

Las consecuencias del cambio climático se discutieron en varios paneles como un enorme riesgo para la economía mundial. No obstante, era otro el tema que sobresalía los primeros días en el debate: la discriminación sexual y económica de las mujeres y el asunto del #MeToo.

Por primera vez en la historia del FEM, los llamados "copresidentes”, que acompañaban los debates importantes, eran exclusivamente mujeres, como la primera ministra noruega, Erna Stolberg, o la presidenta de la junta directiva de IBM, Ginni Rometty. Las charlas sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres o la discriminación sexual tuvieron muchos asistentes.

En cualquier caso, solo el 21% de los participantes eran mujeres. Quedaba claro que la élite que dirige el mundo sigue siendo masculina y blanca. Y esto seguirá siendo así en 2019, cuando  se celebre la próxima edición del FEM en Davos.

Autora: Manuela Kasper-Claridge, desde Davos (EAL/MN)

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