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La guerra tras la paz

15 de abril de 2003

Los combates de infantería muy bien pueden estar llegando a su fin, pero la batalla por el control de Irak está en pleno apogeo y se pelea tras bambalinas en Washington y Londres, en Nueva York y Kuwait.

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Chiíes musulmanes celebran una procesión, prohibida antes por Sadam.Imagen: AP

La campaña militar de los aliados parece acercarse a su fin, pero la lucha por el control de Irak está a toda marcha y tiene lugar tras bambalinas. Tres grupos de poder pelean por el predominio en el Irak de la postguerra: El Pentágono y sus neo-conservadores, quienes tienen ya preparado un plan maestro para el Medio Oriente. Los realistas encabezados por el Departamento de Estado, quienes temen que Irak pueda convertirse en un nuevo Líbano. Y la ONU cuya batalla en primer lugar se dirige contra los esfuerzos del Pentágono por marginarla del proceso. El grupo que gane la partida determinará en buena parte el futuro gobierno de Irak y también decidirá sobre el nacimiento y la supervivencia de la democracia liberal soñada por muchos iraquíes en el exilio.

Lucha de poder en Irak

Nachkriegskonferenz im Irak, Nassirijah
Reunión de jefes tribales.Imagen: AP

El general Jay Garner , el comisionado de Washington para la reconstrucción, convocó a jefes tribales y miembros de la oposición iraquí en el exilio a una reunión en la ciudad de Nasiriya, para formar una autoridad interina. La reunión fue boicoteada por los chiíes, lo que muestra las dificultades que enfrentará Estados Unidos para formar un nuevo gobierno en Irak, dada la división política que reina en el país.

Además, la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica iraquí, el principal grupo político que agrupa a los chiíes, convocó a una manifestación en la que unas 3.000 personas gritaban ‘viva la libertad’, ‘abajo Sadam’ y ‘abajo Estados Unidos’.

La comunidad chií, concentrada en el sur de Irak y que suma casi dos tercios de la población iraquí, quiere que el consejo de clérigos chiíes de Nayaf tenga un papel relevante en el nuevo Irak, y se opone a los planes de Estados Unidos, argumentando que quieren dejar a su comunidad fuera del nuevo gobierno.

La reunión fue también desvalorizada por el Consejo Nacional Iraquí, CNI, el principal grupo de oposición iraquí, que envió una delegación de segundo nivel a Nasiriya. Su líder, Ahmed Chalabi, el favorito de los halcones para liderar un futuro gobierno en Irak, no asistió a la reunión. Sin embargo la ausencia de Chalabi, es al parecer estratégica, ya que el líder chií quiere mantenerse al margen hasta que haya acabado el pillaje para no dañar su imagen.

Halcones vs diplomáticos

Colin Powell bei der EU in Brüssel
Colin Powell.Imagen: AP

Según analistas, los Halcones del Pentágono son quienes tienen las mejores posibilidades de imponer su plan y sus figuras ocuparán las posiciones de poder en Irak una vez que sean depuestas las armas. El comandante de las Fuerzas Armadas, el General Tommy Franks, será una especie de Virrey de Bagdad. Bajo él estará Jay Garner.

La Tropa de Lobitos, como es llamado en Washington el equipo bajo Franks, estará comandada por el segundo de a bordo del Pentágono, Paul Wolfowitz, quien ha colocado en puestos claves a algunos recalcitrantes neo-conservadores, la mayoría sin experiencia ni conocimientos de la región. Uno de estos especialistas es James Woolsey, un ex-director de la CIA, quien está previsto para asumir el cargo de nuevo ministro de información, de no ser por la oposición de Colin Powell.

El jefe del Departamento de Estado argumenta que enviar a un hombre de la CIA, es una señal equivocada al mundo árabe. Powell nombró a ocho posibles candidatos para ocupar altos puestos en la administración provisional, que incluyen antiguos diplomáticos que hablan árabe con fluidez.

La propuesta fue vetada por el Pentágono argumentando que los diplomáticos podrían mostrarse blandos con los países vecinos como Siria e Irán, también en la mira de Washington. Precisamente el plan de los Halcones consiste en que la futura democracia iraquí contribuya a la desestabilización de los autoritarios regímenes en países vecinos. En el cosmos conservador, demasiado internacionalismo es un obstáculo para la democratización.

Reconciliación trasatlántica

Condoleezza Rice, die US-Sicherheitsberaterin trifft auf Sergei Ivanow, den russischen Verteidigungsminister
Condoleezza Rice.Imagen: AP
Los moderados alrededor de Colin Powell quieren impedir una americanización de la reconstrucción, pues creen que sólo el respaldo internacional logrará dar la necesaria legitimidad al proceso y contribuirá a la estabilidad de Irak y de toda la región. Para este grupo, el Irak de la postguerra será el lugar en el que Europa y Estados Unidos reencontrarán su vieja alianza. El grupo de Powell se opone a una administración bajo la ONU, pero propone que la organización mundial administre los ingresos de la industria petrolera. También quiere promover una conferencia internacional como la Conferencia para Afganistán que tuvo lugar en Bonn, para conformar una administración de transición.

El petróleo iraquí también es motivo de discordia entre halcones y diplomáticos. Mientras que Powell quiere que los ingresos petroleros sean administrados centralmente para evitar que el país acabe fraccionado en regiones, para los neoconservadores del Pentágono, el petróleo es pieza fundamental del libre mercado y quieren privatizarlo. Al parecer han llegado a un acuerdo por el momento, dejando que los iraquíes mismos decidan posteriormente al respecto.

Venda y herida de la Vieja Europa

Sicherheitskonferenz eröffnet
Paul Wolfowitz.Imagen: AP

La siempre impecable asesora de Seguridad, Condoleeza Rice, afirma que lo más natural es que aquellos que sacrificaron vidas y sangre para la liberación de Irak, sean ahora quienes asuman el papel de liderazgo en la postguerra. ¿A la guerra en solitario le sigue entonces una democratización en solitario? De ninguna manera, dice Rice. La coalición bélica actuará con la cooperación de organizaciones internacionales, incluyendo a la ONU. Pero, según la asesora, Irak no es un nuevo estado, como Timor Oriental. Tampoco es un estado fracasado, como Afganistán, ni es Kosovo, que no tiene ni estatus de estado. En numerosas regiones del mundo la participación de la ONU ha sido decisiva para la construcción de estructuras democráticas, pero Irak, según Rice, es único. Tan único, que seguramente de él depende la supervivencia política del mismo Bush.

Tras su encuentro con Tony Blair en Belfast, Bush dijo que la ONU jugarará un papel central en la reconstrucción de Irak. Exactamente la formulación que quería escuchar no sólo Tony Blair, sino también el canciller alemán Gerhard Schröder. Las Naciones Unidas son la venda y herida de la Vieja Europa y también es la palabra mágica con la que George Bush quiere mejorar su relación con Alemania. Mientras que la recalcitrante oposición de Francia, ha sido interpretado por Washington como traición de un aliado, un caso perdido, Alemania es tan sólo un amigo que erró el camino y al que puede ganarse durante la reconstrucción de un Irak democrático.

Temple pacificador

Que la ONU supervise el proceso es preferible, que el Departamento de Estado lo controle, es tolerable, pero lo dome el Pentágono, sería un desastre. En esto coinciden la mayoría de los observadores y su juicio refleja básicamente sentido común. Para los iraquíes de perfil liberal y simpatizantes del Congreso Nacional Iraquí, los polos se encuentran invertidos. Ellos creen que sólo los halcones y su pasión por esta guerra tienen el temple suficiente para pacificar el país.

El Departamento de Estado, afirman, valora la estabilidad sobre la democracia y algunas facciones de la ONU quieren saborear todo el proyecto. Uno de los grupos kurdos más influyentes, la Unión Patriótica de Kurdistán también confía en que el Pentágono salvaguardará sus intereses. Incluso los expertos que abogan por un amplio papel de la ONU, reconocen que el organismo internacional otorgará poca atención a las aspiraciones kurdas.

Por otra parte, otros expertos afirman que el proceso de reconstrucción sólo puede tener legitimidad con la participación de la ONU. Mientras que algunos afirman que la supervisión del Departamento de Estado, es la única vía para evitar una guerra sectaria en la pugna por la construcción