Irán e Israel, enemigos íntimos | El Mundo | DW | 15.02.2014
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El Mundo

Irán e Israel, enemigos íntimos

Irán e Israel cultivan una profunda enemistad. La actual discordia entre ambos países hace fácil olvidar lo mucho que cooperaron –aunque lo hicieran solo tras los bastidores– hasta bien entrada la década de los ochenta.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanjahu.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanjahu.

El derrocamiento del Shah Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la consecuente instauración de la República Islámica en Irán pusieron fin a la cooperación del Gobierno de Teherán con el de Jerusalén; una colaboración que se venía desarrollando desde la fundación de Israel en 1948. Convencido de que su existencia estaba amenazada por la hostilidad de sus vecinos árabes, Israel se esmeró en establecer alianzas con los actores no árabes de la región: los turcos, por un lado; los libaneses cristianos, por otro; y también los persas.

A partir de 1953, cuando la de Irán se convirtió en una dictadura apuntalada por Estados Unidos, también Teherán veía con recelo el auge del nacionalismo árabe en sus alrededores. “De ahí que Irán e Israel terminaran estableciendo un vínculo excelente”, explica Henner Fürtig del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), de Hamburgo. Israel transfería tecnología a Irán y entrenaba tanto a los agrónomos como a las Fuerzas Armadas persas. Irán, por su parte, pagaba los favores con mucho petróleo.

El enemigo de mi enemigo…

El Ayatolá Jomeini, otrora líder supremo de Irán.

El Ayatolá Jomeini, otrora líder supremo de Irán.

En cuanto se convirtió en el líder supremo de Irán, el Ayatolá Jomeini anuló todos los contratos suscritos con Israel. Jomeini siempre condenó la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel y, aún después de su muerte, ese tema siguió agriando la relación entre Teherán y Jerusalén. Hasta el día de hoy. “Sacar la cuestión palestina del contexto árabe y enfatizar el talante islámico de esa problemática es una constante de la política exterior persa”, sostiene Fürtig.

“Cuando la cuestión palestina adquiere relevancia para todos los musulmanes, en lugar de ser un tema de interés exclusivo para los árabes, Irán puede asegurar su liderazgo y área de influencia. Y eso es algo a lo que Teherán rehúsa a renunciar”, agrega el experto del GIGA. No obstante, la cooperación entre los persas y los israelíes volvió a florecer durante la Guerra Irán-Irak. Occidente entero apoyó al Gobierno de Bagdad, pero, para Jerusalén, el régimen de Saddam Hussein era una amenaza mayor, así que Israel respaldó a Jomeini.

Rivalidad de dimensiones existenciales

El presidente de Irán, Hassan Rohani.

El presidente de Irán, Hassan Rohani.

Un documento del Instituto para los Estudios de la Seguridad Nacional de Tel Aviv señala que, durante los primeros tres años de la Guerra Irán-Irak, Israel envió a Irán un arsenal valorado en 500 millones de dólares. Más tarde, Jomeini demostraría su gratitud asegurándose de que los servicios secretos persas le entregaran información valiosa a la Fuerza Aérea israelí con miras a destruir, en un esfuerzo conjunto, el reactor nuclear de Osirak, donde Irak planeaba construir una bomba atómica tan peligrosa para los iraníes como para los israelíes.

La Guerra Irán-Irak terminó en 1988. Pocos años después, Occidente terminó viendo en Irak al enemigo número uno de sus intereses y Estados Unidos se encargó de neutralizarlo. Irán e Israel dejaron de tener un adversario común, la alianza circunstancial que los unió se deshizo como si nunca hubiera existido y la cuestión palestina adquirió cada vez más relevancia para ambos. Hoy, la desconfianza mutua y la dureza de las palabras que se dirigen sus líderes hace difícil imaginar que pueda haber cooperaciones entre ambos en el futuro.

¿Acaso es impensable que Irán e Israel lleguen a colaborar otra vez algún día, aunque sólo sea tras bastidores y en nombre de intereses comunes? Trita Parsi, conocedor de lo que acontece en el Medio Oriente, da ese escenario por improbable. “La rivalidad entre ambos Estados ha adquirido dimensiones existenciales: Irán pronostica la desaparición del Estado judío e Israel le niega a Irán el derecho a hacer uso de tecnología nuclear, y así sea con fines pacíficos. Por ese camino, una mejoría sustancial de sus relaciones parece imposible”, dice Parsi.

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