Invertir en árboles y cortezas | Global Ideas | DW | 22.12.2013
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Global Ideas

Invertir en árboles y cortezas

Plantar árboles, ganar dinero y proteger la selva: esto prometen las ofertas de muchos proveedores de servicios financieros. No obstante, el riesgo económico es alto y el beneficio para el medio ambiente dudoso.

Plantaciones de teca en Costa Rica, fincas de caoba en República Dominicana, cultivos de eucalipto en Sudáfrica: en todo el mundo se puede invertir en áreas selváticas y, en el mejor de los casos, sacar provecho de la madera. Los proveedores de servicios financieros tratan de ganar clientes con beneficios de inversión en la selva y contratos de ahorro con árboles. Sus folletos y portales de Internet vaticinan “beneficios verdes”, “seguridad garantizada al cien por ciento” y “un aporte activo a la protección del medio ambiente”, mientras que imágenes de animales exóticos como jaguares y tucanes, así como una vegetación exuberante sugieren una naturaleza intacta. Plantar árboles, proteger la selva tropical y encima ganar dinero, ésa es la promesa de muchos proveedores de servicios financieros.

Maderas finas como la teca son inversiones populares.

Maderas finas como la teca son inversiones populares.

El negocio verde está a la altura de los tiempos. Desde hace algunos años, las inversiones de capital verde han ganado atractivo, la sustentabilidad está de moda y las inversiones en agricultura y silvicultura gozan de gran popularidad. Sobre todo en el marco de la crisis financiera, han aumentado las ofertas para invertir en selvas y bosques. La madera es considerada un valor fijo a prueba de crisis, porque crece independientemente de los altibajos en los mercados. Asimismo, pese a la disminución de los recursos selváticos naturales, también crece la demanda global de madera.

Quien desee invertir en bosques puede elegir entre dos modelos diferentes: además de la inversión directa, como la compra de árboles, los inversores pueden participar indirectamente en el mercado, contribuyendo a un fondo. Algunas empresas adquieren terrenos para plantar árboles y, más tarde, su madera es cosechada y vendida. En parte, también se comercializan certificados climáticos. Otros proveedores compran bosques con el fin de conservarlos y reforestarlos. Dependiendo de la oferta, los inversores adquieren el terreno con el arbolado o los árboles sin los derechos del terreno.

Monocultivo: “Lo único que tiene en común con un bosque, es que da sombra“

A nivel mundial, los bosques cubren una superficie de cerca de cuatro mil millones de hectáreas. Los más grandes se encuentran en Rusia, Brasil, Canadá y EE.UU.

A nivel mundial, los bosques cubren una superficie de cerca de cuatro mil millones de hectáreas. Los más grandes se encuentran en Rusia, Brasil, Canadá y EE.UU.

Algo que es común a todas las formas de inversión es el capital fijo a largo plazo. En promedio, los contratos son vigentes alrededor de 20 años, porque solo entonces se sabrá si la inversión valió la pena económicamente. Dado que muchas plantaciones fueron cultivadas en los últimos años, aún no se cuenta con suficientes conocimientos sobre el éxito o fracaso de los proyectos. Algunos proveedores anuncian réditos de dos dígitos. No obstante, el economista forestal Thomas Knoke, de la Universidad Técnica de Múnich, señala que “son puras especulaciones”.

Los cálculos muchas veces se basan en pronósticos sumamente optimistas, por ejemplo, se fija un alto crecimiento en la evolución del precio de la madera. Asimismo, una parte de las ganancias no se puede atribuir a los árboles mismos, sino al incremento de valor de las tierras. Además, la selva es un sistema natural con circunstancias imprevisibles como tormentas, insectos y enfermedades que pueden hacer perder la inversión, dice el economista forestal Jörg Schweinle, del Instituto Thünen de Silvicultura y Economía Forestal Internacional.

Sobre todo las grandes plantaciones industriales afectan a la naturaleza.

Sobre todo las grandes plantaciones industriales afectan a la naturaleza.

Además de los altos beneficios, los proveedores también anuncian una ganancia para el medio ambiente. No obstante, muchas ofertas solo tienen un toque verde y, en realidad, no son muy ecológicas. El economista forestal Lászlo Maráz, del Foro de Medio Ambiente y Desarrollo, considera engañoso el término “inversiones en selva”, porque muchas veces los plantíos resultan ser grandes plantaciones de monocultivo. “Lo único que tienen en común con un bosque, es que dan sombra“, apunta Lászlo Maráz. El monocultivo produce altas cosechas, pero no puede reemplazar las diversas funciones de un bosque, como la protección de la biodiversidad, del suelo y del balance hídrico. La extinción de especies y la degradación del suelo son solo dos posibles consecuencias.

Determinadas especies son especialmente problemáticas: el eucalipto, por ejemplo, necesita mucha agua. Si se cultivan grandes áreas de este árbol, puede provocar la disminución del nivel de las aguas subterráneas y agotar los suelos, como ha quedado demostrado en grandes plantaciones en Brasil y Sudáfrica. Una alternativa más razonable sería apostar por bosques mixtos en vez de monocultivos, algo que ha dado buenos resultados en el campo.

Los certificados tampoco garantizan sostenibilidad

Los bosques mixtos ricos en especies son menos susceptibles a daños que los monocultivos.

Los bosques mixtos ricos en especies son menos susceptibles a daños que los monocultivos.

El valor ecológico de un bosque también depende de la competencia con otras formas de utilización del suelo. Por ejemplo, no se puede justificar que, al plantar árboles como inversión, se pierdan áreas para el cultivo de alimentos. No obstante, resulta menos problemático cuando una plantación era usada para la cría de ganado o áreas degradadas vuelven a ser cultivadas. Para invertir de forma éticamente correcta también deben ser tomadas en cuenta las consecuencias sociales de la inversión: por ejemplo, si personas fueron expulsadas de sus tierras o si una plantación genera empleos.

No es fácil combinar la ecología y la economía: “Si se trabaja de forma sustentable, como mucho, se puede obtener un beneficio de un diez o un doce por ciento”, dice Thomas Knoke. “Después de todo, los árboles no crecen hasta el cielo”. Por ello, los inversores deberían verificar primero qué tan fiable es la oferta, por ejemplo, si el proveedor se presenta de forma transparente, si advierte de posibles riesgos y si los seguros cubren ciertas pérdidas.

Existen certificados que informan sobre el nivel de sustentabilidad de una plantación. Los sellos más comunes son el FSC y el sello PEFC, este último más cercano a la industria. No obstante, tampoco los sellos son una garantía para un aprovechamiento ecológico y sustentable de la selva, dice Lászlo Maráz: “Son certificadas plantaciones buenas, pero también plantaciones catastróficas”. Finalmente, solo tiene seguridad quien planta por su cuenta.

Autora: Anne Bohlmann (VC)
Editor: Diego Zúñiga

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