Integración con jardines urbanos: todos hablan el mismo idioma, el amor por la naturaleza | Alemania | DW | 29.06.2020
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Alemania

Integración con jardines urbanos: todos hablan el mismo idioma, el amor por la naturaleza

El desempleo, las deudas, las sociedades paralelas deprimieron a mucha gente en Wuppertal. Y encontraron soluciones contra la depresión y a favor de la integración: sembrar, plantar y recolectar juntos.

Burcu Eke-Schneider quiere descubrir en su proyecto de doctorado en la Universidad de Wupperal si los procesos de integración en una comunidad internacional influyen en el desarrollo urbano. 

En el pasado, "la mayoría de los inmigrantes eran agricultores en Turquía, España e Italia antes de venir a Alemania después de 1955", explica Eke-Schneider. "Ahora, la cuarta generación vive aquí y no tiene idea de la vida en el campo. Es una gran pérdida de conocimiento, tradición e identidad", añade. De ahí su objetivo de crear un Jardín de la Paz, la última de muchas iniciativas de espacios verdes multiculturales en Wuppertal. Allí vive gente de 160 nacionalidades. El riesgo de caer en la pobreza ha aumentado en los últimos años.

Burcu Eke-Schneider (delante) y Johanna Dimmer apuestan por la justicia climática y la biodiversidad.

Burcu Eke-Schneider (delante) y Johanna Dimmer apuestan por la justicia climática y la biodiversidad.

"Muchos viven aquí en mundos paralelos. Sin embargo, las zonas verdes son nuestros puntos de unión. Todos somos iguales", dice. La naturaleza es un verdadero lugar para olvidar las diferencias entre los idiomas, los orígenes, las culturas, las religiones, las tradiciones. Todos son bienvenidos y aceptados aquí para conversar. Aquí, las personas son conscientes de la responsabilidad del futuro de las ciudades y desarrollan conjuntamente soluciones para la paz, la justicia climática y la conservación de la diversidad biológica", afirma Eke-Schneider.

Oasis en el centro de la ciudad

Aquí en Friedensgarten la naturaleza es salvaje, con madera muerta para insectos y un área con filas ordenadas de plantas. En cumplimiento con las reglas de distanciamiento por coronavirus, en la primavera se sembraron semillas. "El confinamiento por el virus nos ha demostrado que la naturaleza es el camino correcto, que podemos comer sano e incluso compartir", asegura Eke-Schneider.

Cuando la gente planta junta en las parcelas, no solo se fomenta el trabajo en conjunto, sino también se fortalece la sociedad civil y el suministro de alimentos, según los estudios del Instituto Fraunhofer. Johannes también aprendió a apreciar la jardinería juntos: "Solo he experimentado estar durante mucho tiempo fuera con el fútbol". Entre tanto, disfruta del silencio pacífico en el centro de la ciudad: "La jardinería tiene potencial", cree.

No solo plantar, sino también hablar y compartir impresiones.

No solo plantar, sino también hablar y compartir impresiones.

Ahora está planeando una zona de asientos sostenibles sin plástico: "Todos venimos de diferentes partes y, por lo tanto, aportamos muchas ideas". No se usan deliberadamente las palabras migrante, negro, blanco con referencia al color de la piel o al nombre del país de origen, términos que podrían estigmatizar. "El idioma debe conectar, no dividir", dice Burcu Eke-Schneider, explicando la razón de haber tomado esa decision.

Autosuficiencia como resultado de la pandemia

Para Eke-Schneider, este jardín común sobre el centro cultural es "el corazón de la ciudad", en el que deberían florecer "la paz y el amor" junto a magníficas plantas. Es por eso que ella lo llamó el Jardín de la Paz.

Además, en la ciudad se construirá una granja de clima neutral en un antiguo sitio ferroviario con un área total de alrededor de 60.000 metros cuadrados, un proyecto único en Europa.

Corazones que laten por la naturaleza

Los jardines familiares urbanos son un invento alemán. En las grandes ciudades alemanas hay mucha demanda de pequeñas parcelas de jardín. Fueron establecidos en tierras en barbecho, por ejemplo, cerca de las vías de ferrocarriles. Solo en Wuppertal hay 7.000, organizados en 116 asociaciones. A nivel nacional, los migrantes también trabajan en el 82 por ciento de todas las asociaciones de huertos urbanos. 

En el jardín de la familia Serhane.

En el jardín de la familia Serhane.

"La multiculturalidad es importante para nosotros", dice Fritz Ortmeier, de la Asociación de la Ciudad Amigos del Jardín: "Todos tienen los mismos derechos, pero las astas de bandera están prohibidas y el idioma alemán es importante para comunicarnos entre nosotros".

Anja y Wadii Serhane tuvieron la suerte de poder alquilar una parte del jardín, muy cerca de su casa. "Es mi pasión", dice ella. "Mi marido creció en una ciudad en Marruecos. Sus abuelos tenían un huerto en el campo", añade. Al principio solo quería un jardín con abejas y abejones y contagió a su marido la pasión por la naturaleza. "Entretanto cultivamos todo lo que es caro en una tienda orgánica, lechugas, hierbas", afirma.

(rmr/vt)

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